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Mesa M

 

Darío G. Barriera

U.N.R. -Argentina- Groupe de Recherches Hispaniques -EHESS, París-

 

"Después de la Interdisciplinariedad"

 

 

¿Qué debatir? ¿la interdisciplinariedad como concepto? ¿alguna de las

formas que ha cobrado como práctica profesional e institucional durante los

últimos cincuenta años? ¿o capitalizar la experiencia y ver qué sucede de

allí en más?

Para enfrentar estas preguntas debemos hacer algunas contextualizaciones

necesarias: las primeras señales que claman a favor de la práctica

interdisciplinar -de Simiand y Henri Berr a Braudel- se dan en el marco de

un proceso durante el cual nuestra disciplina buscaba -y lograba- ser

reconocida como "ciencia". La premisa referente a la torpeza que

significaba levantar barricadas e ignorar la producción de las otras

ciencias constituía su mayor, más justo y más fuerte fundamento, mientras

que a la hora de la instrumentación de la práctica, los argumentos eran

menos sólidos. A pesar de fuertes reclamos por parte de algunos

historiadores en el sentido de una vuelta a la especificidad y a las

herramientas propias de nuestro oficio, el proceso se dió, no tiene vuelta

atrás, y hoy por hoy, discutir la relación costos/beneficios arrojado por

el mismo contiene una cierta dosis de absurdo: todos los historiadores nos

hemos beneficiado -en mayor o en menor medida- de los intercambios y de las

hibridaciones de nuestra disciplina con otras. Ignorar estos aportes es

estar fuera de hora, desconocerlos, casi una postura estética.

Por otra parte, este "clima" de trabajo iba muy de la mano con otro

proceso, el de las especializaciones crecientes, provocado por fenómenos

propios del desenvolvimiento de la estructura del funcionamiento científico

en nuestro siglo: la acumulación, la ley de rendimientos decrecientes en

ciertas áreas de conocimiento y la consiguiente hibridación que franqueaba

límites y creaba nuevos espacios para una comunidad científica cuyo volumen

experimentaba -y experimenta cada día- una expansión que parece no tener

fin y que mantiene con las estructuras de financiamiento (y por qué no con

la supuesta "necesidad" de la sociedad) una relación absolutamente

tensional. Esto permitió en buena medida sostener esta expansión y

"contener" los desarrollos científicos dentro de los parámetros de la

Institución.

La historia de hoy puede no ser interdisciplinar, pero está atravesada por

un proceso que la enriqueció y que modificó muchos de sus supuestos: desde

las cronologías a los modos de abordaje, es hoy institucionalmente

imposible rechazar como "histórico" un estudio del pasado con

conceptualizaciones fuertemente permeadas por teorías elaboradas en el

marco de la antropología, la lingüística o el psicoanálisis, para citar

solo algunos ejemplos.

Lo que sí cabe preguntarse es qué hacer con la interdisciplinariedad, y

sobre todo hacia donde nos deja mirando la plataforma construída. Cada uno

de nosotros podría citar varias decenas de institutos o laboratorios dentro

de los cuales la constitución de los equipos responde a esta premisa; cada

uno de nosotros puede reconocer en su propio trabajo un aporte más o menos

significativo proveniente de "regiones disciplinares" extramuros de la

nuestra. El cuestionario que nos lleve a una evaluación de conjunto debemos

elaborarlo y quizás el aporte de este folio tenga más que ver con una

propuesta -a discutir- acerca de la dirección que deba tomar que con una

cuestión de contenidos de intercambio.

¿No será ya la hora de capitalizar esta experiencia y volver la mirada

hacia otras interacciones? La pregunta guía podría girar alrededor del tipo

de conocimiento que queremos construir y en ese sentido, en este comienzo

del siglo XXI, algunas características del saber científico en general y

del histórico en particular debieran estar cuestionadas no por las

relaciones que entablan entre sí sino por aquellas que sostienen (y las que

han dejado de sostener) con el tipo de saberes que nuestras respectivas

sociedades reclaman. Esto no implica sepultar el impulso "cientificista"

que caracterizó al desarrollo de los saberes de la segunda mitad de nuestro

siglo, sino volver a orientar el perfil, dedicando nuevas y mayores

energías hacia el ámbito donde estos saberes operan, privilegiando entre

éstos el área de las políticas educativas y el juego de las relaciones

sociales actuales -de la cotidianeidad a la arena política…