Queridos/as colegas

Otra de las cuestiones que hemos tratado en las reuniones argentinas es el problema de los límites de nuestros los debates, provocado por algunos mensajes agresivos enviados por personas anónimas o semianónimas aprovechando nuestra proverbial tolerancia y espíritu democrático.

Ciertamente hemos tenido solamente 3 o 4 casos pero han bastado para convencernos de la necesidad de revisar las condiciones exigidas para participar en nuestros debates, sin permitir, naturalmente, que un 0,04 % de la lista coarte la libertad de expresión del 99,96 % restante, mucho más cuando hemos comprobado que la intolerancia surje en debates políticos más que historiográficos, y desde posiciones extremas, por parte de personas que no nos consta que sean historiadores o que les interese seriamente la historia y su escritura.

No vamos a renunciar a la dimesión política de nuestros debates historiográficos y menos en la lista de Historia Inmediata, donde escasean ciertamente los análisis historico-historiográficos porque los historiadores no tenemos todavía hábitos suficientes para aportar elementos distintos al resto de los ciudadanos, pero seguimos intentándolo.

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