Imprimir
Alisa M

Mesa B

Alisa M. Ginio

Universidad de Tel Aviv

El nacionalismo como fen�meno hist�rico, social y cultural es un resultado del siglo XIX. Las ra�ces del movimiento nacional jud�o pueden ser encontradas en las comunidades jud�as de Europa central y oriental. El modelo cultural que los jud�os de Europa central y oriental ten�an ante s� era el alem�n. En el seno de los pa�ses de habla germana, donde se desarroll� la cultura nacional alemana, desde la victoria sobre Napole�n en Leipzig (1813), los historiadores y hombres de letras presentaron ante sus lectores la historia alemana de la Edad Media y sus h�roes como un modelo del glorioso pasado de la Alemania unificada. La finalidad era educar al pueblo en el esp�ritu nacional alem�n y guiarlo hacia la reconstrucci�n de la gloria del pasado y hacia la creaci�n de una Alemania fuerte y unida.

Los jud�os en Europa central y oriental -los imperios de Prusia y Austria- que atravesaron la emancipaci�n legal a partir de fines del siglo XVIII, y principalmente desde la revoluci�n francesa, imitaron el modelo cultural alem�n. Tambi�n los historiadores y hombres de letras jud�os desearon presentar ante sus lectores la gloria del pasado jud�o. Su finalidad era educar a su pueblo a imitar modelos seleccionados del pasado hist�rico jud�o y crear ciudadanos que contribuyeran tanto a su pueblo como a la sociedad no-jud�a en el seno de la cual viv�an.

Uno de los modelos m�s populares de aquellos tiempos era el mito del siglo de oro de los jud�os en Espa�a. Una de las manifestaciones caracter�sticas del mito eran los jud�os cortesanos, orgullosos, cultos, influyentes e integrados en los c�rculos sociales y culturales, en las cortes reales y en la nobleza. Este era el modelo m�s adecuado para educar al jud�o moderno, que disfrutaba de la emancipaci�n del siglo XIX. El mito de la era de oro de los jud�os en Espa�a estaba basado en unos pocos jud�os que en su �poca alcanzaron el status de cortesanos en las cortes de los gobernantes -tanto musulmanes como cristianos- de la Pen�nsula Ib�rica. Se trataba de una reducida minor�a perteneciente a la clase superior de la sociedad jud�a ib�rica de la edad Media, pero fue precisamente esta minor�a la que qued� representada en los anales de la historia y la que atrajo la atenci�n de los historiadores y hombres de letras del siglo XIX, ansiosos de presentar ante sus lectores un modelo digno de imitaci�n de jud�os orgullosos, libres, educados, ricos e influyentes. La mayor�a silenciosa de los jud�os en la Pen�nsula Ib�rica, que eran agricultores, vendedores ambulantes, artesanos y comerciantes, quedaron en el silencio y no ocuparon las p�ginas de los historiadores tradicionales.

En nuestros d�as, los historiadores est�n abocados a obtener de diversas fuentes, como por ejemplo los registros de la Inquisici�n, informaci�n sobre la mayor�a silenciosa de los jud�os de la Pen�nsula Ib�rica. Estos m�todos de investigaci�n hist�rica no se encontraban a disposici�n de los historiadores del siglo XIX, ni tampoco les interesaban. La historiograf�a del siglo XIX puso el mito de la era de oro de los jud�os en Espa�a al servicio del nacionalismo jud�o que comenz� a adquirir trascendencia a partir del siglo XIX. El jud�o espa�ol, orgulloso y libre, era considerado la ant�tesis del jud�o oprimido y humillado de los ghettos. El modelo del cortesano espa�ol propuesto ante los jud�os de Europa central y oriental, que gracias a la emancipaci�n fueron liberados de los muros del Ghetto, fue propuesto como modelo digno de ser imitado. Ese era el modo en que los escritores e historiadores jud�os del siglo XIX quer�an ver a su pueblo.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad