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III Congreso Internacional Historia a Debate Santiago de Compostela

IV Congreso Internacional Historia a Debate
Santiago de Compostela, 15-19 de diciembre de 2010

Dirección

 


 Ponencias aceptadas

Mesa I. El historiador de sí mismo

Autor:

Jaume Aurell (Universidad de Navarra, España)

Título:

Las autobiografías de historiadores del siglo XX y su uso histórico y literario: Biografía, monografía y poética

Resumen:

En los últimos treinta años han proliferado las autobiografías de historiadores. La pérdida de pudor de los historiadores a la hora de contar su propia vida está relacionada con la propia evolución de la historiografía, que se muestra cada vez menos reluctante a la utilización del sujeto en la narración histórica, aumentando la consideración del historiador como un “autor” más que como un mero transmisor. Sin embargo, el género autobiográfico había sido practicado ya por los historiadores desde mucho antes. Las autobiografías de Edward Gibbon y Henry Adams han sido siempre valoradas no sólo por la particularidad de ser escritas por historiadores, sino también por su enorme valor literario. Durante la época de entreguerras, las elegantes autobiografías de Benedetto Croce (1915) y Robin Collingwood (1939) confirmaron que los historiadores valoraban este género como un complemento adecuado a su labor propiamente histórica.

Esta ponencia propone hacer una relectura de la evolución de la historiografía durante el siglo pasado a través del análisis interno de las autobiografías de historiadores. Para este fin, sostengo que la forma retórica de las autobiografías responde a las tendencias historiográficas practicadas por cada historiador. En concreto, siguiendo la metodología generacional propia de la historia intelectual, propongo una sucesión de tres generaciones de historiadores del siglo XX: entreguerras, posguerra, y postmoderna ­ a partir de los años setenta.

Así, un historiador formado en las tendencias más tradicionales de la época de entreguerras, suele escribir su autobiografía de modo biográfico, es decir, considerándose a sí mismo como un personaje histórico y tratando de relatar todas las fases de su vida de modo uniforme, sin excesivas desigualdades de tratamiento entre una y otra. Los historiadores de posguerra, formados en los paradigmas del estructuralismo, marxismo y cuantitativismo, y por tanto familiarizados con las metodologías científicas y estadísticas, escriben su autobiografía de modo monográfico, es decir, procurando objetivar al máximo su propio “yo”, tomando distancias consigo mismo. Esto les lleva a recurrir a unas formas literarias ­ un lenguaje preciso y detallado, unos esquemas temáticos bien delineados, el recurso a fuentes externas más que a la imaginación o la memoria, la corroboración a través de notas documentales ­ más propias del género histórico-monográfico que el del propiamente autobiográfico. Por fin, los historiadores postmodernos se adecuan plenamente a las condiciones literarias y retóricas del género autobiográfico, consecuentes que el uso continuo de la memoria y la imaginación puede llevarles a zonas fronterizas ­ cuando no abiertamente identificadas ­ con la ficción. Esto les lleva a concebir su autobiografía de modo poético, incrementando considerablemente su función de “autores”, quizás más ocultos en su escritura propiamente histórica.

Lógicamente, en esta ponencia no se pretende esquematizar rígidamente esta compleja evolución, sino reflejar un modelo genérico, siempre abierto a las excepciones e incluso a su revisión teórica. Las autobiografías sobre las que se basa este estudio son las de Arthur M. Schlesinger Sr. (In Retrospect. The History of Historian, 1963), William Langer (In and Out of the Ivory Tower, 1977), y Felix Gilbert (An European Past. Memoirs, 1905-1945, 1988) para entreguerras; Annie Kriegel (Ce que j’ai cru comprendre, 1991), Eric Hobsbawm (Interesting Times. A Twentieth-Century Life, 2002) y Richard Pipes (Vixi: Memoirs of a Non-belonger, 2003) para la posguerra; y Jill Ker Conway (True North, 1994), Carlos Eire (Waiting for Snow in La Habana, 2003) y Robert Rosenstone (The Man Who Swam into History, 2005), para la postmoderna.

Mas allá del uso historiográfico de las autobiografías de historiadores que propongo en esta ponencia, queda también para el debate si estos escritos pueden ser utilizados con fiabilidad desde el punto de vista estrictamente histórico, tanto por la información objetiva que contienen como su posible uso como fuentes documentales. Finalmente, se trata de dictaminar si (o hasta que punto) las autobiografías de historiadores son textos históricos o textos literarios, atendiendo a su notable contenido imaginativo y memorístico.