Resulta interesante comprobar que en muchas de las sesiones, los asistentes y participantes terminaron por plantear un debate en torno a la necesidad de mantener un compromiso ético de la profesión con la Historia. Esta cuestión estuvo presente en las sesiones sobre balances e incluso en las de prospectiva. La pérdida de las ideologías, de los enfoques globales, el protagonismo académico del relativismo y del escepticismo posmodernos no son hoy, pese a todo, coartadas que permitan al historiador librarse de una responsabilidad, la de hacer de la Historia un agente -modesto posiblemente- de cambio social. Más que nunca la Historia de la Historia está de moda entre los Historiadores, que necesitan comprender la naturaleza de la ciencia que manejan, y en algún caso, hasta su finalidad. Si la función de la Historia, como la del resto de las Humanidades, no es ya la de convertirse en vehículo de formación de identidades -se abordó este tema en la mesa dedicada la historiografía y al nacionalismo-, ¿es acaso la de contribuir a formar a la ciudadanía en valores y la generar su conciencia crítica, como han venido indicando las autoridades educativas de nuestro país durante algún tiempo?; ¿queda algo de aquel rasgo del historiador como agitador de conciencias, que decía Max Weber en 1919 al hablar del intelectual carismático y de la ciencia como vocación?.

MONTSERRAT HUGUET.
Universidad Carlos III de Madrid

(extracto de la reseña del II Congreso a publicar en la revista Historia Contemporánea)