Estuve leyendo el último mensaje de Marcelo de Catamarca, Argentina. Me parereció interesante y con un toque de humor. A mi también me alegra que los gallegos hayan creado este foro. Lo que me van a tener que explicar - perdóneseme mi ignorancia, como decía Borges - que quiere decir eso de colisteros.
Entrando en tema. En el Clarín o La Nación de estos últimos días (el sábado, con tiempo voy a buscar la fecha exacta para enviársela a Marcelo), se publica una nota sobre la caída de ventas de libros en Argentina en 1999. Caída que afecta particularmente a los autores argentinos. Se entrevista a editores, libreros y autores. Entre estos a María Ester de Miguel, quién dice, a propósito de la novela histórica, que es una moda y que como tal va a pasar, y agrega que el género ha sido bastardeado por las profesoras de historia desocupadas. Me parece importante que Marcelo le pregunte por esta declaración cuando vaya a escucharla en su visita a Catamarca con motivo del Día de la Mujer. También me gustaría conocer la opinión de las colegas historiadoras, porque si esto no es machismo...

Escribir una novela histórica cambiándole los nombres a los personajes históricos no es escribir una novela histórica sino una novela simplemente. Como por ejemplo La Casa de los Espíritus de Isabel Allende.

Me parece una gran idea que escriba la historia de su familia, pero le aconsejaría que no cambie los nombres. Esto no impide que reinterprete imaginativamente las situaciones. En mi opinión lo que hay que exigirle a la novela histórica es que respete los datos históricos probados y establecidos por la comunidad académica.

Sin embargo, creo que Marcelo va a tener dificultades para que escribir un libro que entretenga debido a esa pasión que confiesa por la genealogía. Conozco un caso muy cercano. Mi hermano menor. Es abogado, lector sistemático de libros de historia y genealogista por afición. Y es un obsesivo del detalle. Siempre me señala las imprecisiones en que incurro en mis modestos artículos científicos. Crítica que también me hacen mis colegas amigos. Aunque éstos con menos dureza que mi hermano. Se sonríen y comentan, Teodoro otra vez se enganchó con el porro. Lo cual no es cierto. Cualquier escritor (cientifíco o literato) que a su vez sea consumidor de marihuana sabe que es imposible escribir fumado. Si yo digo por ejemplo que Alejandro Romay (el ex patrón de canal Azul de Buenos Aires, actualmente controlado por Telefónica), particípó en la quema de las iglesias de Buenos Aires en 1955. No estoy fantaseando. Romay era agente del Servicio de Inteligencia Naval, estaba en Buenos Aires por esa época y siempre fue un hijo de puta. Entonces estoy diciendo algo que es plausible. Si los historiadores no nos permitimos tomarnos algunas libertades seguiremos siendo aburridos y por consiguiente ilegibles. Y nos leerán solamente nuestros familiares y amigos (ojo que esto es también una autocrítica.Todavía no me he liberado lo suficiente de las críticas de mi hermanito y compañía).

A los adversarios - seamos honestos - nunca se los lee. Lo que tenemos que buscar es nuestro público. Piglia, al que considero un escritor de talento pese a ser también un mercenario de Planeta, dijo alguna vez que él escribía los libros que le gustaría leer para la gente que tiene sus mismos gustos.

Dos datos más que me parecen relevantes. Hoy, tomando examen con un colega que a la vez es librero, me contaba que del último libro de Hilda Sábato, publicado hacia fines del 99' y que creo que se titula La democracia en las calles (se trata de un intento de aplicación a la historia argentina de la teoría de Habermas sobre el espacio público), hasta la fecha se vendieron 300 ejemplares. Y del libro de Juán Carlos Torre, La Vieja Guardia Sindical y el Peronismo, publicado en 1998, se han vendido 500 ejemplares. Este caso es más grave porque el libro figura en las bibliografías de todas las cátedras universitarias (al menos de Buenos Aires) que en alguna unidad tratan el tema del peronismo. Yo vendo mucho más porque tengo una gran fe en las reglas del mercado. Entonces, cada vez que entro a un aula lo primero que hago es pedirles a los alumnos que me muestren los libros de la bibliografía que han comprado.

El otro dato y termino. El domingo haciendo zapping vi un programa de TV Cable que no menciono para no hacerle propaganda. El tema era la novela histórica. Y la conductora, rodeada de un panel integrado por oportunistas, hace la presentación argumentando que la novela histórica es mejor que esa historia aburrida en la que solamente se presentan modelos impolutos. Todos son monógamos, ninguno ha icurrido en adulterio, no son humanos, decía la señora. Me pregunto que diría Freud.

Teodoro Blanco