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II CONGRESO INTERNACIONAL

Mesa E

 

Irma Antognazzi

(Univ. de Rosario, Argentina)

 

Me preocupa descubrir el peso histórico de la obra historiográfica de carácter "oficial". Planteo esta preocupación a partir de la experiencia en mi país, Argentina, pero creo entender que se trata de un fenómeno que como tantos otros participa de la llamada "globalización". Hay un discurso que pretende dar más valor a los científicos de las mal llamadas "ciencias duras", y hacia allí se canalizan subsidios y recursos, a la vez que desvaloriza el área de las ciencias sociales y de la historiografía. Sin embargo advertimos que estas últimas ocupan un lugar fundamental en la orientación de las políticas de los grupos de poder del estado. No son casuales ni ingenuos los contenidos que presentan. El dibujo de la "historia oficial", pesa, presiona muchas veces no sólo por lo que dice, sino por lo que no dice. Las ausencias en el trabajo historiográfico de ciertos procesos sociales, de ciertas etapas de la historia o su presencia deformada y parcial marcan fuertemente las conductas de las nuevas generaciones. Un ejemplo en mi país, es la forma en que se presentan los "años 70". Sólo el horror. Nada de objetivos políticos de quienes participaron en dichos enfrentamientos sociales.Y ese ocultamiento proviene de las esferas de poder del estado.

Escudriñar quién tiene el poder del estado en cada caso (me refiero qué grupo social, qué sector, qué intereses se están moviendo y usando los aparatos de fuerza materiales e ideológicos del estado) no es una novedad desde el punto de vista de la historia de las ciencias. Sin embargo este gran avance acerca del carácter de clase del estado, no está presente en los trabajos de los historiadores "oficiales" ni aún de aquéllos que se confiesan antifascistas, democráticos y progresistas. Por ejemplo en mi país sigue siendo un pantano en la obra historiográfica el peronismo, todavía envuelto en telarañas, o en gasas que logran el propósito de hacer perder la óptica de clase.

Y lo curioso es que desde el poder de los grupos financieros, sí son conscientes del aporte que les brinda la obra de los historiadores a su servicio, investigadores y docentes (muchos de los cuales lo son aún sin confesarlo o hasta sin haber tomado conciencia de ello). Desde el poder sí utilizan teoría científica de la historia, adoptan las categorías de clases sociales, de lucha de clases, de choque de intereses objetivos y su expresión ideológica mientras la ocultan como "subversiva" o cuanto menos, pasada de moda reniegan de ella en las universidades.

Y no solamente el materialismo histórico- dialéctico, sino hasta el estructuralismo. Al borrar los avances que la historia de las ciencias han ido construyendo, debilita las posibilidades de que los sectores populares, (carecientes de poder del estado), puedan llegar a explicarse la sociedad. Y sin ese ingrediente del conocimiento, del diagnóstico, de la objetivación de sus intereses, tienen limitadas las posibilidades de desarrollar propuestas acordes con sus necesidades. Creo, aunque resulte paradójico, que el marxismo ha devenido en manos de los sectores de poder a través de los intelectuales a su servicio en una herramienta fuerte que les permite encontrar mejores formas para mantenerse en el poder y frenar, entorpecer, las búsquedas que los pueblos van haciendo hacia una sociedad mejor. Y tanto valoran esa herramienta teórica, que la ocultan con el pretexto remanido de que genera subversivos, o de que inventa conflictos. La falta de profundización científica de esos dislates que deforman la teoría y su fundamentación filosófica materialista y dialéctica, debilita al pueblo que ve dificultada la gestación de una vanguardia de intelectuales orgánicos que exprese los intereses objetivos y sus niveles de conciencia. De estos planteos que traigo aquí para la discusión, extraigo la idea a partir de la experiencia en mi país, de que la monumental teoría materialista de la historia, no ha podido todavía ser asimilada en toda su magnitud. Pues desde el momento en que sus creadores la expusieron empezaron desde adentro y desde afuera a distorsionarla (en el mundo académico y en el mundo político). Creo que es tarea de los historiadores hoy superar las presiones que nos vienen del mundo académico para poder entender la vorágine de ideas que se presentan como nuevas pero son más de lo mismo, que están brotando en este siglo XX. Para ubicarnos como historiadores conscientes en el papel de contribuir a hacer la historia, es necesario que recuperemos aquella teoría en toda su profundidad, sobre todo en su concepción filosófica. Descubrir aquello de qué seca es la teoría y qué verde es el árbol de la vida, aquéllo de la necesidad de construir una herramienta científica como guía para la acción, permitiría otorgar al campo popular una herramienta útil para el ejercicio de "hacer la historia" en la dirección que necesita.