El próximo jueves, 19 de diciembre, a las 12 horas, tendrá lugar en la Universidad de Las Palmas, la primera presentación de HaD en las Islas
Canarias (España).

Participan:

Juan Manuel Santana
Universidad de las Palmas de Gran Canaria

Domingo Garí
Universidad de La Laguna (Tenerife)

Enrique Vegas
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela

Lugar:
Seminario de Historia
Edificio de Humanidades
ULPGC
c/ Pérez del Toro, 1
Las Palmas

Con anterioridad, el miécoles, 18 de diciembre, a las 17 horas tendrá lugar la conferencia “El nuevo concepto de la historia como ciencia”, a cargo de Carlos Barros, coordinador de Historia a Debate, en el Aula 31 del edificio de Humanidades de la ULPGC.

Organiza: Juan Manuel Santana

PRESENTACIÓN DE HISTORIA A DEBATE EN LA UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, ESPAÑA, 19-12-2002

 

 

Juan Manuel Santana- Bueno, esta conferencia luego la vamos a pasar en la red. En realidad esto va a llegar a miles, he visto las que se han hecho en otros lados y las he seguido: la última que se hizo en Rosario, la que se ha hecho en Albacete, etcétera. Bueno, vamos, si les parece vamos a ir exponiendo. No se si hace falta que los presente: Domingo Garí, que es profesor de Historia Contemporánea en la universidad de La Laguna. Todos los que estamos aquí estamos vinculados a Historia a Debate. Enrique Vegas, que será licenciado dentro de unos meses en Historia. Carlos Barros, que es de todos conocido, que ha estado al frente de todo este proyecto de Historia a Debate, la cara más visible y realmente el que más trabaja también, no sólo pone la cara; y yo, que me conocen perfectamente. Domingo…

 

Domingo Garí– Bueno, yo creo que hay que felicitar la iniciativa de la política electrónica, porque digamos que es un debate necesario de cara a discutir con gente de cualquier parte del mundo sobre problemas comunes. Tengo que decir que estoy completamente de acuerdo con el manifiesto, que llevo dos días con él y hoy no sé dónde lo puse, lo dejé en algún bar cuando me fui a tomar el café, y tenía marcadas ahí un par de cosas. Pero bueno, sí tengo una cosa que no sólo la tenía marcada en el papel, sino que le llevo dando vueltas en los últimos meses, porque quiero escribir algo sobre esto, y es la cuestión de la memoria, de la memoria histórica. Me parece que en una de las partes del manifiesto, la parte que habla de la sociedad en la historia, se hace referencia a la cuestión de la memoria. Y me parece sumamente interesante que cuando uno se enfrenta, bien con el alumnado de la universidad, o con el público en general por ahí, se da cuenta de que hay un déficit enorme sobre el tema de la memoria reciente. Cuando digo reciente digo por ejemplo el tema de la Transición: cómo se hizo la transición política en España, cómo se le ha dado proyección a interpretaciones mitificadoras, a interpretaciones falseadoras, muchas veces, sobre el papel de los distintos sujetos, de los distintos agentes en el cambio político de la dictadura a la monarquía; y uno se va a dar cuenta, hablando con gente de veinte años, de que no tienen ni idea del problema de la Transición, de qué fuerzas se pusieron en marcha, qué se transformó, qué no se transformó, que me parece más interesante. Y luego si vamos más allá en la historia, más lejos en la historia, vemos también como no ha habido ningún intento, ni durante los gobiernos del PSOE ni por supuesto en los gobiernos del PP por hacer una revisión profunda sobre cosas tan importantes para la memoria colectiva de todo el Estado como es la cuestión del descubrimiento de América, en la que se sigue, de una manera pesadísima, redundando en el encuentro de culturas; no hay un análisis serio sobre las consecuencias de la colonización, tanto para los pueblos americanos como para los pueblos digamos europeos y euroafroamericanos, como nosotros. O el tema de la expulsión de los judíos y de los musulmanes de España. Que claro, luego eso tiene un calado importantísimo a la hora de configurar la conciencia colectiva de un país. Y son fenómenos que tienen una actualidad tremenda, con esto de la inmigración, que nos vuelve otra vez a enfrentar con el mundo musulmán –‘a enfrentar’ digo a reencontrarnos o a encontrarnos de nuevo con el mundo musulmán, ahora en otras condiciones y con otro contenido distinto-, y no hay un estudio serio que trate no de desvelar la Verdad con mayúsculas, porque en fin, esto es bastante relativo, pero sí desde luego de no seguir jugando con tópicos o con mentiras aceptadas en la historiografía oficial y por supuesto en la opinión pública.

El otro día estaba oyendo una mesa redonda en la CNN Plus sobre el tema de la memoria, y estaba Santos Juliá, Álvarez Junco, y Javier Pradera, columnista de El País, y el moderador. Y los tres defendían con pasión que no es tan cierto esto que estoy diciendo ahora aquí, es decir, decían que sí ha habido una recuperación de la memoria histórica, que hay miles de libros publicados sobre el tema de la república, de la Transición. Pero eso no es realmente la recuperación de la memoria histórica. Porque eso sí, de acuerdo, en el núcleo digamos de los profesionales, pues sí, pero eso no ha adquirido trascendencia social. De hecho, yo normalmente les pregunto a los alumnos –por lo tanto es una encuesta muy personal, que no tiene contenido riguroso y científico- qué han estudiado en el bachillerato de historia. Y muy pocos, por no decir casi ninguno, en sus temarios abordan –se aborda en el temario, pero luego no se da en las clases- la república, el franquismo, la transición, de tal manera que no saben nada sobre este tipo de historias. Y luego en la historia moderna, o en historia contemporánea, en la baja historia contemporánea, tampoco se juega con interpretaciones que pretendan de verdad desvelar el alcance de lo que es la conciencia colectiva acerca de nuestra historia. La cuestión del nacionalcatolicismo, por ejemplo, que no empieza con Franco, que es anterior a Franco. El tema del fracaso de la Ilustración en España, que me parece un tema clave: no hay ilustrados en España, aunque hablen de Feijoo, y tal, son unos ilustrados en todo caso muy poco desprendidos de toda esa cultura nacional católica, del tradicionalismo católico.

Hay gente que desde fuera de la profesión –pienso ahora principalmente en Eduardo Subirat, que ha escrito un par de libros: uno se llama Bajo la lluvia, el otro Transiciones– aborda este problema, y nos da pautas, creo, el marco teórico sobre el que reflexiona Subirat, para empezar a trabajar empíricamente esta cuestión de la memoria, y de hacer de la memoria un territorio para el compromiso social. Yo creo que una de las causas de la crisis de la historia, de la profesión, es justamente la despolitización de la sociedad; la sociedad repolitizada probablemente vuelva a valorizar y a poner en sus justos términos el papel de la historia. Las sociedades, cuando entran en este periodo de abulia, de desencanto, de despolitización, dejan de lado, dejan de mirar y de contemplar la historia. Es como si no tuviésemos historia; vivimos siempre en el presente, de manera continua. Nuestra tarea como profesionales de esto, pero también como gente que estamos implicados en el activismo social, que nos situamos en una crítica al capitalismo, al neoliberalismo, es también repolitizar.

 

JMS– Muy bien. Ahora habla Enrique Vegas.

 

Enrique Vegas– Bueno, yo, como soy neófito todavía en estas cosas, me he preparado unas notas. Mi presencia aquí es desde el punto de vista de usuario de Historia a Debate, de la experiencia que he tenido en la consulta de su página y de sus informaciones. Evidentemente, al estar aquí, estoy completamente de acuerdo con sus planteamientos, con matizaciones que ya vamos haciendo a través de la red.

Como alumno de esta universidad siempre había echado de menos un foro de debate donde plantear dudas, experiencias y pensamientos relacionados con el mundo académico y profesional. Tanto es así que nosotros hace dos años emprendimos la tarea de confeccionar una página web donde colgar nuestros trabajos, los de otra gente, links interesantes donde poder aumentar nuestros conocimientos, nuestra visión del tema. Por eso, cuando tuve conocimiento de Historia a Debate, la verdad es que me precipité literalmente sobre el ordenador con un noble interés profesional. Yo llevo treinta años ejerciendo de informático, y el interés era por una parte informático, y desde la informática, y por otra parte como historiador, como futuro historiador. Informáticamente hablando, el diseño de una página web, su rapidez de acceso, todo esto, es importante, pero desde luego es mucho más importante su contenido. Desde este punto de vista considero un acierto por parte de Historia a Debate la utilización de un medio tan moderno y de futuro como es Internet para la conexión de toda la comunidad internacional de historiadores, donde se intercambian ideas y nuevos planteamientos. Es un lugar donde se habla claramente de dudas morales, epistemológicas, profesionales, donde se critica sin temor a represalias técnicas, tendencias y actitudes, y además se plantean nuevas soluciones y puntos de vista que conformarán un nuevo paradigma. Mi experiencia profesional con Historia a Debate ha supuesto de hecho mi ingreso en una comunidad académica compuesta por más de dos mil profesionales de todo el mundo, en la que puedo tratar de tú a tú a cualquier miembro de la misma en la seguridad de que mis ideas van a ser escuchadas y respetadas lo mismo que yo leo y respeto las suyas. Mi comunicación con esta base de usuarios no sólo se reduce a las comunicaciones que se envían a Historia a Debate y que se nos hacen llegar puntualmente por correo electrónico, sino que en varios casos he podido contactar con algunos colegas a fin de continuar algún planteamiento, desarrollar ideas o hacer alguna aclaración puntual. Esto supone un enriquecimiento personal de un valor incalculable, desde mi punto de vista, porque el valor de las ideas se conoce contrastándolas y poniéndolas a prueba, como diría Popper. Diariamente abro mi correo esperando una nueva comunicación de Historia a Debate, y cuando no existe soy yo el que conecta con la página buscando nuevas comunicaciones que aún no han podido ser enviadas a los componentes de la lista. De sobra, como profesional, sé las horas que se emplean en el mantenimiento de una página web, si se quiere hacer bien, y que en un caso como éste no están recompensadas económicamente, por lo que le estoy eternamente agradecido al doctor Barros y a su equipo por la implicación en el proyecto y la ayuda que supone para la comunidad universitaria y profesional.

Yo desde esta tribuna les invito a conectarse y colaborar, en el caso de que no lo estuvieran haciendo ya, pensando además que Internet no va nunca a sustituir la presencia y el debate directo, pero mantiene viva la conexión interprofesional, que supone una pervivencia de los planteamientos y de la dialéctica con el fin de ir actualizando y sustituyendo antiguos paradigmas para llegar a una praxis eurísticamente correcta. El empirismo, nueva fase de Historia a Debate, por lo que yo entendí ayer [conferencia de C.B. sobre “El nuevo concepto de la historia como ciencia” y coloquio posterior], es importante en el desarrollo de nuestra profesión, pero siempre requerirá de la dialéctica renovadora, ontológica. Y es a través del contacto continuado con la comunidad internacional como podremos intercambiar ideas, experiencias y planteamientos culturales en un enriquecimiento continuo, como personas y como profesionales, para poder transmitirlo después a la sociedad, que es lo que realmente espera de nosotros. Y aquí también dejo ya mi planteamiento.

 

JMS– Bueno, ahora paso a intervenir brevemente yo mismo. Breve entre otras cosas porque ya yo he participado en varios debates como éste en distintos sitios y nunca lo había hecho en Las Palmas, mi universidad, que me alegra, pero al mismo tiempo a mí me da mucha pereza decir lo que ya dije. Pero en fin, sí que quería hacer una reflexión sobre el tema.

 

Yo creo que una de las cosas importantes es que desde hacía ya unos buenos veinte años o más se esperaba realmente, en el ámbito epistemológico de la historiografía, la aparición de una nueva historia. Se había hablado de la nouvelle histoire dentro de Annales como la nueva historia, pero realmente se esperaba algo diferente. Que se hiciese una mínima perspectiva en la que pudiésemos integrarnos la gente que nos íbamos formando, sobre todo la gente que nos hemos formado en historia de los años 80 en adelante. Yo diría que desde los 80 hasta ahora en toda la gente que ha ido pasando por la historia ha habido una cierta desazón, de que habían caído las grandes macroperspectivas de la historia, los grandes paradigmas. Yo creo que eso era una realidad. Y sobre todo, nos daba una cierta angustia ir viendo como se iban imponiendo las ideas de la postmodernidad, que yo creo que es una de las cosas que ha atacado de frente a la historia. No sólo con ciertos ataques que yo creo que nos han hecho repensar, y en eso me parece altamente positivo; toda aquella crítica que se hacia de los grandes metarrelatos, que nos debe hacer reflexionar, y en ese sentido lo veo como bien. Pero sí que iba cundiendo un cierto desencanto, máxime después del año 89 con la caída del muro de Berlín y los cambios que se producen a nivel internacional. Creo que los cambios políticos nos han condicionado también en la forma de hacer historia, los acontecimientos condicionaban y nos siguen condicionando a nosotros mismos. Yo creo que la caída del muro de Berlín y todos los acontecimientos posteriores han incidido más duramente en aquellos historiadores que hacíamos historia porque efectivamente entendíamos que hay una relación dialogante constante entre el pasado y el presente y que queríamos transformar el futuro. Y realmente cundió el desánimo: por un lado, estábamos a la expectativa de que apareciese algo en lo que nos pudiésemos unificar –nos preocupaba mucho a todos, yo creo-, y por otro lado, caíamos también en un cierto pesimismo de decir “bueno, el presente es inmutable”, esa idea que machaconamente se nos ha dicho desde el poder, que esto ya no va a cambiar, que ya vamos a tener PP para toda la eternidad, que vamos a tener capitalismo para la eternidad y democracia burguesa para la eternidad, que nos iba generando una cierta desazón.

A mí me hizo reflexionar bastante un historiador que considero un gran intelectual –por no mencionar a los que están aquí, que todos me han hecho que reflexione bastante, sinceramente-, Ciro Cardoso, que analizaba que efectivamente se van produciendo unos ciertos ciclos que no manejamos bien cómo todavía, no manejamos cual es la mecánica, en que aparece un resurgimiento de los movimientos de izquierda. Mayo del 68 no era esperado, y cambió bastantes cosas. Y ahora no se esperaba que en los inicios del siglo XXI apareciera el Foro Social contra la Globalización, por ejemplo, que es importante, o lo que hablábamos ayer, las distintas luchas que han aparecido en el estado español. En la universidad la lucha contra la LOU fue algo que nos cogió a todos bastante de improviso, cuando la mayor parte de los profesores decíamos: “nuestros alumnos son apáticos, no sirven para nada, nosotros éramos los buenos”; pues casi que ahora nos vemos obligados a decir: “para nostalgia la de antes”, en el colmo de la nostalgia, porque realmente apareció algo muy importante. Lo mismo, insisto, las luchas contra la globalización capitalista y las luchas ecológicas, sobre todo. Yo creo que son los grandes movimientos. Eso unido a una nueva realidad que está apareciendo ahora, sobre todo en el primer mundo, que es la llegada masiva de inmigrantes del tercero; y es algo a lo que yo creo que desde ningún sitio le estamos dando todavía una respuesta adecuada. Los sucesos nos siguen todavía cogiendo un tanto despistados.

Así que, en un primer momento, el revulsivo se había buscado en otras ciencias sociales. Nosotros mismos lo buscamos en la antropología, lo buscamos en la sociología, lo buscamos en la economía, y no lo buscamos en la historia, por falta de esa perspectiva. Y todos, el que más y el que menos, lanzamos puentes hacia esas otras ciencias.

Sin embargo, la irrupción de Historia a Debate yo creo que ha sido bastante significativa, yo diría que a nivel mundial. Es evidente que donde más repercusión tiene es en el estado español y en América Latina, sobre todo. Es cierto que ha llegado a Francia, que escriben franceses, que han escrito ingleses, que en las actas de Historia a Debate ha participado gente hasta de la India, de China, de todo el mundo; sobre todo la última vez, pues se hizo un esfuerzo por integrar personas de otros lugares más alejados. Pero, realmente, todavía tenemos la mayor presencia en el ámbito hispanoparlante. Y yo creo que hay dos puntos destacables, sobre todo, en este nuevo movimiento historiográfico –movimiento o corriente historiográfica-. Por un lado, una cosa importante a la que todos aspiramos y todos decíamos, que era el compromiso intelectual del historiador. Ya ahí, claramente, hay un salto brutal respecto a la anterior pasividad del historiador, a la pasividad rankeana del historiador, y ahora desde Historia a Debate se trabaja en la línea de que el historiador debe ser un sujeto también comprometido, obviamente, y además comprometido con las ideas del cambio. Textualmente sí que no podríamos hacer una definición perfecta de hacia donde queremos el cambio: no somos un partido político, no tenemos centralismo democrático –que era muy centralista y poco democrático: “así que hemos decidido esto”-. Pero sí que estaríamos por el cambio hacia otro mundo posible. Y por otro lado, también, la defensa de una historia integrada, de una historia global. A mí el término de global me parece un poco confuso con eso de la globalización, aunque entiendo claramente que no tiene porque global ser solo patrimonio de globalización. Pero, desde luego, nos pareció irrenunciable también seguir apostando por la necesidad de una historia integrada, en este momento de postmodernidad y de defensa de la fragmentación, de eso que Dosse –que también ha estado con nosotros en 1999- hablaba como una “historia en migajas’, de esas ‘rebanadas de historia’. Y tampoco estamos descubriendo el Mediterráneo, ya habían hablado Febvre y Bloch en Annales

Bien, de todo esto surgen en el año 93 las Primeras Jornadas de Historia a Debate –que es donde yo me incorporo, ya presenté algo- allí todavía, realmente, el grupo no era muy amplio. Pero ya la publicación de esas jornadas multiplicó considerablemente la capacidad de llegar a otros. En el año 95-96 –soy asiduo visitante de los países latinoamericanos, de las universidades latinoamericanas- ya todo el mundo conocía Historia a Debate. Y con posterioridad a esos años, se conocen las actas, se va conociendo cada vez más,   preocupa Historia a Debate, y se ha ido multiplicando considerablemente nuestra fuerza. Luego se hizo un segundo encuentro en el año 99 de acopio de fuerzas. Yo creo que ahí ya tenemos una gente más cercana, o que había estado desde la primera vez con una cierta frivolidad, a ver lo que podía salir de ahí, y que se fue embarcando, realmente el segundo encuentro fue mucho más dinámico, mucho más combativo, quizás con menos cargos académicos, pero a mí me pareció mucho más interesante, y sobre todo más interesante porque los colegas siguen el movimiento. Hay gente que estudia historia y se queda parada en el pasado, y gente que sigue el movimiento de la historia. Y después del año 99 vienen los debates mantenidos on-line, en la red, han hecho multiplicar a varios miles los historiadores a los que todos los días llegan mensajes, participan y leen. Yo creo que HaD se ha ido convirtiendo en un movimiento historiográfico global sin precedentes, un movimiento que llega a tanta gente, en que todo el mundo participa, realmente creo que no se había dado antes en nuestro campo. Hoy en día estamos contribuyendo –yo sigo en una postura lógicamente dialéctica, y no diría que ya es hoy un nuevo paradigma- a este debate y a esta formación de salidas a la crisis historiográfica en la que estábamos y a la formación de este nuevo paradigma. Hoy HaD es un referente obligado, de puesta al día, de las últimas tendencias historiográficas. Como saben casi todos los que estamos aquí, en las oposiciones al cuerpo de funcionarios en el estado español uno tiene que hacer una relación de la epistemología de la historia de los últimos años, y yo creo que hoy es inaceptable que alguien no cite Historia a Debate. Debería citarse aunque no se sea partidario de Historia a Debate, aunque se sea contrario a Historia a Debate, y yo creo que a alguien que no ponga algo al menos se le haría la crítica: “oiga, que a usted la falta algo”. Yo creo que esto es importante, es algo que se ha conseguido. En el 93 se estaba muy lejos de eso.

Así que, realmente, yo creo que seguimos apostando por el método dialéctico, seguimos pensando que las cosas cambian, es una de las grandes defensas que hemos hecho y que debemos seguir haciendo. Frente a los mensajes inmovilistas que se nos dan constantemente –lo primero fue lo que dijo Fukuyama, “el fin de la Historia”, pero no sólo lo de Fukuyama del fin de la historia, sino todos estos mensajes constantemente inmovilistas que nos llevan a un desánimo-, nosotros seguimos con un optimismo gramsciano, de seguir pensando que las cosas van a cambiar y que las cosas de hecho están cambiando, de hecho vamos viendo síntomas de cambio. Así que esta lucha contra esta postmodernidad, contra esos aspectos más perversos de la postmodernidad, creo que es una de las cosas que, sólo por eso, vale la pena todo el trabajo que se ha hecho. Y sobre todo –me estoy liando, pensé que iba a ser breve-, yo creo que HaD va a ser una de las grandes aportaciones historiográficas del siglo XXI, en la línea de conseguir unificar el objeto y el sujeto de la historia, que creo que es el gran horizonte que nos vemos en el siglo XXI.

Y ahora, finalizamos con el profesor Carlos Barros.

 

CB– Decía ayer que me suelo negar a hacer presentaciones de Historia a Debate que no sean colectivas. Primero, porque como coordinador es para mí una ocasión importante para escuchar a los colegas de una manera directa y aprender, comprobar una vez más que decimos lo mismo, lo que es maravilloso, al tiempo que nos distinguen los matices, la pluralidad de Historia a Debate. Quizás no valoramos suficientemente hasta que punto esa nueva manera de entender la historia ya es una realidad, por lo menos dentro de Historia a Debate como nueva comunidad académica. La coincidencia con el planteamiento de Juanma Santana es inevitable, llevamos ya diez años en contacto, pero también con Domingo Garí, que nos acabamos de conocer personalmente ahora mismo, aunque ya nos conocíamos digitalmente, y así me pasa allá a donde vamos. Estamos formando algo nuevo, de verdad.

Yo quería empezar por lo que Domingo ha dicho, llevo un tiempo dándole vueltas a la manera de integrar toda esta emergencia del tema la memoria histórica como línea de investigación en el nuevo paradigma que estamos construyendo. Lo que tú has dicho podría ser un buen punto de partida, yo lo compartiría al cien por cien, podemos proponer como Historia a Debate, en el marco del desarrollo del Manifiesto, la memoria histórica como tema de investigación de Historia a Debate, sólo cuando se trate de una memoria actual, activa, comprometida, como un aspecto relevante de la Historia Inmediata que proponemos. Lo que nos distingue de cómo lo están planteando otros colegas (diferenciación necesaria) como memoria pasada, fosilizada, mediata, desde la palestra academicista o mediática, a la manera de los “lieux de mémoire” de Pierre Nora que ha teorizado ya, en los años 70, el acontecimiento como producto de los medios de comunicación y la memoria colectiva como producto de los historiadores profesionales, marginando en ambos casos la sociedad civil.

Yo percibí lo mismo que tú, Domingo, al seguir esa mesa redonda en TV donde estaban Santos, Álvarez Junco y Pradera. Los dos historiadores que estaban allí han estado en el primer congreso de Historia a Debate, y son gente bien interesante y avanzada, tal vez no pretendían dar esa imagen de que está todo ya hecho y querían solamente reinvindicar el contemporanéismo, no sé, pero la verdad es que el resultado fue otro, al menos para los que estamos acostumbrados al ambiente crítico de Historia a Debate. Es verdad que se mantiene cierto interés investigador sobre la república, la guerra civil y el franquismo (no tanto sobre la transición), pero visto siempre desde la academia, o desde el mercado editorial, o desde El País, desde arriba, no desde la calle. Hay en este sentido un enorme déficit de memoria colectiva en España, y no sólo entre las nuevas generaciones, pues la desmemoria es asimismo olvido. Académicamente, se ha copiado miméticamente, como otras veces y con retraso, el enfoque -en su momento nuevo, pero ya no- de la memoria pétrea, pasiva, ajena a la sociedad, de los colegas franceses, mientras se desconoce o infravalora, también como siempre, lo que tenemos cerca: la memoria como compromiso, la memoria inmediata de Emilio Silva –que no es historiador de oficio, sino periodista- y la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, por ejemplo, donde se une teoría y práctica pues investigan en los archivos y en la tradición oral la represión al tiempo que excavan las fosas del 36. Idea que está penetrando ya entre los historiadores de contemporánea y entre los arqueólogos, sobre la base de volver a asumir el compromiso del historiador con la sociedad civil, no sólo con los medios y la sociedad política, lo que resulta fácil.

Yo animaría a Domingo a que termine el trabajo sobre la memoria histórica como nuevo campo de investigación, a que lo plantee como un desarrollo del manifiesto de Historia a Debate, como un elemento importante para la reconstrucción paradigmática que hemos emprendido, superando el desfase actual entre la academia, los medios y una sociedad civil que cada vez se mueve más. Hay que plantear, por ejemplo, la transición no como un tema de historia contemporánea de la segunda mitad de los años 70, sino como un tema de actualidad, de historia realmente actual, inmediata. Hay que analizar la interpretación histórica de la transición que se está haciendo en España desde Victoria Prego hasta hoy. Hay que investigar lo qué paso hace 25 años, sus causas y precedentes, entrevistar a sus protagonistas, y cómo se percibe ahora en la calle, cómo la perciben (diversamente) los políticos, de qué versiones promueven los medios de comunicación. Ahí está el compromiso del historiador. Esta es, justamente, la parte de la transición española que falta por investigar. Y me temo que si no se hace desde las posiciones de Historia a Debate, o próximas, no lo va a hacer nadie: la sociedad nos lo agradecerá.

Quienes participamos en la transición de la dictadura a la democracia, nos sentimos en general satisfechos de lo que hicimos en aquel momento, ahora bien, con el paso de los años urge revisar el balance, matizarlo, a tenor del cuarto de siglo transcurrido y de los hechos posteriores (incluyendo también las transiciones latinoamericanas). Los historiadores tenemos ahora que contribuir a desempolvar todo lo que ha quedado oculto en aquel momento, haciéndonos eco de algo que cada vez se repite más: no se confundir amnistía con amnesia, ni hacer de la necesidad de aquella coyuntura una virtud general. Ni tampoco permitir que se restrinja el protagonismo del cambio a unos cuantos “grandes hombres”, en número por cierto cada vez más reducido, olvidando la historia social de la transición. Hay que decir que la conquista de la democracia fue reconquista, y que no se puede explicar sin los millones de españoles que participaron en ella, en la lucha por la libertad, la amnistía y los estatutos de autonomía. En resumen, precisamos de una historia de la memoria que sea historia inmediata de la memoria, historia comprometida de la memoria, una historia de la memoria que sea objetiva y subjetiva al mismo tiempo, una aplicación de nuestra definición de la historia como una “ciencia con sujeto”.

Bueno, a mí me tocaba hablar con más detalle de lo que es Historia a Debate (pararé cuando digáis, si os aburrís…) complementando lo que ya se ha dicho, y muy bien dicho, pues ya dije que hay una amplia coincidencia, incluida la exposición de Enrique Vegas, que nos ofrece una visión de recién llegado así mismo importante.

Suelo comenzar las presentaciones recordando que en la conferencia de clausura –que está publicada como “La historia que queremos”, en mi página web y en revistas- de un congreso en Zaragoza, en diciembre de 1995, La historia en el horizonte del año 2000, se me ocurrió decirlo siguiente: la historiografía española está ya en condiciones de jugar un papel internacional, como lo está jugando España en el mundo, cosa que nunca antes había sucedido anteriormente en la historia de la historiografía, hemos sido dependientes como es sabido de las innovaciones que venían de más allá de los Pirineos, del Cantábrico y del Atlántico. Siete años después podemos decir que los historiadores y las historiadoras de Historia a Debate hemos hecho los deberes, que la parte de la historiografía española que nosotros representamos tiene una gran influencia internacional y es ya conocida en medio mundo, y animamos a otros a salir de la piel de toro y seguir nuestro camino. Porque no sólo porque hemos creado una notable red de debate y de reflexión sobre unos temas que solían estar bastante marginados entre los historiadores de oficio, como es la metodología, la historiografía, la teoría de la historia, la relación con la sociedad, sino que además nos hemos empeñado en una tarea tan difícil como necesaria de construir un paradigma historiográfico renovado que vaya más allá de los Annales y del marxismo de los años 70.

Efectivamente, como nos recordó Juanma, Lucien Febvre habló de una ‘historia a parte entera’, y antes de Annales el materialismo histórico, pero esta historia total no llegó a ponerse en práctica, es una asignatura pendiente, al contrario la historia tendencialmente “total” no hizo más que fragmentarse desde entonces. Hoy estamos en mejores condiciones para hacer una historia global, o integral como le gusta decir a Juan Manuel, si somos capaces de desembarazarnos de una vez por todas del lastre positivista. Decíamos ayer que hoy existe una cultura académica, científica y social, más apta para una historia globalizada, en los diversos sentidos que tiene hoy lo global. Estamos en ello, y hoy ya nadie nos “acusa” de que si somos “demasiado ambiciosos” u “optimistas”. A mí cada vez me lo dicen menos (y lo echo en falta porque me animaba, la verdad), porque los resultados de Historia a Debate están ahí. Está ya claro que podemos convertir nuestros objetivos historiográficos en realidad, lo llevamos haciendo desde hace diez años, si bien necesitamos otros diez más para implantar el nuevo paradigma enlazando con el gran relevo generacional que se avecina. Lo digo también un poco de broma, porque siempre hay algún colega conservador que se siente “incómodo” ante el desarrollo creciente de Historia a Debate, temiendo que alguien venga otra vez con la renovación y demás, no tendría que ser así, objetivamente, somos una red abierta, invitamos a todo el mundo a nuestros debates y congresos, no es necesario esconderse para criticarnos, se puede hacer a través de nuestra propia red, somos un espacio libre y plural de debate y consenso, reflexión y práctica historiográficas, no es broma, no hay más que visitar nuestra web, comprobar los invitados a nuestros seminarios en Compostela o fijase en los cientos de ponentes de nuestros macrocongresos para comprobarlo, ahí reside una de las claves de nuestro éxito, no somos ni seremos jamás una capilla académica, cambatimos el sectarismo tanto académico como político y buscamos alternativas con consenso y abiertas al debate, lo que quiere decir que trabajamos “en positivo” y siempre en el plano de las ideas (historiográficas), nadie debería temer por tanto a Historia a Debate…

Respetamos a todos y todas, coincidan o no coincidan con nosotros, entre otras cosas porque entre nosotros mismos no siempre hay coincidencia, afortunadamente, yo mismo digo hoy una cosa y a lo mejor mañana me desmiento a mí mismo, y quiero preservar en el futuro este derecho a discrepar conmigo mismo. Cuando revisamos La historia que viene, suerte de conclusión del primer congreso que sirvió de punto de partida para el primer borrador del Manifiesto historiográfico de septiembre de 2001, un colega y amigo me decía que en tal punto estaba “más de acuerdo con la vieja versión de La historia que viene” (redactado en 1994), y yo pensaba, “pues yo no”, y a lo mejor tenía razón él, no sé. Es fundamental que persista esta libertad individual y colectiva para poder así cambiar y adaptarnos al cambio acelerado de la historia y de la historiografía en que estamos inmersos, tratando de ir por delante de los acontecimientos en la medida de lo posible, tal es la función de la tolerancia que practicamos: una valor que cumplir al tiempo una necesidad para un proyecto abierto (los cerrados de poco sirven).

Nuestro movimiento historiográfico ha pasado por tres etapas. Juanma se ha referido ya a ello, voy a añadir algo más.

La primera es la etapa de los congresos, 1993-1999. Es una fase digamos convencional, desde el punto de vista organizativo, aunque los congresos de Historia a Debate nunca han sido demasiado convencionales por la propia temática y porque siempre hay debate y ambiente distinto, la gente está continuamente en las secciones temáticas y en las mesas… Dura prácticamente una semana, y no nos parece mal que los colegas, sobre todo los extranjeros, vayan un día a conocer Galicia, nuestro hermoso país, pero son congresos donde se va a trabajar seriamente. Tenemos ya nueve volúmenes editados de las actas de los dos congresos realizados: estamos formando una verdadera una enciclopedia de la historiografía internacional de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, referencia capital, sin parangón en otros países, para cualquier oposición o colega que quiera realmente saber lo último en cuanto a metodologías, tendencias o debates historiográficos. Tal vez tengan un defecto que trataremos de resolver en el próximo congreso: los árboles no dejan ver el bosque, esto es Historia a Debate como la última tendencia historiográfica del siglo XX y la primera del siglo XXI, a nosotros mismos también nos costó, y nos cuesta, por falta de costumbre.

Hay importantes diferencias entre un congreso y otro, entre 1993 y 1999. El primer congreso se hizo más bien en relación con los restos de lo que fue Annales, de lo que fue Past and Present, revistas de historia que representan tendencias que marcaron la historiografía del siglo pasado, porque hace diez años no veíamos tan claramente que se habían transformado ya en grandes tradiciones, que ya no eran corrientes historiográficas activas con propuestas de futuro. Son nuestros antecesores, nos hemos formado en esas grandes escuelas renovadoras, pero ya no indican el futuro, lo intuimos en el primer congreso y se confirmó netamente en el segundo, seis años después. De hecho en La historia que viene (1994) nos planteamos ya (de forma individual) la necesidad de construir un nuevo paradigma (consenso), para salir de la crisis, a partir de la experiencia diversa de las nuevas historias del siglo XX. El segundo congreso ha sido por todo esto más importante que el primero, porque empezamos a poner en práctica de manera más colectiva eso de pensar con nuestra propia cabeza, desde el mundo académico español y latino. Ha sido un paso crucial, y todavía a muchos colegas les cuesta cambiar de chip, y siguen esperando a Godot, pendientes de lo que pueda venir de Francia, Inglaterra o, últimamente, Estados Unidos. Cuesta trabajo admitir que hay complejos profundos, académicos y no académicos, en nuestras historiografías latinas tan dependientes siempre, hemos sido educados así, los sentimientos de inferioridad que tienen su base histórica e historiográfica nos impiden ver que tenemos capacidad ya para dar respuestas incluso mejores –y desde luego más adaptadas a nuestro entorno- que las que se pueden estar dando en estos momentos en París, Londres o Nueva York. En Historia a Debate lo estamos demostrando con los hechos, la expansión del manifiesto historiográfico es la prueba palpable, seguirán otras, somos un movimiento académico joven. No hay más que leer nuestros debates para ver que cada vez los colegas practican menos la autocensura. Como Domingo Garí que nos ha dado su propia versión del tema de la recuperación de la memoria histórica, en relación con el citado programa de TV, medio por lo demás poco dado al pensamiento crítico en comparación con la radio, que encuentra su plenitud en Internet como bien sabemos. Entre el primer y el segundo congresos se han aclarado muchas de estas cosas, y vamos camino del tercero, que pretendemos que sea en el año 2004, en el cual pensamos avanzar de manera importante en la reconstrucción del paradigma historiográfico a partir del manifiesto académico de 2001.

La segunda etapa de Historia a Debate es la fase de Internet, 1999-2001, lo ha comentado ya Enrique Vegas. Me preguntaba ayer un colega de historia económica si somos una asociación, y no somos una asociación sino algo más importante y distinto: una comunidad académica en red. No pagamos por lo tanto cuotas, no tenemos presidente, vicepresidente, vocal primero, etc. Mi función es la de un coordinador, y no es una nostalgia de las coordinadoras y plataformas de los 70 –que por cierto han resurgido fuertemente en Europa y América- sino una consecuencia de las nuevas formas de sociabilidad académica, relacionadas con el proceso de la globalización y de la antiglobalización. No es casual globalización sea posterior a la caída del Muro, cuya imagen ilustró el cartel de nuestro primer congreso, ni que el movimiento llamado antiglobalización nazca –mejor dicho se manifieste públicamente- a finales del 99 al mismo tiempo, pues, y sin relación directa alguna, que se produce el aterrizaje en Internet de Historia a Debate dando lugar a nuestra dinámica como comunidad digital. Somos un movimiento académico crítico en el campo de la historiografía, paralelo a todo este movimiento social global que está emergiendo en el mundo, de la misma forma que las nuevas historias, marxista y analista fueron el paralelo, en nuestro campo académico, de los grandes movimientos sociales del siglo XX, sobre todo el movimiento obrero (no sólo para la historia social de marxismo, también la historia social de Annales), sin que ello quiera decir que exista una relación de causa a efecto, simplemente vivimos el mismo mundo en cambio. En realidad Historia a Debate es seis años anterior a Seattle, y ya al final de La historia que viene decíamos proféticamente, después del primer congreso, que los años 90 serían más propicios para el nuevo paradigma que empezábamos a definirr. Se dijo (en los pasillos, porque Historia a Debate públicamente no ha recibido más que elogios) que si era pura nostalgia, que si era voluntarismo optimista, pero teníamos razón, el movimiento de la historia –en su doble sentido- iba por ahí. Todavía hay “pesimistas”, que todavía no se han dado cuenta, a algunos ni siquiera les interesa, tengamos en consideración que escribir atemporalmente la historia, al margen del tiempo vivido, es toda una manera de entender la profesión, a la que ahora han vuelto unos –esperemos que circunstancialmente- y de la que no se han movido ni se moverán otros. Lo que sí es seguro es que fracasarán aquellos que intenten mantener posiciones hegemónicas en la academia en contradicción con el movimiento mayoritario de la sociedad. Pensamos incluso que la historia que hacemos en el mundo académico debería ir por delante, de ahí la recuperación que pretendemos del pensamiento (historiográfico) crítico, del seguimiento que hacemos de la evolución histórica e historiográficas más inmediatas.

Tengo para mí que hemos creado entre el 99 y el 01 una comunidad académica de nuevo tipo, donde el debate es auténtico, lo recordaba Enrique, y la normalización del debate en Internet no es cosa fácil, todos lo sabemos, por su propia horizontalidad y el peligro de los anónimos, por eso exigimos que cada uno ponga la profesión o institución a la que pertenece, sea estudiante, sea profesor. Luchamos contra el anonimato porque está en la origen de los peores debates y los malos humores, al tiempo que no distinguimos los mensajes según se sea doctor o no, titular o catedrático, pues lo que importa es el contenido de lo que se aporta que, como es sabido, o siempre guarda relación con la jerarquía académica, dentro de la cual por otro lado todos nos movemos, puesto que no somos un movimiento antisistema académico, todo lo contrario aspiramos a la hegemonía académica en lo tocante a cómo se debe investigar, enseñar y divulgar la historia. Historia a Debate ha nacido como contrapeso horizontal en una academia donde la jerarquía vertical es tradición, se enseña y se aprende, hay maestros y discípulos, pero también tiene que haber debate y creatividad, cambio e innovación.

La tercera etapa de Historia a Debate se inició el 11 de septiembre del 2001, fecha visagra en lo histórico y en lo historiográfico. Dimos a conocer el manifiesto el 11-S. Tampoco es casual: realmente esos días estábamos terminando la versión final, después de tres meses de debates por Internet, y pusimos la fecha de la caída de las Torres Gemelas, pudiendo variar un día o dos la firma, porque éramos conscientes de que estábamos viviendo un momento histórico a la vez que proponiendo un nuevo paradigma historiográfico y que ambas cosas, cambio histórico y cambio historiográfico, guardaban relación, aunque no supiéramos establecerla de inmediato…

Todos percibimos que se iniciaba un nuevo ciclo histórico con la caída del Muro de Berlín, pero conforme avanzamos a lo largo de los años 90 nos dimos cuenta primero de que el cambio histórico no iba en la dirección que anunciaba Fukuyama, que la historia realmente continuaba, y después vimos que tampoco era cierto lo que predicaba el postmodernismo sobre que la idea del progreso, la lucha por otra modernidad y más progreso, había terminado (lo que habría supuesto una desgracia incalculable). La revuelta zapatista del 1 de enero de 1994 fue el primer punto de inflexión, confirmado después en Seattle y en Porto Alegre, que en un tiempo record se ha igualado, en cuanto a atención política y mediática, al foro de Davos, y es que estamos ante un cambio histórico de dimensiones colosales. El 11 de septiembre es un hito tanto o más importante que los hechos revolucionarios de 1989-1991: la caída del Muro de Berlín es el fin de un proceso, y de un siglo, pero son más importantes los jalones que están marcando el nuevo siglo moldeando nueva realidad histórica –e historiográfica- que no sabemos aún adónde nos va a llevar, todo está en el aire, como en las grandes encrucijadas históricas (e historiográficas). Lo bueno de Historia a Debate es que estamos logrando de alguna manera anticiparnos a lo que viene, hace ocho años que venimos hablando de que estamos en un cambio de paradigma y conforme pasan los años cada vez lo entienden más colegas que ven que Historia a Debate se expande y que la historia vivida cambia a nuestro alrededor en parecida dirección. Esta confirmación social, histórica, del “atrevido” diagnóstico que hemos hecho después del primer congreso acerca de que estábamos en una transición historiográfica y urgía proponer nuevas y buenas alternativas, debe animarnos a terminar la tarea en mejores condiciones una década después.

El Grupo Manifiesto es nuestra primera experiencia de elaboración en red cara a la construcción de una alternativa historiográfica. El protagonismo de esta experiencia, y en general de la base socioacadémica de HaD es la generación a la que pertenecen Domingo y Juanma (a la que también puede decirse que pertenezco yo mismo académicamente, ya que no biológica y vivencialmente por ser de historiador de vocación tardía) formada por los que acabaron la carrera de historia a mediados de los años 80. Comentábamos ayer que el grueso de los encuestados en nuestra Encuesta Internacional sobre el estado de la historia tienen entre 30 y 40 años. Alguien, a través de la lista amiga de historia actual que preside Julio Pérez Serrano, miembro activo a su vez del Grupo Manifiesto de Historia a Debate, difundió un testimonio sobre la manifestación de Florencia de noviembre de 2002, diciendo que allí estaban los nietos y los abuelos pero faltaba la generación de los treintañeros y los cuarentañeros, lo que no es el caso de Historia a Debate (salvo, tal vez, en Argentina). Generación intermedia cuya formación de grado y posgrado tuvo lugar en los conservadores y academicistas, posmodernos y desencantados años 80 (más bien desde mediados de los años 80 a mediados de los años 90), y que vive o que puede vivir el reencantamiento de finales de los años 90 y principios de siglo de una manera activa. Al igual que no pocos “sesentayochistas2 –“progres trasnochados”, diría nuestra ministra- que habremos de actuar como puentes entre la generación de los años 60 y 70 y la generación de los años 80 y 90 que van a ser los que manden por imperativo biológico en la historiografía española cuando se produzca el relevo demográfico en la siguiente década, también nos referimos a esto cuando hablo de que necesitamos diez años más para implantar el nuevo paradigma, el nuevo consenso, aunque se trata de una generación de jóvenes profesores titulares que para nada estaba previsto que aportase algo original al ejercicio de nuestro oficio, más que continuar lo aprendido de sus maestros …

Parecía una heroicidad, una labor inútil, plantearse la búsqueda de alternativas sobre la escritura de la histioria en 1993, y aún en 1999, y todavía hoy en día algunos no lo entienden, solamente interesados en “lo suyo” como si lo propio no dependiese del destino colectivo. Todavía en los años 90 pretendidos manuales de historiografía acababan en la crisis de la historia, sin plantearse siquiera ir más allá. Pienso que hemos logrado resultados en estos diez años gracias a la red que hemos creado entre todos, plataforma única en el mundo que funciona observatorio excepcional de la evolución de la historiografía más inmediata. Yo aconsejo a los colegas –el que no lo hace, se lo pierde- seguir los debates en red, leer los mensajes, aunque sea la opinión de un modesto estudiante de una universidad del Cuzco, porque en América Latina no sólo hay atraso, se está creando un mundo nuevo, fuera y dentro de la academia, y un europeo siempre puede aprender algo, por ejemplo la pasión desinteresada que sienten por la historia bastantes colegas y futuros colegas. En Historia a Debate tratamos de actuar como esponjas respecto a todo lo que se mueve en nuestra comunidad académica global, cuya representatividad en cuanto a geografía, generaciones y demás, explica también su dinamismo y su avanzada adaptación a la historia vivida.

Un colega me dijo una vez: “a mí sólo me interesan mis libros, mis temas, mis cosas”, refiriéndose a sus lecturas e investigaciones, quedando así voluntariamente al margen de las decisiones colectivas sobre la historia y su escritura, pensando tal vez que nada va a cambiar, lo cual no es cierto: el oficio de historiador no es de los menos afectados por los vertiginosos cambios históricos que vivimos. Los años 80 han dejado su poso individualista en el mundo académico difícil de superar, inclusive entre los historiadores más progresistas. Incluso hay colegas que tienen más facilidad para participar en algo colectivo fuera de la academia que dentro. Otros, coincidiendo en lo esencial con nosotros, tiene dificultades para integrar su estrategia individual en el mundo académico con una estrategia colectiva de cambio historiográfico, por lo que participan pasivamente en nuestros debates y tareas, dedicando su tiempo a todo aquello que sirva para el currículum, olvidando que si no tienes ninguna idea realmente nueva que ofrecer da igual el grado que ocupes en la jerarquía académica, olvidando que la generación que sirve de modelo, formada en los años 60 y 70, ha dejado su huella en la historiografía no por su academicismo individualista sino el impulso colectivo de Annales y del materialismo histórico, de forma que, como suele acontecer, su acceso a los grandes cargos académicos coincidió con la pérdida de impulso renovador, con el descompromiso colectivo en lo académico y en lo social, por razones también exógenas, claro está.

Nosotros tenemos algunas ideas historiográficas consensuadas que están teniendo buena fortuna, que hacía mucha falta organizar y explicitar, y estamos empezando a llevar estas ideas generales a la investigación y la docencia. De momento Historia a Debate no corre el riesgo de caer en el conformismo, aprendimos al respecto de experiencias anteriores. Estamos en la fase inicial de la antigua periferia que se transforma en nuevo foco, fue la estrategia de Annales que, desde una universidad periférica, alcanzó la Sorbona hasta ser hegemónica nacionalmente. Hoy el escenario ya no es nacional sino global, y se funciona en red, lo que hace nuestro movimiento menos vulnerable a presiones que puedan condicionar nuestra libertad, nuestro criticismo.

Bien, voy terminando. Decíamos que disponemos ya de un nuevo marco historiográfico y ahora nos planteamos crear líneas de investigación específicas que identifiquen de manera más empírica –lo que es vital en nuestra disciplina- a Historia a Debate como tendencia historiográfica. Vamos, pues, a desarrollar en los próximos años el manifiesto en todas las direcciones que se pueda: historia inmediata, historia mixta como historia global…. Tarea que nos hemos planteado comenzar en el año 2003: crearemos de momento tres o cuatro “grupos de investigación en red” internacionales. En el 2004 estaremos volcados en la organización del III Congreso (previsto para los días 14-18 de julio de 2004). Después trataremos de dar continuidad a los grupos de investigación y a las actividades congresuales a través de una revista que hemos ido aplazando dando prioridad a tareas que nos parecieron más urgentes para nuestro proyectos como crear la comunidad académica digital de Historia a Debate y elaborar un programa historiográfico mínimo para no reducirnos al debate y la reflexión sin consecuencias prácticas.

Somos ya la primera tendencia historiográfica que se manifiesta en el siglo XXI explícitamente, cumplimos todas las condiciones para ello: medios de expresión, dirección, objetivos comunes, sentimiento de pertenencia… Cumplimos sobradamente todas las condiciones que se suelen barajar para definir un movimiento intelectual o una tendencia historiográfica. No utilizamos con todo el término “escuela” referido a Historia a Debate porque implica una jerarquización que contradice el carácter horizontal y democrático del foro de debate y el funcionamiento en red. Decía Juan Manuel Santana que yo soy la cara visible de Historia a Debate, bueno, porque otros que participan en esto –algunos desde el principio- no se animan a aparecer más, especialmente en España. En América, sobre todo en México y Argentina, hay colegas que se están animando ya a representar a Historia a Debate, en conexión con el centro de la red de Santiago de Compostela, y no sentimos obviamente celos por ello los gallegos, los españoles, sino que les animamos en nombre de una necesaria descentralización que ya funciona en Internet (cualquiera puede tomar la iniciativa y comenzar un debate) pero no todavía en lo presencial, ¿también para ello necesitamos diez años más?, no lo creo… Se trata de una oportunidad excepcional, es la primera vez en mas de un siglo de “historia de la historiografía” que estamos en condiciones de promover un modo de escribir la historia: desde España, desde el mundo académico latino de Europa y América, no la desaprovechemos y situemos en la agenda personal de cada uno –estamos todos muy ocupados- el acordarnos de aportar un grano de arena para que este proyecto colectivo avance. Podríamos terminar diciendo por lo tanto: “no nos mires, únete”.

 

CB– Bueno, ahora hablaremos todos. ¿Cómo andamos de tiempo? Si os parece, dejamos la grabadora abierta para que después todo esto se transcriba y publique en la red.

María Luísa Monteiro– Quería apuntar simplemente que, en medio de tanta mediocridad y conformismo intelectual, la propuesta de Historia a Debate es un soplo de aire fresco que genera, como la II República, esperanzas y frustraciones. Esperanzas porque veo que no estamos solos –yo siempre digo: “los que estamos despiertos”-, no estamos tan solos. Pero frustraciones porque ya no sé qué hacer, o ya no sabemos qué hacer, para llenar esto, por ejemplo, de nuestro alumnado; aquí parece que si no se habla de Carlos V –con todos mis respetos- no se llena el auditorio. Por eso genera esperanzas, por un lado, pero muchas frustraciones, ya no sabemos a veces qué hacer para mover a esta gente.

Y entonces aquí enlazo con lo de Domi, con lo de Carlos V, porque yo por lo menos a veces me encuentro descorazonada cuando me resulta tan difícil transmitirle a los alumnos cuestiones del tiempo presente, porque parece que les queda tan lejos como Carlos V. Les queda tan lejos Franco como les puede quedar Carlos V o les pueden quedar los Reyes Católicos. Y entonces, en esta cuestión un poco se me van las ganas, y cuando oigo a Domi me entusiasma y me transmite mucha ilusión en esta cuestión de la memoria. Pero ahí quería ir yo, Domi, en el sentido de que creo que esto no es por casualidad. Este pacto del olvido… Yo creo que esto del pacto del olvido, de no tener memoria histórica no es por casualidad. Yo creo que todo ha estado dirigido. Todo ha estado atado y bien atado; se trataba de eso, ¿no?. Y yo siempre digo que el sentido de la memoria es la victoria de los ‘malos’ –vamos a decirlo así-, de los que están enfrente. Y en ese sentido yo creo que han hecho un trabajo muy bien, y hay que darles la enhorabuena; les ha salido muy bien, lo han conseguido. Han conseguido desterrar al olvido cuestiones como la II República. Yo estoy harta de todos los años decirle a los alumnos: “la democracia no se inventa en el 78, no la inventa el rey, no la inventa Adolfo Suárez; aquí ya hay una democracia, que la tenemos en el 31, con la primera constitución democrática”.

Dos son las cuestiones con las que ahora mismo me identifico completamente. Con todo lo que has comentado, y también con la cuestión de la Transición, tan mitificada, que parece que por hablar o cuestionar la Transición te pueden tachar de hereje, incluso. Y entonces, desde ahí, me encanta el planteamiento de Historia a Debate y de la memoria. Y después, Juanma, con respecto a lo que comentabas, sabes que estuve en Rosario, y ahí la cuestión de que más se hablaba era de la necesidad de involucrarse. Allí estaba…¿Irma, se llama?, que hablaba y reivindicaba la necesidad y la obligación del historiador de involucrarse, de comprometerse, de no quedarse al margen. Y yo creo que por ahí debe ir la historia actualmente. En este sentido no concibo otra forma de hacer historia que no sea comprometerse, involucrarse con el tiempo presente. Y todo lo demás pienso yo que es más de lo mismo, es hacer historia rancia, trasnochada. Y entonces no concibo otra forma de historia, y en eso Historia a Debate me parece que es un oasis en medio de este desierto.

 

Germán Santana Pérez– Yo también tenía otra pregunta. Bueno, yo no estudio Carlos V, y de todas formas…

 

Juan Manuel Santana Pérez– Perdona, ¿cual es tu nombre?.

 

GSP– Germán Santana Pérez, de la universidad de Las Palmas. Pero, de todas formas, sí que yo creo, o siempre he creído, que cuando estudiaba a Carlos V, o a Felipe IV, en mi caso, yo no estoy estudiando el siglo XVI o el siglo XVII, yo estoy estudiando ahora. Por ejemplo, nosotros ponemos siempre un texto de África, no sé si lo recuerdan, que pone “texto del siglo XVII”, y yo les digo: “no, no, si este texto es de la actualidad; si le cambian el sentido o el contexto cronológico, esto es de la actualidad”.

Yo, de todas formas, la intervención que quería hacer era un poco… Estoy de acuerdo con Maui, una vez más, en lo de involucrarse; bueno, y en parte con lo que se ha dicho. Pero yo creo que tenemos que ir un poco más allá de las palabras bonitas, de decir ‘involucrarse’. ¿Qué es involucrarse? Todos estamos de acuerdo, vale –bueno, todos…; algunos estamos de acuerdo en involucrarnos-, pero yo creo que –no sé si es un paso inmediato o un paso que tiene que venir con el paso del tiempo- debíamos ser –no sé si está bien el concepto- un poco ‘franciscanos’, es decir, un poco salir fuera de la universidad. Es decir, yo hablo con gente de fuera de la universidad, que son obreros o gente que trabaja en la construcción, y, bueno, hay muchos que no tienen memoria, pero hay otros que saben de qué va la cosa, es decir, ellos saben que sufren una injusticia; no tienen una organización ideológica de esa injusticia, que yo creo que es lo que nosotros tenemos que proporcionar. Que no sólo es estar dentro de la universidad, sino también… Tenemos que ser un poco más ambiciosos. Porque yo creo que esta es una de las claves por las que la historia, que ha sido académica normalmente, ha perdido gran parte del peso social. Y yo creo que hay que recuperar la influencia social siendo social, es decir, tenemos que ser sociedad.

 

Carlos Barros– Yo quería hacer una propuesta. Aquí estamos los principales. Yo tengo de mi época juvenil el latiguillo ese de que, cuando llegábamos a un sitio y había cuatro o cinco para oírnos, hablábamos igual y decíamos: “no preocuparos porque aquí estamos los que tenemos que estar, los principales, los demás, si no están, es que realmente no hacen tanta falta, lo importante es que están los que tienen que estar, los verdaderamente interesados”. Mi propuesta es que forméis una plataforma de Historia a Debate en las Islas, en las universidades de Las Palmas y La Laguna, somos un movimiento académico, hay que multiplicar los focos de iniciativa. En Argentina y México se está avanzando algo ya en ese sentido, falta aplicar esta descentralización a nuestro propio funcionamiento en España, aunque sólo fuera porque yo no puedo estar físicamente en todos los sitios para organizar una presentación, una jornada o un seminario de Historia a Debate, basta con informarnos con antelación para difundirlo a través de las listas y de la web, que multiplica exponencialmente la difusión del acto.

Necesitamos que haya más iniciativa española: necesitamos que haya más presencia de Historia a Debate en España, no tanto digital que es ya enorme pues tenemos implantación en todas las universidades españolas: en prácticamente todos los departamentos de historia hay colegas en nuestras listas, o visitantes asiduos a nuestra web, la mayoría con bastante antigüedad, lo que quiere decir que comparten nuestro espíritu. Falta transformar esta presencia digital generalizada en algo presencial, al fin de llegar al conjunto de nuestra comunidad académica (y a los propios alumnos), considerando que la mayoría del profesorado universitario en España no se mueve por Internet, o utiliza la red de manera todavía primitiva, como el teléfono o el correo postal, sin variar su forma de socializarse académicamente, que es la principal aportación de la red de redes.

El tema de los estudiantes es distinto. Repartimos también la Encuesta Internacional entre algunos estudiantes, a modo de prueba, y no se procesaron después los resultados junto con el resto, muchos no se sentían parte futura de la comunidad de historiadores, ni siquiera como profesores de enseñanza media, pensando que tendrán que trabajar en otras cosas. Son raros los que pese a la situación de las salidas están dispuestos continuar con la historia, incluso investigando, no pocos eligieron los estudios de historia en segundas y terceras opciones, bastantes se animaron durante la carrera para desanimarse después ante la falta de trabajo como licenciados en historia, por lo que se desentienden ya desde los últimos cursos y se nota en las respuestas a la Encuesta, salvo una minoría más vocacional, claro está, que es la que nos interesa cara al mañana.

Es por ello que debemos asumir nuestra responsabilidad como profesores e investigadores, en definitiva somos nosotros los que mayormente escribimos y enseñamos la historia, sin dejar de hacer un seguimiento del movimiento de la sociedad que influye en todos nosotros y altera las coordenadas. Yo he notado entre mis estudiantes la influencia de la revuelta contra la LOU en Santiago de Compostela, hay un antes y un después, una sensibilidad distinta generada entre ellos por participar por vez primera en algo colectivo de importancia histórica. Tal vez logremos un futuro en que se valoren más las enseñanzas de historia y otras humanidades, de modo que se puedan crear más puestos de trabajo para historiadores que formamos lo que garantizaría una mayor ampliación de nuestra comunidad académica, sujeta por otro lado a un severo y relativamente próximo relevo generacional por lo que habría que estar ya formando nuevos profesores. Es todo un reto para nosotros como profesores porque está por ver qué concepto de historia aplicarán los jóvenes de hoy, no pocas veces enseñados y empujados a retornar al positivismo y a la historia de los “grandes hombres”. Una razón más para salir a la luz desde la “clandestinidad digital” dando continuidad en todas las universidades a Historia a Debate más allá de los congresos presenciales que hacemos cada Xacobeo…

 

Teresa Flor– Yo soy Teresa Flor, alumna de la universidad de Las Palmas, y también quería aportar, con respecto a lo que se está hablando de los estudiantes, que aquí hay ciertos grupos bastante inquietos con respecto al nuevo paradigma. El estudiante se siente bastante excluido del ambiente universitario, porque en todos los principios de curso ya se nos avisa que aquí no hay sitio prácticamente para nadie, que te tienes que buscar la vida por otros lados. Pero no nos olvidemos que, aunque al principio el estudiante que sale terminada la carrera puede empezar a servir copas, es posible que luego, después de las oposiciones o lo que sea, termine dando clase en Las Palmas o en cualquier pueblo alejado de la isla. Si lleva integrado este nuevo paradigma, dará las clases de forma distinta. Y aquel que llegue a lo mejor a ocupar un puesto en la administración, en al Ministerio de Cultura o en la comunidad autónoma, será capaz de cambiar las cosas, la manera en que se está dando la historia ahora en los colegios. Entonces, yo quiero decir que los estudiantes no están excluidos de este trabajo. Y en Historia a Debate, en el debate de “Historia y trabajo” se habla de muchas opciones que se pueden hacer, y esas opciones vienen de nuevas ideas de los estudiantes más que del profesorado. Incluso aquí hay gente que ha dicho que se podrían hacer universidades no con las disciplinas de ‘Prehistoria’, ‘Historia moderna’, sino bajo conceptos de decir: “bueno, en esta universidad se da a estudiar la historia desde el punto de vista marxista, y en esta desde el punto de vista positivista, y en esta…”, y que cada alumno se integre dentro del grupo que quiera; y eso se podría hacer.

 

Carlos Barros– Sabéis perfectamente que en Historia a Debate digital no hacemos distingos jerárquicos, le damos igual la palabra a un historiador académico que a un historiador no académico, a un profesor que a un alumno, y no excluimos para nada al historiador-camarero, al que hace historia en su tiempo libre y trabaja en otra cosa para ganarse la vida, lo que es digno de admiración y resuelve el problema de la conexión historia-sociedad. Ahora bien, la pregunta yo me hago es si el nuevo paradigma se va a hacer desde fuera de la universidad, desprofesionalizando la disciplina, no lo creo, de hecho la historia que se hace fuera de la universidad suele tender al clasicismo de nombres y lugares, datos y datas, de hecho la propuesta de cambio de paradigmas que nosotros representamos ha salido de la universidad y busca una nueva conexión con la sociedad. La universidad es diversa y los que estamos aquí, y muchos otros (en Historia a Debate estamos cientos en España y miles en el mundo), para nada nos consideramos conformistas, pensamos incluso que representamos mejor que otros el futuro de la historia académica. Quiero decir con esto que hay que animar a los nuevos titulados con vocación de historiadores a continuar con la historia fuera de la universidad pero en contacto con la universidad, sin olvidar que la responsabilidad fundamental es de los historiadores a tiempo completo, se nos paga por ello, ¿no?. Es necesario que se desarrolle esta confluencia entre historiadores profesionales y no profesionales. Los historiadores universitarios podemos ayudar a que la historia que se hace fuera -sobre todo, historia local- no caiga en el más puro tradicionalismo, elevándola intelectualmente. Por lo demás la escritura de la historia no es, ni debe ser, patrimonio de los historiadores académicos, es patrimonio de todos, en último extremo de sus protagonistas de ayer, de hoy y de mañana. Vamos a seguir trabajando pues en las dos direcciones, aprovechando el funcionamiento abierto en red y poniéndonos de acuerdo sobre la alternativa historiográfica a defender, porque entonces dará igual si estamos trabajando más o menos dentro o fuera de la universidad porque tendremos algo más importante que nos une.