Xavier DÃez
Prof. ESO, Gerona
EL HISTORIADOR, LA ÃTICA Y EL COMPROMISO SOCIAL.
ENTRE EL CHE, EL PAPA, Y EL CORTO MALTÃS
Durante la década de los sesenta y los setenta, tanto en la PenÃnsula Ibérica como en América latina, la universidad fue, esencialmente, un escenario polÃtico. Resulta lógico pues, que los historiadores formados entonces participasen de la idea imperante en aquella coyuntura social y cultural, que los cientÃficos culturales (los historiadores entre ellos) tenÃan como misión cambiar el mundo. En el otro extremo del péndulo, tras el fracaso del 68, las décadas de los ochenta y noventa han servido para que muchos historiadores proclamasen, en plena efervescencia postmoderna y neoliberal, el fin de la historia y el uso de la resignación cristiana ante la imposibilidad de transformar nada. Entre el utópico deseo de hacer la revolución y el laborioso trabajo de intelectual orgánico de justificar una sociedad profundamente injusta existen matices, y muy probablemente los historiadores, como colectivo, deberÃamos evitar ambos extremos (al menos a aquellos a quienes no nos guste hacer el ridÃculo)
No es labor de los historiadores transformar el mundo, ni tampoco predicar resignación. Sà en cambio deben dedicarse a analizarlo para que otros, desde la sociedad civil, o desde la polÃtica puedan mejorarlo. No se trata de disfrazarnos de Che Guevara, ni de Papa de Roma, pero dados a buscar personajes simbólicos de ambos extremos, me quedo con alguien que tampoco está en el centro; el Corto Maltés, un filósofo aventurero consciente que no puede cambiar el orden de las cosas pero que trata de combatir, desde su mirada crÃtica, de manera incondicional, anteponiendo sus convicciones éticas, las injusticias que halla a su alrededor.
Evidentemente, todo esto no presupone que los cientÃficos sociales deban apuntar en una o en otra dirección. Ello serÃa imposible pues está clara la imposible neturalidad. Cada uno de nosotros ha pasado por sus experiencias vitales y ello condiciona nuestra manera de pensar y de actuar. Como ciudadanos, y como poseedores de un análisis crÃtico de la sociedad, no debemos renunciar a comprometernos con aquello que consideramos justo, pero sin prescindir de una visión ética, basada en los valores que universalmente deberÃan estar reconocidos; el derecho a la libertad, a la igualdad, a la fraternidad.