Presentación

Después del II Congreso HaD (1999), que marca la transformación de la red Historia a Debate en una comunidad digital, Jérôme Baschet, nos propuso la actualización colectiva de La historia que viene, que viene a ser la conclusión del I Congreso HaD (1993) redactada por su coordinador científico y abajo firmante.

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Después de ocho años de contactos, reflexiones y debates, a través de congresos, encuestas y últimamente Internet, hemos sentido la urgencia de explicitar y actualizar nuestra posición en diálogo crítico con otras corrientes historiográficas, asimismo desarrolladas en la última década del siglo XX: (1) el continuismo de los años 60-70, (2) el posmodernismo, y (3) el retorno a la vieja historia, la última “novedad” historiográfica.
Estamos viviendo una transición histórica e historiográfica de resultados todavía inciertos. Historia a Debate como tendencia historiográfica quiere contribuir a la configuración de un paradigma común y plural de los historiadores del siglo XXI que asegure para la historia y su escritura una nueva primavera. A tal fin hemos elaborado 18 propuestas metodológicas, historiográficas y epistemológicas, que presentamos a los historiadores y a las historiadoras del mundo para su debate y, en su caso, adhesión crítica y posterior desarrollo.

METODOLOGÍA

I
Ciencia con sujeto

Ni la historia objetivista de Ranke, ni la historia subjetivista de la posmodernidad: una ciencia con sujeto humano que descubre el pasado conforme lo construye.

Tomar en consideración las dos subjetividades que influyen en nuestro proceso de conocimiento, agentes históricos e historiadores, es la mejor garantía de la objetividad de sus resultados, necesariamente relativos y plurales, por lo tanto rigurosos.

Ha llegado la hora de que la historia ponga al día su concepto de ciencia, abandonando el objetivismo ingenuo heredado del positivismo del siglo XIX, sin caer en el radical subjetivismo resucitado por la corriente posmoderna a finales del siglo XX.

La creciente confluencia entre las “dos culturas”, científica y humanística, facilitará en el siglo que comienza la doble redefinición de la historia, como ciencia social y como parte de las humanidades, que necesitamos.

II
Nueva erudición

Somos partidarios de una nueva erudición que amplíe el concepto de fuente histórica a la documentación no estatal, a los restos no escritos de tipo material, oral o iconográfico, a las no-fuentes: silencios, errores y lagunas que el historiador y la historiadora ha de valorar procurando también la objetividad en la pluralidad de las fuentes.

Una nueva erudición que se apoye con decisión en el conocimiento no basado en fuentes que aporta el investigador. La historia se hace con ideas, hipótesis, explicaciones e interpretaciones, que nos ayudan además a construir/descubrir las fuentes.

Una nueva erudición que vaya más allá de la historiografia renovadora de los años 60 y 70 incorporando la nueva relación con las fuentes aportada por la historia de las mujeres, la historia oral, la historia ecológica, la historia mundial/global y otras novedades productivas surgidas o desarrolladas en los años 80 y 90, así como la “nueva historiografía” que está naciendo en Internet y de la cual formamos parte.

Una nueva erudición que, reconociendo que el necesario trabajo empírico no decide la verdad histórica más que a través de las comunidades de historiadores, desenvuelva el debate y el consenso en ámbitos colectivos.

Una nueva erudición, en suma, que nos permita vencer el “giro positivista” y conservador a que nos ha conducido, recientemente, la crisis de las grandes escuelas historiográficas del pasado siglo, y que amenaza con devolver a nuestra disciplina al siglo XIX.

III
Recuperar la innovación

Urge un nuevo paradigma que recobre el prestigio académico y social de la innovación en los métodos y de los temas, en las preguntas y en las respuestas, en resumen, en la originalidad de las investigaciones históricas. Una nueva historiografía que mire hacia adelante y que devuelva al oficio de historiador el entusiasmo por la renovación y por los compromisos historiográficos.

Brotarán nuevas líneas de investigación si pensamos con nuestra propia cabeza: considerando que nada histórico nos es ajeno; avanzando mediante el mestizaje y la convergencia de los métodos y de los géneros; llenando los odres viejos con vino nuevo, desde la biografía hasta microhistoria; prestando atención a las necesidades científicas y culturales, sociales y políticas, de una sociedad sujeta a una profunda transformación.

La historiografía del siglo XXI precisa de la ilusión y de la realidad de enfoques auténticamente innovadores si no quiere quedar convertida, como la mujer de Lot, en una estatua de sal.

IV
Interdisciplina

La nueva historiografía que proponemos ha de acrecentar la interdisciplinariedad de la historia, pero de manera equilibrada: hacia adentro de la amplia y diversa comunidad de historiadores, reforzando la unidad disciplinar y científica de la historia profesional; y hacia afuera, extendiendo el campo de las alianzas más acá y más allá de las ciencias sociales clásicas.

Es menester tender puentes que comuniquen el vasto archipiélago en que se ha convertido nuestra disciplina en las últimas décadas. Al mismo tiempo, la historia ha de intercambiar métodos, técnicas y enfoques, además de con las ciencias sociales, con la literatura y con la filosofía (de la historia y de la ciencia, sobre todo), por el lado de las humanidades, y con las ciencias de la naturaleza, por el lado de las ciencias. Sin olvidar las disciplinas emergentes que tratan de las nuevas tecnologías y de su impacto transformador en la sociedad, la cultura, la política y la comunicación.

Aprendiendo de experiencias pasadas, tres son los caminos que hay que eludir, en nuestra opinión, para que la interdisciplinariedad enriquezca a la historia: 1) perseguir una imposible “ciencia social unificada” alrededor de cualquiera otra disciplina, sin menoscabo del máximo desarrollo interdisciplinar tanto individual como colectivo; 2) hacer del diálogo historia-ciencias sociales la receta mágica de la “crisis de la historia”, que nosotros entendemos como cambio de paradigmas; 3) diluir la historia en tal o cual disciplina exitosa, como nos proponen hoy en día los narrativistas extremos en relación con la literatura.
V
Contra la fragmentación
El fracaso de la “historia total” de los años 60 y 70 abrió la vía a una fulgurante fragmentación de temas, métodos y escuelas, acompañada de crecimiento y caos epistemológico, que pareció detenerse en los años 90 y resulta cada vez más anacrónica en el mundo que viene, basado en la interrelación y la comunicación global.

Nuestra alternativa es avanzar, en la práctica historiográfica, nuevas formas de globalidad que hagan converger la investigación histórica atravesando espacios, géneros y niveles de análisis.

Para hacer posible una historia a secas, integral, hay que experimentar, pues, iniciativas de investigación que adopten lo global como punto de partida, y no como “horizonte utópico”: líneas mixtas de estudio en cuanto a fuentes y temas, métodos y especialidades; incorporación a la historia general de los paradigmas especializados más innovadores; combinar enfoques cualitativos y cuantitativos; articular temporalidades (que engloben presente y futuro) y escalas diversas; escrutar la globalidad a través de conceptos y métodos, aún potencialmente abarcantes, como mentalidad y civilización, sociedad, red y cambio social, narración y comparación, y crear otros nuevos; indagar la historia mundial como un nuevo frente de la historia global; servirse de las nuevas tecnologías para trabajar a la vez con escritos, voces e imágenes, juntando investigación y divulgación; impulsar la reflexión y el debate, la metodología y la historiografía, como terreno común a todas las especialidades históricas y punto de contacto con otras disciplinas.
HISTORIOGRAFÍA
VI
Tarea historiográfica

Sabiendo como sabemos que el sujeto influye en los resultados de la investigación, se plantea la necesidad de indagar al propio historiador en aras de la objetividad histórica. ¿Cómo? Procurando integrar los individuos en grupos, escuelas y tendencias historiográficas, implícitas y explícitas, que condicionan, se quiera o no, la evolución interna de la historia escrita. Estudiando a los historiadores y a las historiadores por lo que hacen, no sólo por lo que dicen; por su producción, no sólo por su discurso. Aplicando, con matices, tres conceptos clave de la historia de la ciencia pospositivista: el ‘paradigma’ como conjunto de valores compartidos; la “revolución científica” como ruptura y continuidad disciplinar; la ‘comunidad de especialistas’ por su poder decisorio, a su vez condicionada por el entorno social, mental y político. Practicando, en conclusión, una historiografía inmediata que procure ir por delante de los acontecimientos históricos que inciden en los cambios historiográficos que estamos viviendo.

VII
Historiografía global

El agotamiento de los focos nacionales de renovación del siglo XX ha dado paso a una descentralización historiográfica inédita, impulsada por la globalización de la información y del saber académico y superadora del viejo eurocentrismo. La iniciativa historiográfica está hoy más al alcance de todos. El auge, por ejemplo, de una historiografía latina crítica y de una historiografía poscolonial, lo demuestran. Las comunidades transnacionales de historiadores, organizadas en Internet, juegan ya un papel importante en la formación de nuevos consensos en detrimento del anterior sistema de dependencia de unas historiografías nacionales de otras y de intercambios académicos elitistas, jerárquicos y lentos.

No entendemos la globalización historiográfica como un proceso uniformador, pensamos y ejercemos la historia, y la historia de la historia, como docentes e investigadores, en diferentes ámbitos superpuestos e interrelacionados: local, regional, nacional, continental e internacional/global.

VIII
Autonomía del historiador

Conforme los proyectos colectivos del siglo XX fueron entrando en decadencia, sin ser todavía reemplazados por un nuevo paradigma común, ha crecido de manera exagerada la influencia del mercado editorial, de los grandes medios de comunicación y de las instituciones políticas, en la escritura de la historia, en la elección de temas y métodos, en la formulación de hipótesis y conclusiones, con un sentido cada vez más evidente de promoción de la vieja historia de los “grandes hombres”.

Recuperar la autonomía crítica de los historiadores y de las historiadoras respecto de los poderes establecidos para decidir el cómo, el qué y el por qué de la investigación histórica nos exige: reconstruir tendencias, asociaciones y comunidades que giren sobre proyectos historiográficos, más allá de las convencionales áreas académicas; utilizar Internet como medio democrático y alternativo de comunicación, publicación y difusión de propuestas e investigaciones; observar la evolución de la historia inmediata, sin caer en el presentismo, para captar las necesidades historiográficas, presentes y futuras, de la sociedad civil local y global.

IX
Reconocer tendencias

La vía más nociva para imponer la propia tendencia historiográfica, normalmente conservadora, es negar que existan o que deban existir tendencias historiográficas. El imaginario individualista, los compartimentos académicos y las fronteras nacionales, ocultan lo que tenemos de común, muchas veces sin saberlo o sin decirlo: por formación, lecturas, filiaciones y actitudes. Somos partidarios y partidarias, en consecuencia, de sacar a la luz las tendencias actuantes, más o menos latentes, más o menos organizadas, para clarificar posiciones, delimitar debates y facilitar consensos. Una disciplina académica sin tendencias, discusión y autoreflexión, está sujeta a presiones extra-académicas, con frecuencia negativas para su desarrollo. El compromiso historiográfico consciente nos hace, por lo tanto, libres frente a terceros, rompe el aislamiento personal, corporativo y local, favorece el reconocimiento público y la utilidad científica y social de nuestro trabajo profesional.
X
Herencia recibida
Nos oponemos a hacer tabla rasa de la historia y de la historiografía del siglo XX. El reciente retorno de la historia del siglo XIX hace útil y conveniente rememorar la crítica de que fue objeto por parte de Annales, el marxismo y el neopositivismo, aunque justo es reconocer también que dicho “gran retorno” pone en evidencia el fracaso parcial de la revolución historiográfica del siglo XX que dichas tendencias protagonizaron. El imprescindible balance, crítico y autocrítico, de las vanguardias historiográficas no anula, por consiguiente, su actualidad como tradiciones necesarias para la construcción del nuevo paradigma. Porque simbolizan el “espíritu de escuela” y la militancia historiográfica, así como el ejemplo de una historia profesional abierta a lo nuevo y al compromiso social, rasgos primordiales que habremos de recuperar ahora en otro contexto académico, social y político, con unos medios de comunicación muy superiores a los existentes en los años 60 y 70 del ya pasado siglo.

XI
Historiografía digital

Las nuevas tecnologías están revolucionando el acceso a la bibliografía y a las fuentes de la historia; desbordando las limitaciones del papel para la investigación y la publicación; posibilitando nuevas comunidades globales de historiadores. Internet es una poderosa herramienta contra la fragmentación del saber histórico si se utiliza de acuerdo con su identidad y posibilidades, esto es, como un forma interactiva de transmitir información instantánea de manera horizontal a una gran parte del mundo.

Según nuestro criterio, la historiografía digital ha de seguir siendo complementada con libros y demás formas convencionales de investigación, difusión e intercambio académicos, y viceversa. Este nuevo paradigma de la comunicación social no va a reemplazar, en consecuencia, las actividades presenciales y sus instituciones seculares, pero formará parte de una manera creciente de la vida académica y social real.

La generalización de Internet en el mundo universitario, y en el conjunto de la sociedad, así como la educación informática de los más jóvenes irán imponiendo esta nueva historiografía como factor relevante de la inacabada transición paradigmática entre el siglo XX y el siglo XXI.

XII
Relevo generacional

En la segunda década de este siglo tendrá lugar un considerable relevo generacional en el cuadro de profesores e investigadores a causa de la jubilación de los nacidos después de la II Guerra Mundial. ¿Supondrá esta transición demográfica la consolidación de un cambio avanzado de paradigmas? No lo podemos asegurar.

La generación del 68 fue más bien una excepción. Entre los estudiantes universitarios actuales contemplamos parecida heterogeneidad historiográfica e ideológica que el resto de la academia y de la sociedad. Podemos encontrarnos con historiadores e historiadoras mayores que siguen siendo renovadores, y jóvenes con conceptos decimonónicos del oficio de historiador y de su relación con la sociedad. Nuestra responsabilidad como formadores de estudiantes que serán mañana profesores e investigadores es, a este respecto, capital. Nunca fue tan crucial continuar explicando la historia con enfoques avanzados -también por su autocrítica- desde la enseñanza primaria y secundaria hasta los cursos de posgrado. La historia futura estará condicionada por la educación que reciben aquí y ahora los historiadores futuros: nuestros alumnos.
TEORÍA

XIII
Historia pensada

Es esencial para el historiador pensar el tema, las fuentes y los métodos, las preguntas y las respuestas, el interés social y las implicaciones teóricas, las conclusiones y las consecuencias, de una investigación.

Somos contrarios a una “división del trabajo” según la cual la historia provee de datos y otras disciplinas reflexionan sobre ellos (o escriben relatos de amplia difusión). Las comunidades de historiadores profesionales tienen que asumir su responsabilidad intelectual tratando de completar el ciclo de los estudios históricos, desde el trabajo de archivo hasta la valoración y reivindicación de su impacto en las ciencias sociales y humanas, en la sociedad y en la política.

El aprendizaje de los estudiantes universitarios de historia en cuestiones de metodología, historiografía, filosofía de la historia y otras disciplinas con base teórica, es el camino para elevar la creatividad futura de las investigaciones históricas, subrayar el lugar de la historia en el sistema científico y cultural y fomentar nuevas y buenas vocaciones historiográficas.

Nuestra meta es que el historiador que reflexione intelectualmente haga trabajo empírico, y que el historiador que investiga con datos concretos piense con alguna profundidad sobre lo que hace, obviando así la fatal disyuntiva de una práctica (positivista) sin teoría o de una teoría (especulativa) sin práctica. Una mayor unidad de la teoría y la práctica hará factible, por lo demás, una mayor coherencia de los historiadores y de las historiadoras, individual y colectivamente, entre lo se dice, historiográficamente, y lo que se hace, empíricamente.

XIV
Fines de la historia

La aceleración histórica de la última década ha reemplazado el debate sobre el “fin de la historia” por el debate sobre los “fines de la historia”.

Asumiendo que la historia no tiene metas pre-establecidas y que, en 1989, dio comienzo un profundo viraje histórico, cabe preguntarse, también desde la historia académica, adónde nos lleva éste, quién lo conduce, en favor de qué intereses y cuáles son las alternativas.

El futuro está abierto. Es responsabilidad de los historiadores y de las historiadoras ayudar a que los sujetos de la historia construyan mundos futuros que garanticen una vida libre y pacífica, plena y creativa, a los hombres y mujeres de todas las razas y naciones.

Las comunidades de historiadores han de contribuir pues a construir una “nueva Ilustración” que, aprendiendo de los errores de la historia y de la filosofía, piense teóricamente sobre el sentido del progreso que hoy demanda la sociedad, asegurando a las grandes mayorías del Norte y del Sur, del Este y Oeste, el disfrute humano y ecológico de los avances revolucionarios de la medicina, la biología, la tecnología y las comunicaciones.
SOCIEDAD

XV
Reivindicar la historia

El primer compromiso político de los historiadores debería ser reivindicar, ante la sociedad y el poder, la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales, en la educación de los ciudadanos y en la formación de las conciencias comunitarias.

La historia profesional ha de combatir aquellas concepciones provincianas y neoliberales que todavía pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedad, presente con pasado, pasado con futuro.

Los efectos más notorios de las políticas públicas de desvaloración social de la historia son la falta de salidas profesionales, el descenso de las vocaciones y los obstáculos a la continuidad generacional. Las comunidades de historiadores debemos aceptar como propios los problemas laborales de los jóvenes que estudian y quieren ser historiadores, cooperando en la búsqueda de unas soluciones que pasan por la revalorización del oficio de historiador y de sus condiciones de trabajo y de vida, en el marco de la defensa y desarrollo de la función pública de la educación, la universidad y la investigación.

XVI
Compromiso

En tiempos de paradójicos “retornos”, queremos constatar y alentar la “vuelta al compromiso” de numerosos académicos, también historiadores, en diversos lugares del mundo con las causas sociales y políticas vinculadas a la defensa de valores universales de educación y salud, justicia e igualdad, paz y democracia. Actitudes solidarias indispensables para contrarrestar otros compromisos académicos con los grandes poderes económicos y políticos, mediáticos y editoriales. Contrapeso vital, por lo tanto, para conjurar una virtual escisión de la escritura académica de la historia respecto de las mayorías sociales que financian con sus impuestos nuestra actividad docente e investigadora.

El nuevo compromiso que preconizamos es diverso, crítico y con anhelos de futuro. El historiador y la historiadora han de combatir, desde la verdad que conocemos, aquellos mitos que manipulan la historia y fomentan el racismo, la intolerancia y la explotación de clase, género, etnia. Resistiendo, desde el conocimiento del pasado, los futuros indeseables. Cooperando, y rivalizando, con otros científicos sociales y humanistas, en la construcción de mundos históricamente mejores, como profesionales de la historia, pero también como ciudadanos.

La relación del historiador con la realidad que nos rodea pasa por su análisis en un contexto temporal continuo. Si se acepta que la objetividad de la ciencia de la historia es inseparable de la subjetividad (plural) del historiador, debemos concluir que no existen grandes diferencias cualitativas entre una historia inmediata y una historia mediata, entre una historia más contemporánea y una historia más antigua. Todo es historia, si bien cuando más nos distanciamos de lo actual mayor es la carga que recae sobre nosotros, historiadores, por ausencia de las disciplinas más presentistas.
XVII
Presente y futuro
Nuestro objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el pasado, pero nosotros estamos en el presente, y estos presentes están preñados de futuros. El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido, y de su fluir permanente.

Contemplamos varios niveles en la relación del historiador con la inmediatez histórica: compromiso social y político, tema de investigación, historiografía de intervención o criterio metodológico general para la investigación. Hace medio siglo que los fundadores de la escuela de Annales lo formularon: “comprender el pasado por el presente, comprender el presente por el pasado”. Hoy es preciso, además, poner el mismo énfasis en la interrelación pasado/futuro.

La caída de la filosofías finalistas de la historia, sean socialistas sean capitalistas, ha puesto de relieve un futuro más abierto que nunca. El historiador ha de asumir un papel en su definición con sus experiencias y argumentos históricos, con hipótesis y apuestas desde la historia. Edificar el futuro sin contar con la historia nos condenaría a repetir sus errores, a resignarnos con el mal menor o a edificar castillos en el aire.

XVIII
Nuevo paradigma

La historiografía depende de los historiadores y de la historia inmediata. El cambio de paradigmas historiográficos que venimos proponiendo, desde 1993, cabalga sobre los cambios históricos acelerados iniciados en 1989. Entre diciembre de 1999 (Seattle) y julio de 2001 (Génova) hemos observado los comienzos de un movimiento global sin precedentes, contra los estragos de la globalización, que busca ya alternativas de sociedad: el pensamiento único es ahora menos único. Son muchos los que califican de cambio de civilización la globalización y sus críticos, la sociedad de la información, la nueva revolución científico-tecnológica y el movimiento social global: no es fácil entrever lo que nos depara el mañana pero hay razones para la esperanza. Todos debemos colaborar.

Historia a Debate es parte activa de este proceso transformador: queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana. Según evolucione el debate historiográfico, y la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos absolverá, esperemos.

En la Red a 11 de setiembre de 2001

MANIFESTO DE HISTORIA A DEBATE *

Logo de oito anos de contactos, reflexións e debates, a través de congresos, enquisas e ultimamente Internet, sentimos a urxencia de explicitar e actualizar a nosa posición en diálogo crítico con outras correntes historiográficas, así mesmo, desenvolvidas na derradeira década do seculo XX: (1) o continuismo dos anos 60-70, (2) o posmodernismo, e (3) o retorno á vella historia, a última “novidade” historiográfica.

Estamos vivindo unha transición histórica e historiográfica de resultados aínda incertos. Historia a Debate como tendencia historiográfica quere contribuír á configuración dun paradigma común e plural dos historiadores do século XXI  que asegure para a historia e a súa escritura unha nova primavera. A tal fin elaboramos dezaoito propostas metodolóxicas, historiográficas e epistemolóxicas, que presentamos ós historiadores e ás historiadoras do mundo para o seu debate e, no seu caso, adhesión crítica e posterior desenvolvemento.

METODOLOXÍA

I
Ciencia con suxeito

Nin a historia obxectivista de Ranke, nin a historia subxectivista da posmodernidade: unha ciencia con suxeito humano que descobre o pasado conforme o constrúe.

Tomar en consideración as dúas subxectividades que inflúen no noso proceso de coñecemento, axentes históricos e historiadores, é a mellor garantía da obxectividade dos seus resultados, necesariamente relativos e plurais, polo tanto rigurosos.

Chegou a hora de que a historia poña ó día o su concepto de ciencia, abandonando o obxectivismo inxenuo herdado do positivismo do século XIX, sen caer no radical subxectivismo resucitado pola corrente posmoderna a finais do século XX.

A crecente confluencia entre as “dúas culturas”, científica e humanística, facilitará no século que comeza a doble redefinición da historia, como ciencia social e como parte das humanidades, que precisamos.

II
Nova erudición

Somos partidarios dunha nova erudición que amplíe o concepto de fonte histórica á documentación non estatal, ós restos non escritos de tipo material, oral ou iconográfico, ás non-fontes: silencios, erros e lagoas que o historiador e a historiadora han valorar procurando tamén a obxectividade na pluralidade das fontes.

Unha nova erudición que se apoie con decisión no coñecemento non baseado en fontes que achegue o investigador. A historia faise con ideas, hipóteses, explicacións e interpretacións, que nos axudan ademais a construír/descubrir as fontes.

Unha nova erudición que vaia alén da historiografia renovadora dos anos 60 e 70 incorporando a nova relación coas fontes achegadas pola historia das mulleres, a historia oral, a historia ecolóxica, a historia mundial/global e outras novidades productivas xurdidas ou desenvolvidas nos anos 80 e 90, así coma a “nova historiografía” que está nacendo en Internet e da que formamos parte.

Unha nova erudición que, recoñecendo que o necesario traballo empírico non decide a verdade histórica máis que a través das comunidades de historiadores, desenvolva o debate e o consenso en ámbitos colectivos.

Unha nova erudición, en suma, que nos permita vencer o “xiro positivista” e conservador ó que nos conduciu, recentemente, a crise das grandes escolas historiográficas do pasado século, e que ameaza con devolver a nosa disciplina ó século XIX.

III
Recuperar a innovación

Urxe un novo paradigma que recobre o prestixio académico e social da innovación nos métodos e dos temas, nas preguntas e nas respostas, en resumo, na orixinalidade das investigacións históricas. Unha nova historiografía que mire cara adiante e que lle devolva ó oficio de historiador o entusiasmo pola renovación e polos compromisos historiográficos.

Agromarán novas liñas de investigación se pensamos coa nosa propia cabeza: considerando que nada histórico é alleo a nós; avanzando mediante a mestizaxe e a converxencia dos métodos e dos xéneros; enchendo os odres vellos con viño novo, desde a biografía ata a microhistoria; prestando atención ás necesidades científicas e culturais, sociais e políticas, dunha sociedade suxeita a unha profunda transformación.

A historiografía do século XXI precisa da ilusión e da realidade de enfoques autenticamente innovadores se non quere quedar convertida, como a muller de Lot, nunha estatua de sal.

IV
Interdisciplina

A nova historiografía que propoñemos ten que acrecentar a interdisciplinariedade da historia, pero de maneira equilibrada: cara dentro da ampla e diversa comunidade de historiadores, reforzando a unidade disciplinar e científica da historia profesional; e cara fóra, extendendo o campo das alianzas máis acá e más alá das ciencias sociais clásicas.

É preciso tender pontes que comuniquen o vasto arquipélago en que se convertíu a nosa disciplina nas últimas décadas. Ó mesmo tempo, a historia ten que intercambiar métodos,  técnicas e enfoques, ademais de coas ciencias sociais, coa literatura e coa filosofía (da historia e da ciencia, sobre todo), polo lado das humanidades, e coas ciencias da natureza, polo lado das ciencias. Sen esquecer as disciplinas emerxentes que tratan das novas tecnoloxías e do seu impacto transformador na sociedade, a cultura, a política e a comunicación.

Aprendendo de experiencias pasadas, tres son os camiños que hai que eludir, na nosa opinión, para que a interdisciplinariedade enriqueza á historia: 1) perseguir unha imposible “ciencia social unificada” arrededor de calquera outra disciplina, sen menoscabo do máximo desenvolvemento interdisciplinar tanto individual como colectivo; 2) facer do diálogo historia-ciencias sociais a receita máxica da “crise da historia”, que nós entendemos como cambio de paradigmas; 3) diluír a historia en tal ou cal disciplina exitosa, como propoñen hoxe en día os narrativistas extremos en relación coa literatura.

V
Contra a fragmentación

O fracaso da “historia total” dos anos 60 e 70 abríu a vía a unha fulgurante fragmentación de temas, métodos e escolas, acompañada de crecemento e caos epistemolóxico, que pareceu deterse nos anos 90 e resulta cada vez más anacrónica no mundo que vén, baseado na interrelación e a comunicación global.

A nosa alternativa é avanzar, na práctica historiográfica, novas formas de globalidade que fagan converxer a investigación histórica atravesando espacios, xéneros e niveis de análise.

Para facer posible unha historia a secas, integral, hai que experimentar, pois, iniciativas de investigación que adopten o global coma punto de partida, e non coma “horizonte utópico”: liñas mixtas de estudio en canto a fontes e temas, métodos e especialidades; incorporación á historia xeral dos paradigmas especializados máis innovadores; combinar enfoques cualitativos e cuantitativos; artellar temporalidades (que engloben presente e futuro) e escalas diversas; pescudar a globalidade a través de conceptos e métodos, aínda potencialmente achegadores, coma mentalidade e civilización, sociedade, rede e cambio social, narración e comparación, e crear outros novos; esculcar na historia mundial coma nunha nova fronte da historia global; servirse das novas tecnoloxías para traballar á vez con escritos, voces e imaxes, xuntando investigación e divulgación; impulsar a reflexión e o debate, a metodoloxía e a historiografía, como terreo común a tódalas especialidades históricas e punto de contacto con outras disciplinas.

HISTORIOGRAFÍA

VI
Tarefa historiográfica

Sabendo como sabemos que o suxeito inflúe nos resultados da investigación, plantéxase a necesidade de indagar ó propio historiador en pro da obxectividade histórica. ¿Como? Procurando integrar os individuos en grupos, escolas e tendencias historiográficas, implícitas e explícitas, que condicionan, quéirase ou non, a evolución interna da historia escrita. Estudiando ós historiadores e ás historiadoras polo que fan, non só polo que din; pola súa producción, non só polo seu discurso. Aplicando, con matices, tres conceptos clave da historia da ciencia pospositivista: o ‘paradigma’ coma conxunto de valores compartidos; a “revolución científica” como ruptura e continuidade disciplinar; a ‘comunidade de especialistas’ polo seu poder decisorio, a súa vez condicionada polo entorno social, mental e político. Practicando, en conclusión, unha historiografía inmediata que procure ir por diante dos acontecementos históricos que inciden nos cambios historiográficos que estamos vivindo.

VII
Historiografía global

O esgotamento dos focos nacionais de renovación do século XX deu un paso a unha descentralización historiográfica inédita, impulsada pola globalización da información e o saber académico e superadora do vello eurocentrismo. A iniciativa historiográfica está hoxe máis o alcance de todos. O auxe, por exemplo, dunha historiografía latina crítica e dunha historiografía poscolonial, demóstrano. As comunidades transnacionais de historiadores, organizadas en Internet, xogan a un papel importante na formación de novos consensos en detrimento do anterior sistema de dependencia dunhas historiografías nacionais doutras e de intercambios académicos elitistas, xerárquicos e lentos.

Non entendemos a globalización historiográfica como un proceso uniformador, pensamos e exercemos a historia, e a historia da historia, como docentes e investigadores, en diferentes ámbitos superpostos e interrelacionados: local, rexional, nacional, continental e internacional/global.

VIII
Autonomía do historiador

Conforme os proxectos colectivos do século XX foron entrando en decadencia, sen ser aínda reemprazados por un novo paradigma común, medrando de maneira esaxerada a influencia do mercado editorial, dos grandes medios de comunicación e das institucións políticas, na escritura da historia, na elección de temas e métodos, na formulación de hipóteses e conclusións, cun sentido cada vez máis evidente de promoción da vella historia dos “grandes homes”.

Recuperar a autonomía crítica dos historiadores e das historiadoras respecto dos poderes establecidos para decidir o cómo, o qué e o por qué da investigación histórica, esíxenos: reconstruír tendencias, asociacións e comunidades que xiren sobre proxectos historiográficos, máis alá das convencionais áreas académicas; utilizar Internet como medio democrático e alternativo de comunicación, publicación e difusión de propostas e investigacións; observar a evolución da historia inmediata, sen caer no presentismo, para captar as necesidades historiográficas, presentes e futuras, da sociedade civil local e global.

IX
Recoñecer tendencias

A vía máis nociva para impor a propia tendencia historiográfica, normalmente conservadora, é negar que existan ou que deban existir tendencias historiográficas. O imaxinario individualista, os compartimentos académicos e as fronteiras nacionais, ocultan o que temos de común, moitas veces sen sabelo ou sen dicilo: por formación, lecturas, filiacións e actitudes. Somos partidarios e partidarias, en consecuencia, de sacar á luz as tendencias actuantes, máis ou menos latexantes, máis ou menos organizadas, para clarexar posicións, delimitar debates e facilitar consensos. Unha disciplina académica sen tendencias, discusión e autoreflexión, está suxeita a presións extra-académicas, con frecuencia negativas para o seu desenvolvemento. O compromiso historiográfico consciente fainos, polo tanto, libres fronte a terceiros, rompe o illamento persoal, corporativo e local, favorece o recoñecemento público e a utilidade científica e social do noso traballo profesional.

X
Herencia recibida

Opoñémonos a facer tabula rasa da historia e da historiografía do século XX. O recente retorno da historia do século XIX fai útil e conveniente rememorar a crítica de que foi obxecto por parte de Annales, o marxismo e o neopositivismo, aínda xusto é recoñecer tamén que dito “gran retorno” pón en evidencia o fracaso parcial da revolución historiográfica do século XX que ditas tendencias protagonizaron. O imprescindible balance, crítico e autocrítico, das vangardas historiográficas non anula, por conseguinte, a súa actualidade como tradicións necesarias para a construcción do novo paradigma. Porque simbolizan o “espírito de escola” e a militancia historiográfica, así como o exemplo dunha historia profesional aberta ó novo e ó compromiso social, trazos primordiais que haberemos recuperar agora noutro contexto académico, social e político, cuns medios de comunicación moi superiores ós existentes nos anos 60 e 70 do xa pasado século.

XI
Historiografía dixital

As novas tecnoloxías están revolucionando o acceso á bibliografía e ás fontes da historia; rebordando as limitacións do papel para a investigación e a publicación; posibilitando novas comunidades globais de historiadores. Internet é unha poderosa ferramenta contra a fragmentación o saber histórico se se utiliza de acordo coa súa identidade e posibilidades, isto é, coma unha forma interactiva de transmitir información instantánea de maneira horizontal a unha grande parte do mundo.

Segundo o noso criterio, a historiografía dixital debe seguir sendo complementada con libros e demais formas convencionais de investigación, difusión e intercambio académico, e viceversa. Este novo paradigma da comunicación social non vai reemplazar, en consecuencia, as actividades presenciais e as súas institucións seculares, pero formará parte dun xeito crecente da vida académica e social real.

A xeneralización de Internet no mundo universitario, e no conxunto da sociedade, así como a educación informática dos máis mozos irán impondo esta nova historiografía como factor relevante da inacabada transición paradigmática entre o século XX e o século XXI.

XII
Relevo xeneracional

Na segunda década deste século terá lugar un considerable relevo xeracional no cadro de profesores e investigadores a causa da xubilación dos nacidos logo da II Guerra Mundial. ¿Suporá esta transición demográfica a consolidación dun cambio avanzado de paradigmas?  Non o podemos asegurar.

A xeración do 68 foi máis ben unha excepción. Entre os estudiantes universitarios actuais contemplamos parecida heteroxeneidade historiográfica e ideolóxica ca no resto da academia e da sociedade. Podemos atoparnos con  historiadores e historiadoras vellos que seguen a ser renovadores, e mozos con conceptos decimonónicos do oficio de historiador e da súa relación coa sociedade. A nosa responsabilidade como formadores de estudiantes que serán mañá profesores e investigadores é, a este respecto, capital. Nunca foi tan crucial continuar explicando a historia con enfoques avanzados -tamén pola súa autocrítica- desde o ensino primario e secundario ata os cursos de posgrao. A historia futura estará condicionada pola educación que reciben aquí e agora os historiadores futuros: os nosos alumnos.

TEORÍA

XIII
Historia pensada

É esencial para o historiador pensar o tema, as fontes e os métodos, as preguntas e as respostas, o interese social e as implicacións teóricas, as conclusións e as consecuencias, dunha investigación.

Somos contrarios a unha “división do traballo” segundo a que a historia provee de datos e outras disciplinas reflexionan sobre eles (ou escriben relatos de ampla difusión). As comunidades de historiadores profesionais teñen que asumir a súa responsabilidade intelectual tratando de completar o ciclo dos estudios históricos, desde o traballo de arquivo ata a valoración e reivindicación do seu impacto nas ciencias sociais e humanas, na sociedade e na política.

A aprendizaxe dos estudiantes universitarios de historia en cuestións de metodoloxía, historiografía, filosofía da historia e outras disciplinas con base teórica, é o camiño para elevar a creatividade futura das investigacións históricas, subliñar o lugar da historia no sistema científico e cultural e fomentar novas e boas vocacións historiográficas.

A nosa meta é que o historiador que reflexione intelectualmente faga traballo empírico, e que o historiador que investiga con datos concretos pense con algunha profundidade sobre o que fai, obviando así a fatal disxuntiva dunha práctica (positivista) sen teoría ou dunha teoría (especulativa) sen práctica. Unha maior unidade da teoría e da práctica fará factible, polo demais, unha maior coherencia dos historiadores e das historiadoras, individual e colectivamente, entre o que se di, historiográficamente, e o que se fai, empiricamente.

XIV
Fins da historia

A aceleración histórica da última década reemplazou o debate sobre a “fin de a historia” polo debate sobre as “fins da historia”.

Asumindo que a historia non ten metas pre-establecidas e que, en 1989, deu comezo unha profunda viraxe histórica, cabe preguntarse, tamén desde a historia académica, a onde nos leva éste, quén o conduce, en favor de qué intereses e cáles son as alternativas.

O futuro está aberto. É responsabilidade dos historiadores e das historiadoras axudar a que os suxeitos da historia constrúan mundos futuros que garantan unha vida libre e pacífica, plena e creativa, ós homes e mulleres de tódalas razas e nacións.

As comunidades de historiadores han contribuír pois a construír unha “nova Ilustración” que, aprendendo dos erros da historia e da filosofía, pense teoricamente sobre o sentido do progreso que hoxe demanda a sociedade, asegurando ás grandes maiorías do Norte e do Sur, o Leste e Oeste, o disfrute humano e ecolóxico dos avances revolucionarios da medicina, a bioloxía, a tecnoloxía e as comunicacións.

SOCIEDADE

XV
Reivindicar a historia

O primeiro compromiso político dos historiadores debería ser reivindicar, ante a sociedade e o poder, a función ética da historia, das humanidades e das ciencias sociais, na educación dos cidadáns e na formación das conciencias comunitarias.

A historia profesional ha de combatir aquelas concepcións provincianas e neoliberais que aínda pretenden confrontar técnica con cultura, economía con sociedade, presente con pasado, pasado con futuro.

Os efectos máis notorios das políticas públicas de desvaloración social da historia son a falta de saídas profesionais, o descenso das vocacións e os obstáculos á continuidade xeracional. As comunidades de historiadores debemos aceptar como propios os problemas laborais dos mozos que estudian e queren ser historiadores, cooperando na busca dunhas solucións que pasan pola revalorización do oficio de historiador e das súas condicións de traballo e de vida, no marco da defensa e desenvolvemento da función pública da educación, a universidade e a investigación.

XVI
Compromiso

En tempos de paradóxicos “retornos”, queremos constatar e alentar a “volta ó compromiso” de numerosos académicos, tamén historiadores, en diversos lugares do mundo coas causas sociais e políticas vencelladas á defensa de valores universais de educación e saúde, xustiza e igualdade, paz e democracia. Actitudes solidarias indispensables para contrarrestar outros compromisos académicos cos grandes poderes económicos e políticos, mediáticos e editoriais. Contrapeso vital, polo tanto, para conxurar unha virtual escisión da escritura académica da historia respecto das maiorías sociais que financian coas súas taxas a nosa actividade docente e investigadora.

O novo compromiso que preconizamos é diverso, crítico e con arelas de futuro. O historiador e a historiadora deben combatir, desde a verdade que coñecemos, aqueles mitos que manipulan a historia e fomentan o racismo, a intolerancia e a explotación de clase, xénero, etnia.  Resistindo, desde o coñecemento o pasado, os futuros indesexables. Cooperando, e rivalizando, con outros científicos sociais e humanistas, na construcción de mundos historicamente mellores, coma profesionais da historia, pero tamén coma ciudadáns.

A relación do historiador coa realidade que nos rodea pasa pola súa análise nun contexto temporal continuo. Se se acepta que a obxectividade da ciencia da historia é inseparable da subxectividade (plural) do historiador, debemos concluír que non existen grandes diferencias cualitativas entre unha historia inmediata e unha historia mediata, entre unha historia máis contemporánea e unha historia más antiga. Todo é historia, se ben cando máis nos distanciamos do actual maior é a carga que recae sobre nós, historiadores, por ausencia das disciplinas máis presentistas.

XVII
Presente e futuro

O noso obxecto de estudio (homes, mulleres e medio natural humanizado) está evidentemente no pasado, pero nós estamos no presente, e estes presentes están preñados de futuros. O historiador non pode escribir con rigor a historia á marxe do tempo vivido, e do seu fluír permanente.

Contemplamos varios niveis na relación do historiador coa inmediatez histórica: compromiso social e político, tema de investigación, historiografía de intervención ou criterio metodolóxico xeral para a investigación. Hai medio século que os fundadores da escola de Annales o formularon: “comprender o pasado polo presente, comprender o presente polo pasado”. Hoxe é preciso, ademais, poñer o mesmo énfase na interrelación pasado/futuro.

A caída das filosofías finalistas da historia, sexan socialistas sexan capitalistas, puxo de relevo un futuro máis aberto que nunca. O historiador debe asumir un papel na súa definición coas súas experiencias e argumentos históricos, con hipóteses e apostas desde a historia. Edificar o futuro sen contar coa historia condenariamonos a repetir os seus erros, a resignarnos co mal menor ou a edificar castelos no ar.

XVIII
Novo paradigma

A historiografía depende dos historiadores e da historia inmediata. O cambio de paradigmas historiográficos que vimos propondo, desde 1993, cabalga sobre os cambios históricos acelerados iniciados en 1989. Entre decembro de 1999 (Seattle) e xullo de 2001 (Xénova) observado os comezos dun movemento global sen precedentes, contra os estragos da globalización, que busca xa alternativas de sociedade: o pensamento único é agora menos único. Son moitos os que califican de cambio de civilización a globalización e os seus críticos, a sociedade da información, a nova revolución científico-tecnológica e o movemento social global: non é fácil entrever o que nos depara o mañá pero hai razóns para a esperanza. Todos debemos colaborar.

Historia a Debate é parte activa deste proceso transformador: queremos cambiar a historia que se escribe e axudar a cambiar a historia humana. Segundo evolucione o debate historiográfico, e a historia máis inmediata, as nosas propostas recibirán máis ou menos consenso académico, variaremolas ou non segundo interese, se ben hai plantexamentos que, aínda sendo polo momento minoritarios, parécennos ineludibles para condicionar criticamente o novo paradigma en formación: o conxunto plural de valores e crenzas que vai regular a nosa profesión de historiador no novo século. Por todo isto, a historia absolveranos, esperemos.

Na Rede, a 11 de setembro de 2001

Després de vuit anys de contactes, reflexions i debats, a través de congressos, enquestes i darrerament Internet, hem sentit la urgència d’explicar i actualitzar la nostra posició en un diàleg crític amb d’altres corrents historiogràfics, desenvolupats també durant la darrera dècada del segle XX: (1) el continuisme dels anys 60-70, (2) el postmodernisme, i (3) el retorn a la vella història, l’última “novetat” historiogràfica.

Estem vivint una transició històrica i historiogràfica de resultats encara incerts. Història a Debatcoma tendència historiogràfica vol contribuir a la configuració d’un paradigma comú i plural dels historiadors i historiadores del segle XXI que asseguri per a la història i la seva escriptura una nova primavera. Amb aquesta finalitat hem elaborat 18 propostes metodològiques, historiogràfiques i epistemològiques, que presentem als historiadors i a les historiadores del món per al seu debat i, en el seu cas, adhesió crítica i posterior desenvolupament.

 

METODOLOGIA

I
Ciència amb subjecte

Ni la història objectivista de Ranke, ni la història subjectivista de la postmodernitat: una ciència amb el subjecte humà que descobreix el seu passat mentre el construeix.

Prendre en consideració les dues subjectivitats que influeixen en el nostre procés de coneixement, agents històrics i historiadors, és la millor garantia de l’objectivitat dels seus resultats, necessàriament relatius i plurals, i per tant rigorosos.

Ha arribat l’hora en què la història posi al dia el seu concepte de ciència, deixant de banda l’objectivisme ingenu heretat del positivisme del segle XIX, sense caure en el radical subjectivisme ressuscitat pel corrent postmodern a finals del segle XX.

La creixent confluència entre les “dues cultures”, científica i humanística, facilitarà en el segle que s’inicia la doble redefinició de la història, com a ciència social i com a part de les humanitats, que necessitem.

 

II
Nova erudició

Som partidaris d’una nova erudició que ampliï el concepte de font històrica a la documentació no “estatal”, a les restes no escrites de tipus material, oral o iconogràfiques, a les no-fonts: silencis, errors i llacunes que l’historiador i la historiadora han de valorar procurant, també, l’objectivitat en la pluralitat de les fonts.

Una nova font que es recolzi amb la decisió en el coneixement no basat en fonts que aporta l’investigador. La història es fa amb idees, hipòtesis, explicacions i interpretacions, que ens ajuden, a més, a construir/descobrir les fonts.

Una nova erudició que vagi més enllà de la historiografia renovadora dels anys 60 i 70 incorporant la nova relació amb les fonts aportada per la història de les dones, la història oral, la història ecològica, la història mundial/global i altres novetats productives sorgides o desenvolupades en els anys 80 i 90, així com la “nova historiografia” que està naixent a Internet i de la qual en formem part.

Una nova erudició que, reconeixent que el necessari treball empíric no decideix la veritat històrica més que a través de les comunitats d’historiadors, desenvolupi el debat i el consens en àmbits col·lectius.

Una nova erudició, en definitiva, que ens permeti vèncer el “gir positivista” i conservador al qual ens ha conduït, recentment, la crisi de les grans escoles historiogràfiques del segle passat, i que amenaça amb retornar la nostra disciplina al segle XIX.

 

III
Recuperar la innovació

Urgeix un nou paradigma que recobri el prestigi acadèmic i social de la innovació en els mètodes i dels temes, en les qüestions i en les respostes, en resum, en la originalitat de les investigacions històriques. Una nova historiografia que miri cap endavant i que retorni a l’ofici d’historiador l’entusiasme per la renovació i pels compromisos historiogràfics.

Brollaran noves línies d’investigació si pensem amb el nostre propi cap: considerant que res d’històric ens és aliè; avançant mitjançant la barreja i la convergència dels mètodes i dels gèneres; omplint les velles bótes amb un nou vi; des de la biografia fins a la microhistòria; prestant atenció a les necessitats científiques i culturals, socials i polítiques, d’una societat subjecta a una profunda transformació.

La historiografia del segle XXI precisa de la il·lusió i de la realitat d’enfocs autènticament innovadors si no vol quedar-se convertida, com la dona de Lot, en una estàtua de sal.

 

IV
Interdisciplina

La nova historiografia que proposem ha d’”incrementar” la interdisciplinarietat de la història, però d’una forma equilibrada: cap endins de l’àmplia i diversa comunitat d’historiadors, reforçant la unitat disciplinar i científica de la història professional; i cap enfora, estenent el camp de les aliances més cap aquí i més cap allà de les ciències socials clàssiques.

Cal doncs, tendir ponts que comuniquin el vast arxipèlag en el què s’ha convertit la nostra disciplina durant les darreres dècades. A l’hora, la història ha d’intercanviar mètodes, tècniques i enfocaments, a més de tota la resta de les ciències socials, amb la literatura i amb la filosofia (de la història i de la ciència, especialment), pel que fa al cantó de les Humanitats, i amb les ciències de la Natura, pel cantó de les Ciències. Sense oblidar, però, les disciplines emergents que tracten de les noves tecnologies i del seu impacte transformador en la societat, la cultura, la política i la comunicació.

Aprenent d’experiències passades, tres són el camins que cal evitar, en la nostra opinió, per a que la interdisciplinarietat enriqueixi a la història: 1) perseguir una “ciència social unificada” al voltant de qualsevol altra disciplina, sense menysprear el màxim desenvolupament interdisciplinar, tant l’individual com el col·lectiu; 2) fer del diàleg història-ciències socials la recepta màgica de la “crisi de la història”, que nosaltres entenem com a canvi de paradigmes; 3) diluir la història en qualsevol disciplina amb èxit, tal i com avui ens proposen els “narrativistes” extrems en la relació amb la literatura

 

V
Contra la fragmentació

El fracàs de la “història total” dels anys 60 i 70 va obrir la via a una fulgurant fragmentació de temes, mètodes i escoles, acompanyada de creixement i caos epistemològic, que semblar aturar-se en els anys 90 i resulta cada vegada més anacrònica el món que arriba, basat en la interrelació i la comunicació global.

La nostra alternativa és avançar, en la pràctica historiogràfica, noves formes de globalitat que facin convergir la investigació històrica travessant espais, gèneres i nivells d’anàlisi.

Per tal de fer possible una història “a seques”, integral, cal experimentar, doncs, iniciatives d’investigació que adoptin el global com a punt de partida, i no com a l’”horitzó utòpic”: línies mixtes d’estudi en quant a fonts i temes, mètodes i especialitats; incorporació a la història general dels paradigmes especialitzats més innovadors; combinar enfocs qualitatius i quantitatius; articular temporalitats (que englobin present i futur) i escales diverses; escrutar la globalitat a través de conceptes i mètodes, que potencialment puguin abraçar diversos aspectes, com mentalitat i civilització, societat, xarxa i canvi social, narració i comparació, i crear uns altres de nous; indagar la història global; servir-se de les noves tecnologies per a treballar a l’hora amb escrits, veus i imatges, ajuntant investigació i divulgació; impulsar la reflexió i el debat, la metodologia i la historiografia, com a terreny comú a totes les especialitats històriques i punt de contacte amb d’altres disciplines.

 

HISTORIOGRAFÍA

VI
Feina historiogràfica

Sabent com sabem que el subjecte influeix en els resultats de la investigació, es planteja la necessitat d’indagar en el mateix historiador per tal d’aconseguir l’objectivitat històrica. Com? Procurant integrant integrar els individus en grups, escoles i tendències historiogràfiques, implícites i explícites, que condicionen, es vulgui o no, l’evolució interna de la història escrita. Estudiant als historiadors i les historiadores per allò que fan, no solament pel que diuen; per la seva producció, no solament pel seu discurs. Aplicant, amb matisos, tres conceptes claus de la història de la ciència postpositivista: el “paradigma” com a conjunt de valors compartits; la “revolució científica” com a ruptura i continuïtat disciplinar; la “comunitat d’especialistes” pel seu poder decisori, a l’hora condicionada per l’entorn social, mental i polític.  Practicant, en conclusió, una historiografia immediata que procuri anar per davant dels esdeveniments històrics que incideixen en els canvis historiogràfics que estem vivint.

 

VII
Historiografia global

L’esgotament dels focus nacionals de renovació del segle XX ha donat pas a una descentralització historiogràfica inèdita, impulsada per la globalització de la informació i del saber acadèmic i superadora del vell eurocentrisme. La iniciativa historiogràfica està avui més a l’abast de tothom. L’auge, per exemple, d’una historiografia llatina crítica i d’una historiografia postcolonial així ho demostra. Les comunitats transnacionals d’historiadors, organitzades a Internet, juguen ja un paper important en la formació de nous consensos en detriment de l’anterior sistema de dependència d’unes historiografies nacionals d’altres i d’intercanvis acadèmics elitistes, jeràrquics i lents.

No entenem la globalització històrica com a un procés uniformador, pensem i exercim la història, i la història de la història, com a docents i investigadors, en diferents àmbits superposats i interrlacionats: local, regional, nacional, continental i internacional/global.

 

VIII
Autonomia de l’historiador

Conforme els projectes col·lectius del segle XX varen entrar en decadència, sense ser encara reemplaçats per un nou paradigma comú, ha crescut de forma exagerada la influència del mercat editorial, dels grans mitjans de comunicació i de les institucions polítiques, en l’escriptura de la història, en l’elecció de temes i mètodes, en la formulació d’hipòtesis i conclusions, en un sentit cada vegada més evident de promoció de la vella història dels “grans homes”.

Recuperar l’autonomia crítica dels historiadors i de les historiadores respecte dels poders establerts per a decidir el com, el què i el per què de la investigació històrica ens exigeix: reconstruir tendències, associacions i comunitats que girin sobre projectes historiogràfics, més enllà de les convencionals àrees acadèmiques; utilitzar Internet com a mitjà democràtic i alternatiu de comunicació, publicació i difusió de propostes i investigacions; observar l’evolució de la història immediata, sense caure en el presentisme, per a captar les necessitats historiogràfiques, presents i futures, de la societat civil local i global.

 

IX
Reconèixer tendències

La via més nociva per a imposar la pròpia tendència historiogràfica, normalment conservadora, és negar que existeixen o que hagin d’existir tendències historiogràfiques. L’imaginari individualista, els compartiments acadèmics i les fronteres nacionals, amaguen el que tenim en comú, moltes vegades sense saber-ho o sense dir-ho: per formació, lectures, filiacions i actituds. Som partidaris i partidàries, en conseqüència, de treure a la llum les tendències que actuen de manera més o menys latent, més o menys organitzades, per aclarir posicionaments, delimitar debats i facilitar consensos. Una disciplina acadèmica sense tendències, discussions ni autoreflexió, resta subjecta a pressions extra-acadèmiques, amb freqüència negatives per al seu desenvolupament. El compromís historiogràfic conscient ens fa, per tant, més lliures, trenca l’aïllament personal, corporatiu I local, afavoreix el reconeixement públic i la utilitat científica i social de la nostra feina professional.

 

X
Herència rebuda
Ens oposem a fer “taula rasa” de la història i de la historiografia del segle XX. El recent retorn de la història del segle XIX fa útil i convenient rememorar la crítica de la què va ser objecte per part d’Annales, el marxisme i el neopositivisme, però és just reconèixer també que l’esmentat “gran retorn” posa en evidència el fracàs parcial de la revolució historiogràfica que en durant el segle XX van protagonitzar aquestes tendències. L’imprescindible balanç, crític i autocrític, de les vanguàrdies historiogràfiques no anul·la, conseqüentment, la seva actualitat com a tradicions necessàries per a la construcció del nou paradigma. Perquè simbolitzen l’”esperit d’escola” i la militància historiogràfica, així com l’exemple d’una història professional oberta a les novetats i al compromís social, trets primordials que haurem de recuperar ara en un altre context acadèmic, social i polític, amb uns mitjans de comunicació molt superiors als existents durant els anys 60 i 70 del passat segle.

 

 

XI
Historiografia digital

Les noves tecnologies estan revolucionant l’accés a la bibliografia i a les fonts de la història; desbordant les limitacions del paper per a la investigació i la publicació; possibilitant noves comunitats globals d’historiadors. Internet és una eina molt poderosa contra la fragmentació del saber històric si s’utilitza d’acord amb la seva identitat i possibilitats, és a dir, com una manera interactiva de transmetre informació instantània de forma horitzontal a una gran part del món.

Segons el nostre criteri, la historiografia digital ha de seguir sent completada amb els llibres i les altres formes convencionals d’investigació, difusió i intercanvi acadèmics, i al contrari. Aquest nou paradigma de la comunicació social no reemplaçarà, en conseqüència, les activitats presencials i les seves institucions seculars, però en formarà part d’una manera creixent de la vida acadèmica i social real.

La generalització d’Internet en el món universitari, i en el conjunt de la societat, així com també amb l’educació informàtica dels més joves aniran imposant aquesta nova historiografia com a factor rellevant de la inacabada transició paradigmàtica entre els segles XX i XXI.

 

XII
Relleu generacional

Durant la segona dècada d’aquest segle tindrà lloc un considerable relleu generacional en el quadre de professors i investigadors a causa de la jubilació dels nascuts després de la Segona Guerra Mundial. Suposarà aquesta transició demogràfica la consolidació d’un canvi avançat de paradigmes? No ho podem assegurar.

La generació del 68 va ser més aviat una excepció. Entre els estudiants universitaris actuals contemplem una semblança en l’heterogeneïtat historiogràfica i ideològica que la resta de l’acadèmia i de la societat. Podem trobar-nos amb historiadors i historiadores majors que segueixen essent renovadors, i joves amb conceptes decimonònics de l’ofici d’historiador i de la seva relació amb la societat. La nostra responsabilitat com a formadors d’estudiants que demà seran professors i investigadors és, en aquest sentit, cabdal. Mai va ser tan crucial continuar explicant la història amb enfocs avançats –també per la seva autocrítica- des de l’ensenyament primari i secundari fins els cursos de postgrau. La història futura estarà condicionada per l’educació que rebin aquí i ara els futurs historiadors: els nostres alumnes.

 

TEORIA

XIII
Història pensada

És essencial per a l’historiador pensar el tema, les fonts i els mètodes, les preguntes i les respostes, l’interès social i les implicacions teòriques, les conclusions i les conseqüències, d’una investigació.

Som contraris a una “divisió del treball” segons la qual la història proveeix de dades i unes altres disciplines reflexionen sobre aquests (o escriuen relats d’àmplia difusió). Les comunitats d’historiadors professionals han d’assumir la seca responsabilitat intel3lectual tractant de completar el cicle dels estudis històrics, des del treball d’arxiu fins la valoració i reivindicació del seu impacte en les ciències socials i humanes, en la societat i en la política.

L’aprenentatge dels estudiants universitaris d’història en qüestions de metodologia, historiografia, filosofia de la història i altres disciplines amb una base teòrica, és el camí per a aixecar el grau de creativitat futura de les investigacions històriques, subratllar el lloc de la història en el sistema científic i cultural i fomentar noves i bones vocacions historiogràfiques.

La nostra meta és que l’historiador que reflexioni intel·lectualment faci treball empíric, i que l’historiador que investigui amb dades concretes pensi amb alguna profunditat sobre el què fa, obviant d’aquesta manera la fatal disjuntiva d’una pràctica (positiva) sense teoria o d’una teoria (especulativa) sense pràctica. Una major unitat de la teoria i de la pràctica farà factible, pel demés, una major coherència dels historiadors i de les historiadores, individualment i col·lectiva.

 

XIV
Finalitats de la història

L’acceleració històrica de la darrera dècada ha reemplaçat el debat sobre la “fi de la història” pel debat sobre les “finalitats de la història”.

Assumint que la història no té fites preestablertes i que, el 1989, es va iniciar un profund gir històric, cal demanar-se, també des de la història acadèmica, a on ens porta aquest gir, qui el condueix, a favor de quins interessos i quines són les alternatives.

El futur està obert. És responsabilitat dels historiadors i de les historiadores ajudar a que els subjectes de la història construeixin móns futurs que garanteixin una vida lliure i pacífica, plena i creativa, als homes i dones de totes les races i nacions.

Les comunitats d’historiadors han de contribuir, doncs, a construir una “nova Il·lustració” que, aprenent dels errors de la història i de la filosofia, pensi teòricament sobre el sentit del progrés que avui dia demana la societat, assegurant a les grans majories del Nord i del Sud, de l’Est i de l’Oest, el gaudi humà i ecològic dels nous avenços revolucionaris de la medicina, la biologia i les comunicacions.

 

SOCIETAT

XV
Reivindicar la història

El primer compromís polític dels historiadors hauria de ser reivindicar , davant la societat i el poder, la funció ètica de la història, de les humanitats i de les ciències socials, en l’educació dels ciutadans i en la formació de les consciències comunitàries.

La història professional ha de combatre aquelles concepcions provincianes i neoliberals que encara pretenen confrontar tècnica amb cultura, economia amb societat, present amb passat, passat amb futur.

Els efectes més notoris de les polítiques públiques de desvaloració social de la història són la falta de sortides professionals, el descens de les vocacions i els obstacles a la continuïtat generacional. Les comunitats d’historiadors hem d’acceptar com a propis els problemes laborals dels joves que estudien i volen ser historiadors, cooperant en la recerca d’unes solucions que passin per la revalorització de la feina d’historiador i de les seves condicions laborals i de vida, en el marc de la defensa i desenvolupament de la funció pública de l’educació, la universitat i la investigació.

 

XVI
Compromís

En el temps de “retorns” paradoxals, volem constatar i alentar la “tornada al compromís” de nombrosos acadèmics, també historiadors, en diversos llocs del món amb les causes socials i polítiques vinculades a la defensa de valors universals d’educació i salut, justícia i igualtat, pau i democràcia. Actituds solidàries indispensables per a contrarestar d’altres compromisos acadèmics amb els grans poders econòmics i polítics mediàtics i editorials. Contrapès vital, per tant, per a conjurar una virtual escissió de l’escriptura acadèmica de la història respecte de les majories socials que financen amb els seus impostos la nostra activitat docent i investigadora.

El nou compromís que preconitzem és divers, crític i amb anhels de futur. L’historiador i la historiadora han de combatre, des de la veritat que coneixem, aquells mites que manipulen la història i fomenten el racisme, la intolerància i l’explotació de classe, gènere, ètnia. Resistint, des del coneixement del passat, els futurs indesitjables. Cooperant, i rivalitzant, amb d’altres científics socials i humanistes, en la construcció de móns històricament millors, com a professionals de la història, però també com a ciutadans.

La relació de l’historiador amb la realitat que ens envolta passa per la seva anàlisi en un context temporal continu. Si s’accepta que l’objectivitat de la ciència de la història és inseparable de la subjectivitat (plural) de l’historiador, hem de concloure que no existeixen grans diferències qualitatives entre una història immediata i una història mediata, entre una història més contemporània i una història més antiga. Tot és història, si bé quan més ens distanciem de l’actualitat major és la càrrega que recau sobre nosaltres, historiadors, per absència de les disciplines més presentistes.

 

XVII
Present i futur

El nostre objecte d’estudi (homes, dones i medi natural humanitzat) està evidentment en el passat, però nosaltres estem al present, i aquests presents estan prenyats de futurs, L’historiador no pot escriure amb rigorositat la història al marge del temps viscut, i del seu fluir permanent.

Contemplem diversos nivells en la relació de l’historiador amb la immediatesa històrica: compromís social i polític, tema d’investigació, historiografia d’intervenció o criteri metodològic general per a la investigació. Ja fa mig segle que els fundadors de l’escola d’Annales el van formular: “comprendre el passat pel present, comprendre el present pel passat”. Avui és necessari, a més, posar el mateix èmfasi en la interrelació passat/futur.

La caiguda de les filosofies finalistes de la història, siguin socialistes siguin capitalistes, ha posat de relleu un futur més obert que mai. L’historiador ha d’assumir un paper en la seva definició amb les seves experiències i arguments històrics, amb hipòtesis i apostes des de la història. Edificar el futur sense comptar amb la història ens condemnaria a repetir els seus errors, a resignar-nos amb el mal menor o a edificar “castells a l’aire”.

 

XVIII
Nou paradigma

La història depèn dels historiadors i de la història immediata. El canvi de paradigmes historiogràfics que venim proposant, des de 1993, cavalca sobre canvis històrics accelerats que es van iniciar al 1989. Entre desembre del 1999 (Seattle) i juliol del 2001 (Gènova) hem observat els inicis d’un moviment global sense precedents, contra els estralls de la globalització, que cerca ja alternatives de societat: el pensament únic és ara menys únic. Són molts els que qualifiquen de canvi de civilització la globalització i els seus criteris, la societat de la informació, la nova revolució científico-tecnològica i el moviment social global: no és fàcil entreveure el que ens espera el demà, però hi ha raons per a l’esperança. Tots hem de col·laborar.

Història a Debat és part activa d’aquest procés transformador: volem canviar la història que s’escriu i ajudar a canviar la història humana. Segons evolucioni el debat historiogràfic, i la història més immediata, les nostres propostes rebran més o menys consens acadèmic, les canviarem o no segons interessi, si bé hi ha plantejaments que, encara sent de moment minoritaris, ens semblen ineludibles per a condicionar el nou paradigma en formació: el conjunt plural de valors i creences que regularà la nostra professió de historiador al nou segle. Per tot això, la història ens absoldrà, esperem.

En la Xarxa a 11 de setembre de 2001

(Traduït per A.H.I.)

MANIFESTE DE L’HISTOIRE À DÉBAT  

Après huit années de contacts,  réflexions et débats, à travers de congrès, enquêtes et –dans les derniers temps- Internet, nous avons ressenti l’urgence d’expliciter et d’actualiser notre position en dialogue critique avec d’autres courantes historiographiques également développées dans la dernière décennie du siècle dernier : (1) le continuisme des années 60-70, (2) le postmodernisme, et (3) le retour à la vieille histoire, la dernière « nouveauté » historiographique.

Actuellement nous sommes en train de vivre une transition historique et historiographique de résultats encore incertains. Histoire à débat comme tendance historiographique prétend contribuer à la configuration d’un paradigme commun et pluriel des historiens du XXIème siècle qui puisse assurer pour l’histoire et son écriture un nouveau printemps. Pour atteindre ce but, nous avons élaboré 18 propositions méthodologiques, historiographiques et épistémologiques que nous présentons aux historiens et historiennes du monde pour leur débat et, si c’est le cas, leur adhésion critique et postérieur développement.

 

  MÉTHODOLOGIE

 

  I
Science avec sujet

Ni l’histoire objectiviste de Ranke, ni l’histoire subjectiviste de la post-modernité : mais une science avec sujet humain qui découvre le passé au fur et á mesure qu’elle le construit.

Prendre en considération les deux subjectivités qui ont une influence sur notre processus de connaissance, agents historiques et historiens, c’est la meilleure garantie de l’objectivité de ses résultats, nécessairement relatifs et pluriels, donc rigoureux.

C’est le moment où l’historie doit mettre à jour son conception de science, laissant de côté l’objectivisme naïf  hérité du positivisme du XIXème siècle, sans tomber dans le subjectivisme radical ressuscité par le courant post-moderniste de la fin du XXème siècle.

La grandissante confluence entre les « deux cultures », scientifique et humaniste, facilitera dans le siècle qui commence la double redéfinition de l’histoire, dont nous avons besoin, en tant que science sociale et comme une partie des humanités.  

II
Nouvelle érudition

Nous sommes partisans d’une nouvelle érudition qui élargisse la conception de source historique á la documentation non gouvernementale, aux débris non écrits de type matériel, oral ou iconographique, aux non-sources : des silences, des erreurs, et des lacunes que l’historien et l’historienne doivent mettre en valeur, cherchant aussi l’objectivité dans la pluralité des sources.  

Une nouvelle érudition qui s’appuie avec décision sur la connaissance non basée aux sources qu’apporte le chercheur. On construit l’histoire avec des idées, des hypothèses, des explications et des interprétations qui nous aident d’ailleurs à construire/découvrir les sources.

Une nouvelle érudition qui aille au-delà de l’historiographie rénovatrice des années 60 et 70, en incorporant la nouvelle relation avec les sources apportées par l’histoire des femmes, l’histoire orale, l’histoire écologique, l’histoire mondiale/globale et d’autres nouveautés productives émanées et développées dans les années 80 et 90, de même que la « nouvelle historiographie » qui est en train de naître dans l’Internet et de laquelle nous faisons partie.

Une nouvelle érudition qui, en reconnaissant que l’indispensable travail empirique ne décide la vérité historique qu’à travers les communautés d’historiens, développe le débat et le consensus au sein de milieux collectifs.

Bref, une nouvelle érudition qui nous permette de vaincre le « tournant positiviste » et conservateur auquel nous a conduit récemment la crise des grandes écoles historiographiques du siècle dernier et qui menace de faire revenir notre discipline au XIXème siècle.

 

III  
Récupérer l’innovation

C’est urgent un nouveau paradigme qui récupère le prestige académique et social de l’innovation dans les méthodes et les thèmes, dans les questions et les réponses, bref, dans l’originalité des recherches historiques. Une nouvelle historiographie qui regarde en avant et qui rende à l’office d’historien l’enthousiasme par la rénovation et par les compromis historiographiques.

De nouvelles lignes de recherche surgiront si nous pensons avec notre propre tête, en considérant que rien d’historique nous est étranger ; en avançant par la voie du métissage et la convergence des méthodes et des genres, remplissant les vieux outres avec du nouveau vin, depuis la biographie jusqu’à la microhistoire, en faisant attention aux besoins scientifiques et culturels, sociaux et politiques, d’une société sujette à une profonde transformation.  

L’historiographie du XXIème siècle requiert de l’illusion et de la réalité de mises au point authentiquement innovateurs si elle ne veut pas devenir, comme la femme de Lot, une statue en sel.

 

 

IV
Interdiscipline 

La nouvelle historiographie que nous proposons doit accroître l’interdisciplinarité de l’histoire, mais de façon équilibrée : vers l’intérieur de la vaste et diverse communauté d’historiens, renforçant l’unité disciplinaire et scientifique de l’histoire professionnelle ; et vers l’extérieur, élargissant le champ des alliances ça et là des sciences sociales classiques.

Il faut absolument tendre des ponts qui communiquent le vaste archipel qu’est devenue notre discipline dans les dernières décennies. En même temps, l’histoire doit échanger méthodes, techniques et approches méthodologiques, avec les sciences sociales et aussi avec la littérature et la philosophie (surtout celle de l’histoire et de la science), du côté des humanités, et avec les sciences de la nature, du côté des sciences. Sans oublier les disciplines émergentes qui traitent des novelles technologies et de son poids transformateur dans la société, la culture, la politique et la communication.

Si on apprend des expériences passées, il y a trois chemins qu’il faut éviter, dans notre opinion, á fin que l’interdisciplinarité enrichisse l’histoire : 1) poursuivre une impossible « science sociale unifiée » autour d’une autre quelconque discipline, sans amoindrissement du maximale développement interdisciplinaire autant individuel que collectif ; 2) faire du dialogue histoire-sciences sociales l’ordonnance magique pour la « crise de l’histoire », que nous comprenons comme changement de paradigmes ; 3) diluer l’histoire dans un telle ou quelle discipline qui a du succès, comme à présent nous proposent les narrativistes extrêmes en rapport avec la littérature.

 

  V  
Contre la fragmentation

 

L’échec de l’ « histoire totale » des années 60 et 70 a ouvert la voie à une fulgurante fragmentation de thèmes, méthodes et écoles, accompagnée d’accroissement et chaos épistémologique, qui apparemment s’est arrêtée dans les années 90 et qui devient de plus en plus anachronique dans le monde à venir, basé sur l’interrelation et la communication globale.

Notre alternative est d’avancer, dans la pratique historiographique, de nouvelles formes de globalité qui fassent converger la recherche historique en traversant espaces, genres et nivaux d’analyse.

Pour faire possible une histoire tout court, intégrale, il faut donc expérimenter des initiatives de recherche qui adoptent le globale comme point de départ et non pas comme « horizon utopique », des lignes mixtes d’étude en ce qui concerne les sources et les thèmes, les méthodes et les spécialités ; l’incorporation à l’histoire générale des paradigmes spécialisés plus innovateurs ; combiner des approches méthodologiques qualitatives et quantitatives ; articuler des temporalités (qui englobent présent et futur) et des échelles diverses ; scruter la globalité à travers de concepts et méthodes, même potentiellement enveloppantes, comme mentalité et civilisation, société, réseau et changement social, narration et comparaison, et créer d’autres nouveaux ; rechercher l’histoire mondiale comme un nouveau front de l’histoire globale ; se servir des nouvelles technologies pour travailler en même temps avec des écrits, voix et images, joignant recherche et divulgation ; promouvoir la réflexion et le débat, la méthodologie et l’historiographie, comme s’il s’agissait d’un terrain commun à toutes les spécialités historiques et point de contact avec d’autres disciplines.

   

HISTORIOGRAPHIE

VI  
Travail historiographique

En sachant, comme nous le savons, que le sujet a une influence dans les résultats de la recherche, on pose le besoin d’enquêter sur l’historien même en vue de l’objectivité historique. Comment ?. En essayant d’intégrer les individus en groupes, écoles et tendances historiographiques, implicites et explicites, que conditionnent, qu’on le veille ou pas, l’évolution interne de l’histoire écrite. En étudiant les historiens et les historiennes par ce qu’ils font, non seulement par ce qu’ils dissent ; par leur production non seulement par leur discours. En appliquant, avec des nuances, trois concepts clefs  de l’histoire de la science pot-positiviste : « le paradigme » comme ensemble de valeurs comparées ; la « révolution scientifique » comme rupture et continuité disciplinaire ; la « communauté de spécialistes » par son pouvoir de décision, à la fois conditionné par l’entourage social, mental et politique. En pratiquant, en conclusion, une historiographie immédiate qui procure aller en avant des événements historiques qui incident sur le changements historiographiques que nous somme en train de vivre.

VII
Historiographie globale 

 

L’épuisement des foyers nationaux de rénovation du siècle XX a donné passage à une décentralisation historiographique inédite élancée par la globalisation de l’information et du savoir académique et qui a surpassé le vieux eurocentrisme. L’initiative historiographique est à présent plus à la portée de tous. L’essor, par exemple, d’une historiographie latine critique et d’une historiographie post-coloniale en est une preuve. Les communautés transnationales d’historiens, organisées en Internet, jouent déjà un rôle important dans la formation de nouveaux consentements en détriment de l’antérieur système de dépendance de certaines historiographies nationales envers d’autres, et des échanges académiques élitistes, hiérarchiques et lents.

Nous ne comprenons pas la globalisation historiographique comme un processus uniformisant, nous pensons et exerçons l’histoire, et l’histoire de l’histoire, comme des enseignants et des chercheurs, en différents milieux superposés et reliés entre eux : local, régional, national, continental et international/global.


VIII
Autonomie de l’historien

Au fur et à mesure que les projets collectifs du XXème siècle sont entrés en décadence. Sans être encore remplacés par un nouveau paradigme commun, il a grandi d’une manière exagérée l’influence du marché éditorial, des grandes moyens de communication et des institutions politiques, dans l’écriture de l’histoire, dans l’élection de thèmes et méthodes, dans la formulation d’hypothèses et de conclusions, avec un sens chaque fois plus évident de promotion de la vieille histoire des « grandes hommes ».

Récupérer l’autonomie critique des historiens et des historiennes en rapport avec les pouvoirs établis pour décider le comment, le quoi et le pourquoi de la recherche historique, nous exige : reconstruire tendances, associations et communautés qui tournent sur des projets historiographiques au delà des conventionnelles sections académiques ; utiliser l’Internet comme un moyen démocratique et alternatif de communication, publication et diffusion des de propositions et de recherches ; observer l’évolution de l’histoire immédiate, sans tomber dans le « présentisme », pour capter les nécessités historiographiques, présentes et futures, de la société civile locale et globale.  

IX
Reconnaître des tendances

La voie la plus nocive pour imposer la propre tendance historiographique, normalement conservatrice, c’est de nier qu’ils existent ou qu’ils doivent exister des tendances historiographiques. L’imaginaire individuel, les compartiments académiques et les frontières nationales, cachent ce que nous avons en commun, plusieurs fois sans le savoir ou sans le dire par : nos formations, nos lectures, nos filiations et nos attitudes. Nous sommes des partisans et des partisanes, en conséquence de publier les tendances qui sont en action, plus ou moins latentes, plus ou moins organisées, pour clarifier les positions, délimiter débats et faciliter consensus. Une discipline académique sans de tendances, discussion et autoréflexion, est assujettie à des pressions extra-académiques, fréquemment négatives pour son développement. Le compromis historiographique conscient nous fait, en conséquence, libres face à des tiers, rompe l’isolement personnel, corporatif et local, permet la reconnaissance publique et l’utilité scientifique et sociales de notre travail professionnel.

  X
Héritage reçu

Nous nous opposons à faire table rase de l’histoire et de l’historiographie du XXème siècle Le récent retour de l’histoire du XIXème siècle rend utile et convenable de remémorer la critique de laquelle elle fut l’objet des Annales, du marxisme et du néopositivisme, même si c’est juste de reconnaître aussi que le dit « grand retour » met en évidence l’échec partiel de la révolution historiographique du siècle XX dont ces tendances-là ont été protagonistes. L’indispensable bilan, critique et autocritique des avant-gardes historiographiques n’annule pas, en conséquence, leur actualité comme des traditions nécessaires pour la construction du nouveau paradigme. Parce qu’elles symbolisent « l’esprit d’école » et la militance historiographique, de même que l’exemple d’une histoire professionnel ouverte à ce qui est nouveau et au compromis social, traits primordiaux que nous devrons récupérer maintenant dans un autre contexte académique, social et politique, avec des moyens de communication très supérieurs aux existants aux années 60 et 70 du siècle que vient de périmer.

        XI
Historiographie digitale

Les nouvelles technologies sont en train de révolutionner l’accès à la bibliographie et aux sources de l’histoire, en débordant les limitations du papier pour la recherche et la publication, rendant possibles de nouvelles communautés globales d’historiens. Internet est un puissant outil contre la fragmentation du savoir historique si on l’utilise en accord avec son identité et ses possibilités, c’est à dire, comme une forme interactive de transmettre information instantanée de façon horizontale à une grande partie du monde.

Selon notre critère, l’historiographie digitale devra continuer à être complémentaire vis-à-vis de livres et d’autres formes conventionnelles de recherche, diffusion et échange académiques, et vice-versa. Ce nouveau paradigme de la communication sociale ne va pas remplacer, en conséquence, les activités des personnes et leurs institutions séculaires, mais il sera partie d’une manière croissante de la vie académique et sociale réelle.

La généralisation de l’Internet dans le monde universitaire, et l’ensemble de la société, de même que l’éducation informatique des plus jeunes imposeront cette nouvelle historiographie comme un facteur relevant de l’inachevée transition paradigmatique entre le XXème et le XXIème siècles.

  XII
Relais générationnel

Dans la deuxième décennie de ce siècle il y aura un considérable relais générationnel dans le cadre de professeurs et chercheurs, à cause de la retraite de ceux qui sont nés après la II Guerre Mondiale. Entraînera cette transition démographique la consolidation d’un changement avancé de paradigmes ? Nous ne pouvons pas l’assurer.

La génération du 68 a été plus bien une exception. Entre les étudiants universitaires actuels nous contemplons une hétérogénéité historiographique et idéologique comparable à celle existante dans les milieux académiques et dans la société. Nous pouvons rencontrer des historiens et des historiennes âgés qui sont toujours rénovateurs, et des jeunes avec des concepts décimons de l’office d’historien et de leur rapport avec la société. Notre responsabilité comme formateurs d’étudiants qui seront demain des étudiants et des chercheurs est, à ce propos, capitale. Jamais il a été tellement crucial de continuer à expliquer l’histoire avec des méthodologies avancées –aussi par leur autocritique- depuis l’enseignement élémentaire et secondaire jusqu’aux cours de troisième cycle. L’histoire future sera conditionnée par l’éducation qui reçoivent ici et maintenant les historiens futurs : nos élèves.

 

THÉORIE

XIII
Histoire réfléchie

 

Il est essentiel pour l’historien de penser aux thèmes, aux sources et aux méthodes, aux questions et aux réponses, l’intérêt social et les implications théoriques, les conclusions et les conséquences d’une recherche.

Nous sommes contraires à une « division du travail » selon laquelle l’histoire fournit des données et d’autres disciplines réfléchissent sur elles (ou écrivent des récits de large diffusion). Les communautés d’historiens professionnels doivent assumer leur responsabilité intellectuelle essayant de compléter le cycle des études historiques, depuis le travail des archives jusqu’à l’évaluation et la revendication de leurs retentissements sur les sciences sociales et humaines, dans la société et dans la politique.

L’apprentissage des étudiants universitaires d’histoire en ce qui concerne la méthodologie, l’historiographie, la philosophie de l’histoire et d’autres disciplines avec une base théorique, c’est le chemin pour élever la créativité future des recherches historiques, souligner la place de l’histoire dans le système scientifique et culturel, et développer des vocations historiographiques nouvelles et de bonne qualité.

Notre but est que l’historien qui réfléchisse intellectuellement fasse un travail empirique, et que l’historien qui recherche avec des données concrètes réfléchisse avec une certaine profondeur sur ce qu’il fait, en empêchant ainsi la fatale disjonction d’une pratique (positiviste) sans théorie, ou d’une théorie (spéculative) sans pratique. Une plus grande unité de la théorie et de la pratique rendra faisable, d’ailleurs, une plus grande cohérence des historiens et des historiennes, individuellement et collectivement, entre ce qu’on dit, historiographiquement, et ce qu’on fait, empiriquement.

  XIV
Buts de l’histoire

L’accélération historique de la dernière décennie à remplacé le débat sur la «fin de l’histoire » pour le débat sur les « finalités de l’histoire ».

En assumant que l’histoire n’a pas de buts pré-établis et qu’en 1989 a commencé un profond tournant historique, il y a lieu de se demander, aussi à partir de l’histoire académique, où est-ce qu’il nous amène, qui le conduit, en faveur de quels intérêts et quelles sont les alternatives.

Le futur est ouvert. La responsabilité des historiens et des historiennes est de contribuer pour que les sujets de l’histoire construisent des mondes futurs qui garantissent une vie libre et pacifique, pleine et créative, aux hommes et aux femmes de toutes races et nations.

Les communautés d’historiens devront donc de contribuer à construire une « nouvelle illustration » qui, en apprenant des erreurs de l’histoire et de la philosophie, pense théoriquement sur le sens du progrès que la société demande aujourd’hui en assurant aux grandes majorités du Nord et du Sud, de l’Est et de l’Ouest, la jouissance humaine et écologique des avances révolutionnaires de la médicine, la biologie, la technologie et les communications.

   

SOCIÉTÉ

XV
Revendiquer l’histoire

 

Le premier compromis politique des historiens devrait être de revendiquer devant la société et le pouvoir, la fonction éthique de l’histoire, des humanités et des sciences sociales, dans l’éducation des citoyens et dans la formation des consciences communautaires.

L’histoire professionnelle doit combattre les conceptions provinciales et néolibérales qui prétendent encore confronter la technique avec la culture, l’économie et la société, le présent et le passé, le passé et le futur.

Les plus visibles effets des politiques publiques de dévalorisation sociale de l’histoire sont le manque de débuchées professionnelles, le décroissement des vocations et les obstacles à la continuité générationnelle. Les communautés d’historiens nous devons nous approprier des problèmes de travail des jeunes qui étudient l’histoire et qui veulent devenir des historiens, en collaborant à la recherche des solutions capables de revaloriser le métier d’historien et ses conditions de travail et de vie, dans le cadre de la défense et développement de la fonction publique de l’enseignement, l’université et la recherche.

 

  XVI
Compromis

 

Dans ces temps de paradoxaux « retours », nous voulons constater et encourager le « retour au compromis » de nombreux académiciens, aussi des historiens, aux divers endroits du monde avec les causes sociales et politiques liées à la défense des valeurs universelles d’éducation et santé, justice et égalité, paix et démocratie. Attitudes solidaires indispensables pour résister d’autres compromis académiques avec les grands pouvoirs économiques et politiques, médiatiques et éditoriaux. Contrepoids vital, donc, pour conjurer une virtuelle scission de l’écriture académique de l’histoire à l’égard des majorités sociales qui paient avec leurs impôts nos activités d’enseignement et de recherche.

Le nouveau compromis que nous préconisons est divers, critique et avec soif de futur. L’historien et l’historienne doivent combattre, partant de la vérité que nous connaissons, les mythes qui manipulent l’histoire et favorisent le racisme, l’intolérance et l’exploitation de classe, de genre, d’ethnie. En résistant, depuis la connaissance du passé, les futurs indésirables. En coopérant, et rivalisant avec d’autres scientifiques sociaux et humanistes, dans la construction de mondes historiquement meilleurs, comme des professionnels de l’histoire, mais aussi comme des citoyens.

Le rapport de l’historien avec la réalité qui nous entoure passe par son analyse dans un contexte temporel continu. Si on accepte que l’objectivité de la science de l’histoire est inséparable de la subjectivité (plurielle) de l’historien, nous devons conclure qu’il n’existent pas de grandes différences qualitatives entre une histoire immédiate et une histoire médiate, entre une histoire plus contemporaine et une histoire plus ancienne. Tout est histoire, à mesure que nous nous distancions de l’actuel plus grande est la charge que nous devons supporter sur nous, historiens, par l’absence des disciplines plus « présentistes ».

 

XVII
Présent et futur

Notre objet d’étude (hommes, femmes et milieu naturel humanisé) est évidemment dans les passé, mais nous sommes dans le présent, et ces présents sont chargés de futurs. L’historien ne peut pas écrire avec rigueur l’histoire au marge du temps vécu, et de son passage permanent.

Nous contemplons plusieurs niveaux dans la relation de l’historien avec l’immédiat historique : compromis social et politique, thème de recherche, historiographie d’intervention ou critère méthodologique général pour la recherche. Il y a un demi siècle que les fondateurs de l’école des Annales l’ont formulé : « comprendre le passé par le présent, comprendre le présent par le passé ». À présent il faut, d’ailleurs, mettre la même emphase sur l’interrelation passé/futur.

La chute des philosophies finalistes de l’histoire, soient elles socialistes ou capitalistes, a mis de relief un futur plus ouvert que jamais. L’historien doit assumer un papier dans sa définition avec ses expériences et arguments historiques, avec des hypothèses et des paris depuis l’histoire. Édifier le futur sans compter avec l’histoire nous condamnerait à répéter ses erreurs, à nous résigner avec un mal mineur ou à édifier des châteaux dans l’air.

 

XVIII
Nouveau paradigme

 

L’historiographie dépend des historiens et de l’histoire immédiate. Le changement de paradigmes historiographiques que nous sommes en train de proposer, depuis 1993, chevauche sur les changements historiques initiés depuis 1989. Entre décembre 1999 (Seatle) et juillet 2001 (Gênes) nous avons observé les débuts d’un mouvement global sans précédents, contre les ravages de la globalisation, qui cherche déjà alternatives de société : la pensée unique est maintenant moins unique. Ils sont nombreux ceux qui traitent de changement de civilisation la globalisation et ses critiques, la société de l’information, la nouvelle révolution scientifique-technologique et le mouvement social global ; il n’est pas facile d’entrevoir ce que nous dépare le demain mais il y a des raisons pour l’espoir. Nous tous devons collaborer.

Histoire à débat est une partie active de ce processus transformateur : nous voulons changer l’histoire qui s’écrit et contribuer à changer l’histoire humaine. Selon l’évolution du débat historiographique, et l’histoire plus immédiate, nos propositions recevront plus ou moins consensus académique, nous les changerons ou non selon l’intérêt général, si bien il y a des façons de penser que même s’ils sont pour le moment minoritaires elles nous semblent inéluctables pour conditionner de manière critique le nouveau paradigme en formation : l’ensemble pluriel de valeurs et croyances qui va régler notre profession d’historien dans le nouveau siècle. Pour tout ça, nous espérons, que l’histoire nous absolve.

Dans le réseau, 11 de septembre 2001. (Traduit par Micheline Cariño)

MANIFESTO HISTORIA A DEBATE

Depois de oito anos de contactos, reflexões e debates, através de congressos, questionários e ultimamente pela Internet, sentimos urgência em explicitar e actualizar a nossa posição no diálogo crítico com outras correntes historiográficas,  desenvolvidas na última década do século XX: (1) a continuidade dos anos 60-70; (2) o pós-modernismo; e (3) o retorno à   velha história, a última “novidade” historiográfica.

Estamos a viver uma transição histórica e historiográfica de resultados ainda incertos. Historia a Debate, como tendência historiográfica, quer contribuir para a configuração de um paradigma comum e plural dos historiadores do século XXI que assegure para a história e para a sua escrita um novo tempo. Com este objectivo elaborámos 18 propostas metodológicas, historiográficas e epistemológicas, que apresentamos aos historiadores e historiadoras de todo o mundo para debate e para, no caso  de concordarem, aderirem  criticamente a elas e desenvolvê-las posteriormente.

METODOLOGIA

I
Ciência com sujeito

Nem a história objectivista de Ranke, nem a história subjectivista da pós-modernidade: uma ciência com sujeito humano que descobre o passado à medida que o constrói. Levar em consideração as subjectividades que influem no nosso processo de conhecimento, dos agentes históricos e historiadores, é a melhor garantia de objectividade dos seus resultados, necessariamente relativos e plurais; consequentemente, rigorosos. Chegou o momento da história actualizar o seu conceito de ciência, abandonando o objectivismo ingénuo herdado do positivismo do século XIX, sem cair no extremo subjectivismo ressuscitado pela corrente pós-moderna no final do século XX. A crescente confluência entre as “duas culturas”, a científica e a humanística, facilitará, no século que começa, a dupla redefinição da história, como ciência social e como parte das humanidades.

 

 

II
Nova erudição

Somos partidários de uma nova erudição que alargue o conceito de fonte histórica para além da documentação oficial, alcançando os registos não-escritos de tipo material, oral ou iconográfico, e as “’não-fontes’, como os silêncios, erros e lacunas, que o historiador e a historiadora terão que valorizar, procurando a objectividade na pluralidade das fontes”. Uma nova erudição que se apoie, com decisão,  no conhecimento não baseado exclusivamente em fontes. A história faz-se com ideias, hipóteses, explicações e interpretações, que nos ajudam a descobrir e a construir as fontes. Uma nova erudição que incorpore a nova relação com as fontes trazida pela historiografia renovadora dos anos 60 e 70, a  história das mulheres, a história oral, a história ecológica, a história mundial/global e noutras novidades surgidas ou desenvolvidas nos anos 80 e 90,  como a “nova historiografia” que está a  nascer na Internet e da qual fazemos parte. Uma nova erudição que, mesmo reconhecendo a necessidade do trabalho empírico, sabe que ele não decide a verdade histórica, e que por meio das comunidades de historiadores desenvolva o debate e novos consensos. Uma nova erudição, em suma, que nos permita vencer o “retorno positivista” e conservador a que nos conduziu, recentemente, à crise das grandes escolas historiográficas do século passado, e que ameaça devolver a nossa disciplina ao século XIX.

III
Recuperar a inovação

Urge construir um novo paradigma que recupere o prestígio académico e social da inovação  nos métodos, nos temas, nas perguntas e nas respostas, em resumo, na originalidade das investigações históricas. Uma nova historiografia que devolva ao ofício do historiador o entusiasmo pela renovação e pelos compromissos historiográficos. Surgirão novas linhas de investigação se pensarmos com a nossa própria cabeça considerando que nada do que é histórico nos é alheio; avançando mediante a mestiçagem  e convergência de métodos e géneros; enchendo os velhos tonéis com vinho novo, desde a biografia até à micro-história; prestando atenção às  necessidades científicas, culturais sociais e políticas, de uma sociedade sujeita a uma profunda transformação.  A historiografia do século XXI precisa da ilusão e da realidade de enfoques autenticamente inovadores, se não pretende transformar-se, como a mulher de Lot, numa estátua de sal.

IV
Interdisciplinaridade

A nova historiografia que propomos há-de alargar a interdisciplinaridade, ainda que de maneira equilibrada: internamente, na ampla e diversa comunidade de historiadores, reforçando a unidade disciplinar e científica da história profissional; e, externamente, estendendo o campo de alianças, para além das ciências sociais clássicas. Será importante criar pontes que ponham em comunicação o vasto arquipélago em que se converteu a nossa disciplina nas últimas décadas. Ao mesmo tempo, a história terá que trocar métodos, técnicas e enfoques, para além das ciências sociais, com a literatura e com a filosofia (da história e da ciência, sobretudo),  do  lado das humanidades; e com as ciências da natureza, pelo lado das ciências. Sem esquecer as disciplinas emergentes que tratam das novas tecnologias e do seu impacto transformador na sociedade, na cultura, na política e na comunicação.  Aprendendo com as experiências passadas, três caminhos devem ser evitados,  na nossa opinião, para que a interdisciplinaridade enriqueça a história: 1) tentar construir uma impossível  “ciência social unificada”, centrada numa disciplina, menosprezando  o desenvolvimento interdisciplinar individual e colectivo; 2) fazer do diálogo entre a história e as ciências sociais a receita mágica para a “crise da história”, que entendemos como mudança de paradigmas; 3) diluir a história numa disciplina com sucesso, como nos propõem  hoje em dia os narrativistas extremos em relação à literatura.

V
Contra a fragmentação

O fracasso da “história total” dos nos 60 e 70 abriu caminho para uma fulgurante fragmentação de temas, métodos e escolas, acompanhada  do crescimento e do caos epistemológico, que pareceu deter-se nos anos 90 e que resulta cada vez mais anacrónico no mundo de hoje, baseado na inter-relação e na comunicação global. A nossa alternativa é avançar na prática historiográfica, com novas formas de globalidade que façam convergir na investigação histórica  diferentes espaços, géneros e níveis de análises. Para tornar possível uma história integral com esse perfil, há necessidade de experimentar, novas iniciativas de investigação que adoptem o global como ponto de partida, e não como “horizonte utópico”, formas ainda raras  no  nosso meio: é preciso experimentar linhas mistas de estudo de fontes e temas, métodos e especialidades; incorporar a história geral em  paradigmas especializados mais inovadores; combinar enfoques qualitativos e quantitativos; articular temporalidades (que englobem presente e futuro) e escalas diversas; compreender a globalidade por meio de conceitos e métodos, ainda potencialmente abrangentes, como mentalidades e civilização, sociedade,  rede e mudança social, narração e comparação, e criar outros novos; questionar a história mundial como uma nova frente da história global; servir-se das novas tecnologias para trabalhar com os registos escritos, vozes e imagens, combinando investigação e divulgação; impulsionar a reflexão e o debate, a metodologia e a historiografia, como terreno comum a todas as especialidades históricas e ponto de contacto com outras disciplinas.

 

HISTORIOGRAFIA

VI
Trabalho historiográfico

Sabendo como o sujeito influi nos resultados da investigação, apresenta-se então a necessidade de questionar o problema da objectividade histórica. Como? Procurando integrar os indivíduos em grupos, escolas e tendências historiográficas, implícitas e explícitas, que condicionam, quer se queira ou não, a evolução interna da história escrita.  Estudando  os historiadores e as historiadoras pelo que fazem e não apenas pelo que dizem, analisando a sua produção e não apenas o seu discurso. Aplicando, com matizes, três conceitos-chave da história da ciência pós-positivista: o “paradigma” como conjunto de valores compartilhados; a “revolução científica” como ruptura e continuidade disciplinar; a “comunidade de especialistas”, pelo seu poder decisório, que por sua vez é condicionado pelo meio social, mental e político. Praticando, em suma, uma historiografia imediata, que procure ir à frente dos acontecimentos históricos que incidem nas mudanças historiográficas que estamos a viver.

VII
Historiografia global

O esgotamento dos enfoques nacionais deu um passo decisivo no século XX no sentido da descentralização historiográfica, impulsionada pela globalização da informação e do saber académico, superando o velho eurocentrismo. A iniciativa historiográfica está hoje mais ao alcance de todos. O crescimento, por exemplo, de uma historiografia latina crítica e de uma historiografia pós-colonial, revela esse novo quadro.  As comunidades transnacionais de historiadores, organizadas na Internet, já desempenham um papel importante na formação de novos consensos, em detrimento do anterior sistema de dependência de umas  historiografias nacionais em relação a outras e de intercâmbios académicos elitistas, hierárquicos  e  lentos. Não entendemos a globalização historiográfica como um processo unificador, pensamos e fazemos a história, e a história da história, como docentes e investigadores em diversas escalas sobrepostas e interrelacionadas: local, regional, nacional, continental e internacional/global.

VIII
Autonomia do historiador

À medida que os projectos colectivos do século XX foram entrando em decadência, sem serem substituídos por um novo paradigma comum, cresceu de maneira exagerada a influência do mercado editorial, dos grandes meios de comunicação e das instituições políticas, na escrita da história, na escolha de temas e métodos, na formulação de hipóteses e conclusões, com um sentido cada vez mais evidente de promoção da velha história dos “grandes homens”. Recuperar a autonomia crítica dos historiadores e historiadoras, em relação aos poderes estabelecidos para decidirmos o como, o quê, o por quê, da investigação histórica, exige-nos: reconstruir tendências, associações e comunidades que girem em torno de projectos historiográficos,  para além das convencionais áreas académicas; utilizar Internet como meio democrático e alternativo de comunicação, publicação e difusão de propostas e investigações; observar a evolução da história imediata, sem cair no presentismo, para captar as necessidades historiográficas, presentes e futuras, da sociedade civil local e global.

IX
Reconhecer tendências

A via mais nociva, e normalmente conservadora, para impor uma tendência historiográfica é negar que existam ou que devam existir tendências historiográficas. O imaginário individualista, os compartimentos académicos e as fronteiras nacionais ocultam o que temos em comum, muitas vezes sem saber: a formação, as leituras, filiações e atitudes. Somos partidários e partidárias, por conseqüência, da identificação  das tendências actuantes, mais ou menos latentes, mais ou menos organizadas, para esclarecer posições, delimitar debates e facilitar consensos. Uma disciplina académica sem tendências, discussão e auto-reflexão está sujeita a pressões extra-académicas, com frequência negativas para seu desenvolvimento. O compromisso historiográfico consciente faz-nos, portanto, livres em face de terceiros, rompe o isolamento individual, corporativo e local, favorece o reconhecimento público e a utilidade científica e social do nosso trabalho profissional.

X

Herança recebida

Opomo-nos a fazer tábua rasa da história e da historiografia do século XX. O recente retorno da história do século XIX torna útil e conveniente rememorar a crítica de que ela foi objecto por parte dos Annales, do marxismo e do neopositivismo, embora também seja justo reconhecer que o dito “grande retorno” coloca em evidência o fracasso parcial da revolução historiográfica do século XX que essas tendências protagonizaram.  O imprescindível balanço, crítico e autocrítico, das vanguardas historiográficas não anula, por conseguinte, a sua actualidade como tradições necessárias para a construção do novo paradigma. Sobretudo porque simbolizam o “espírito de escola” e de militância historiográfica, assim como revelam o exemplo de uma história profissional aberta ao novo  compromisso social, traços primordiais que teremos que recuperar agora noutro contexto académico, social e político, com meios de comunicação muito mais avançados do que os existentes nos anos 60 e 70 do século passado.

XI
Historiografia digital

As novas tecnologias estão a revolucionar o acesso à bibliografia e às fontes da história, ultrapassando os limites do papel tanto para a investigação como para a publicação, possibilitando o aparecimento de novas comunidades globais de historiadores. A Internet é uma poderosa ferramenta contra a fragmentação do saber histórico se for utilizada de acordo com sua identidade e possibilidades, isto é, como uma forma interactiva de transmitir informação instantânea de maneira horizontal a várias partes do mundo. Segundo o nosso critério, a historiografia digital deverá ser complementada com livros e outras formas convencionais de investigação, difusão e intercâmbio académicos, e vice-versa. Este novo paradigma da comunicação social não vai substituir, consequentemente, as actividades presenciais e as suas instituições seculares, mas formará parte, de uma maneira crescente, da vida académica e social real. A generalização da Internet no mundo universitário, e no conjunto da sociedade, assim como a educação informatizada dos jovens, tornará esta nova historiografia um factor  relevante da inacabada transição paradigmática entre o século XX e o XXI.

XII
Mudança de gerações

Na segunda década do século XXI haverá uma considerável mudança de gerações no quadro de professores e investigadores em virtude da aposentação dos que nasceram depois da II Guerra Mundial. Esta transição demográfica significará a consolidação de um paradigma historiográfico mais avançado? Não se pode assegurar. A geração de 68 foi uma excepção. Entre os actuais estudantes universitários encontramos uma heterogeneidade historiográfica e ideológica semelhante à encontrada na academia e na sociedade. Isso significa que se podem encontrar  historiadores e historiadoras mais velhos que continuam a ser renovadores, e  jovens com conceitos e concepções sobre o ofício do historiador ainda vinculados ao século XIX.  A nossa responsabilidade como formadores de estudantes que amanhã serão professores e investigadores é capital. Nunca foi tão crucial continuar a explicar a história com perspectivas  avançadas – também pela sua autocrítica – desde o ensino básico e médio até os cursos de  pós-graduação A história futura estará condicionada pela educação que recebem aqui e agora os futuros historiadores: os nossos alunos.

 

TEORIA

XIII
História pensada

É essencial para o historiador reflectir sobre o seu tema, as fontes e os métodos, as perguntas e as respostas, o interesse social e as implicações teóricas, as conclusões e as consequências da sua investigação. Somos contrários a uma “divisão do trabalho” segundo a qual a  história fornece os dados, enquanto as outras disciplinas os analisam (ou escrevem relatos de ampla difusão). As comunidades de historiadores profissionais têm de assumir a sua responsabilidade intelectual, tratando de completar o ciclo dos estudos históricos, desde o trabalho de arquivo até a valorização e reivindicação do seu impacto nas ciências sociais e humanas, na sociedade e na política. A aprendizagem dos estudantes universitários de história em questões de  metodologia, historiografia, filosofia da história e outras disciplinas com base teórica, é o caminho para elevar a futura criatividade das investigações históricas, destacar o lugar da história no sistema científico e cultural e fomentar novas e boas vocações historiográficas. O nosso objectivo é que o historiador reflicta intelectualmente sobre o trabalho empírico, e que o historiador que investiga dados concretos pense com alguma profundidade sobre o que faz, erradicando  assim a fatal separação de uma prática (positivista) sem teoria ou de uma teoria (especulativa) sem prática. Uma maior unidade entre a teoria e a prática tornará  possível a maior coerência de historiadores e historiadoras, individual e colectivamente, entre o que se diz historiograficamente e o que se faz empiricamente.

XIV
Fins da História

A aceleração da história na última década substituiu o debate sobre o “fim da história” pelo debate sobre os “fins da história”. Assumindo que a história não tem metas pré-estabelecidas, e que, o ano de 1989 deu  início a uma profunda viragem histórica, cabe perguntar,  na perspectiva da história académica, aonde nos leva este processo, quem o conduz, em favor de que interesses e quais são as alternativas. O futuro está aberto. É responsabilidade dos historiadores e historiadoras ajudar os sujeitos da história a construir o futuro que garanta uma vida livre e pacífica, plena e criativa, aos homens e mulheres de todas as etnias e nações. As comunidades de historiadores têm de contribuir, pois, com a construção de uma “Nova Ilustração” que, aprendendo com os erros da história e da filosofia, pense teoricamente sobre o sentido do progresso que hoje a sociedade procura, e assegure que a grande maioria das populações do Norte e Sul, do Leste e Oeste, desfrutem dos avanços revolucionários da medicina, da biologia, da tecnologia e das comunicações.

 

SOCIEDADE

XV
Reivindicar a história

O primeiro compromisso político dos historiadores deveria ser o de reivindicar, junto da sociedade e do poder, a função ética da história, das humanidades e das ciências sociais,  e  a sua importância na educação dos cidadãos e na formação das consciências comunitárias. A história profissional tem de combater aquelas concepções provincianas e neoliberais que ainda pretendem por em confronto técnica com cultura, economia com sociedade, presente com passado, passado com futuro. Os efeitos mais notórios das políticas públicas de desvalorização social da história são a falta de saídas profissionais, o decréscimo de vocações e os obstáculos à continuidade geracional. As comunidades de historiadores devem tomar como seus os problemas laborais dos jovens que estudam e querem ser historiadores, cooperando na busca de soluções que passam pela revalorização do oficio de historiador e das suas condições de trabalho e de vida, e pela defesa e desenvolvimento da função pública da educação, da universidade e da investigação científica.

XVI
Compromisso

Em tempos de “retornos” paradoxais, queremos constatar e incentivar o “retorno ao compromisso” de numerosos académicos, também historiadores, em diversos lugares do mundo, com as causas sociais e políticas vinculadas à defesa de valores universais como o direito à educação, à saúde, justiça, igualdade, paz e democracia. Atitudes solidárias indispensáveis para compensar os compromissos académicos com os grandes poderes económicos e políticos, mediáticos e editoriais. Contrapeso vital, portanto, para erradicar um virtual distanciamento da escrita académica da história em relação às maiorias sociais que financiam com os seus impostos a nossa actividade docente e de pesquisa.  O novo compromisso que preconizamos é diferente, crítico e com aspiração ao futuro. O historiador e a historiadora terão de combater,  com base na verdade que conhecemos aqueles mitos que manipulam a história e fomentam o racismo, a intolerância e a exploração de classe, género, etnia. Resistindo, a partir do conhecimento do passado, aos indesejáveis futuros. Cooperando e rivalizando, com outros cientistas sociais e humanistas, na construção de mundos historicamente melhores, como profissionais da história, mas também como cidadãos. A relação do historiador com a realidade que o rodeia passa pela sua análise em um contexto temporal contínuo. Se se aceita que a objectividade da ciência da história é inseparável da subjetividade (plural) do historiador, devemos concluir que não existem grandes diferenças qualitativas entre uma história  imediata e uma história mediata, entre uma história mais contemporânea e uma história mais antiga. Tudo é história, se bem que quanto mais nos distanciamos da actualidade, maior é a nossa responsabilidade, até pela ausência das disciplinas que se dedicam ao estudo do  presente.

XVII
Presente e futuro

O nosso objeto de estudo (homens, mulheres e meio natural humanizado) está evidentemente no passado, mas nós estamos no presente, e esse presente está  impregnado de futuros. O historiador não pode escrever a história com rigor à margem do tempo vivido e do seu fluir permanente. Integramos vários níveis de relação entre o historiador e a história imediata: compromisso social e político, tema de investigação, historiografia de intervenção ou critério metodológico geral para a investigação. Faz meio século que os fundadores da escola dos Annales formularam a ideia: “compreender o passado pelo presente, compreender o presente pelo passado”. Hoje é preciso pôr a mesma enfase na inter-relação passado/futuro. O descrédito das filosofias finalistas da história, sejam as socialistas ou as capitalistas, pôs em destaque um futuro mais aberto do que nunca. O historiador terá que assumir algum papel na sua definição, com as suas experiências e argumentos históricos, com hipóteses e apostas na história. Construir o futuro sem contar com a História condenar-nos-ia a repetir os seus erros, a resignarmo-nos com o mal menor ou a construir castelos de areia.

XVIII
O novo paradigma

A historiografia depende dos historiadores e da história imediata. A mudança de paradigmas historiográficos que propomos, desde 1993, caminha na senda das aceleradas transformações históricas iniciadas em 1989. Entre dezembro de 1999 (Seattle) e julho de 2001 (Genova) observamos o início de um movimento global, sem precedentes, contra os estragos da globalização que procura já outras alternativas: o pensamento único é agora menos único. São muitos os que qualificam hoje a globalização como uma mudança de civilização, a sociedade da informação, a nova revolução científico-tecnológica e os movimentos sociais globais: no entanto, não é fácil entrever o que nos prepara o futuro, mas há razões para esperança. Todos devemos colaborar. História a Debate é parte activa deste processo transformador: queremos mudar a história que se escreve e colaborar nas mudanças da história humana. De acordo com a evolução do debate historiográfico e da história mais imediata, as nossas propostas receberam mais ou menos consenso académico, porém, existem posições que, embora ainda sejam minoritárias no momento,  parece-nos ser inevitável considerá-las criticamente para a formação do novo paradigma: o conjunto plural de valores e crenças que vão regular a  nossa profissão de historiador no novo século. Por ele a história nos absolverá, esperamos.

Na rede a 11 de Setembro de 2001 (trad. Margarida Sobral Neto, Universidade de Coimbra1)

MANIFESTO DE HISTORIA A DEBATE

Depois de oito anos de contatos, reflexões e debates, por meio de congressos, questionários e ultimamente pela Internet, sentimos urgência em explicitar e atualizar nossa posição no diálogo crítico com outras correntes historiográficas,  desenvolvidas na última década do século XX: (1) o continuísmo dos anos 60-70; (2) o pós-modernismo; e (3) o retorno à   velha história, a última “novidade” historiográfica.

Estamos vivendo uma transição histórica e historiográfica de resultados ainda incertos. Historia a Debate, como tendência historiográfica, quer contribuir para a configuração de um paradigma comum e plural dos historiadores do século XXI que assegure para a história e sua escritura um novo tempo Para tal fim elaboramos 18 propostas metodológicas, historiográficas e epistemológicas, que apresentamos aos historiadores e historiadoras do mundo todo para debate e para, no caso  de concordarem com elas aderirem  criticamente a elas e desenvolvê-las posteriormente.

METODOLOGIA

I
Ciência com sujeito

Nem a história objetivista de Ranke, nem a história subjetivista da pós-modernidade: uma ciência com sujeito humano que descobre o passado conforme o constrói. Levar em consideração as subjetividades que influem em nosso processo de conhecimento, dos agentes históricos e historiadores, é a melhor garantia de objetividade de seus resultados, necessariamente relativos e plurais; conseqüentemente, rigorosos. Chegou o momento da história atualizar seu conceito de ciência, abandonando o objetivismo ingênuo herdado do positivismo do século XIX, sem cair no extremo subjetivismo ressuscitado pela corrente pós-moderna ao final do século XX. A crescente confluência entre as “duas culturas”, a científica e a humanística, facilitará, no século que começa, a dupla redefinição da história, como ciência social e como parte das humanidades .

II
Nova erudição

Somos partidários de uma nova erudição que amplie o conceito de fonte histórica para além da documentação oficial, alcançando os registros não-escritos de tipo material, oral ou iconográfico, e as “’não-fontes’, como os silêncios, erros e lacunas, que o historiador e a historiadora terão que valorizar, procurando a objetividade na pluralidade das fontes”. Uma nova erudição que se apóie com decisão no conhecimento não baseado exclusivamente em fontes. A história se faz com idéias, hipóteses, explicações e interpretações, que nos ajudam a descobrir e a construir as fontes. Uma nova erudição que incorpore a nova relação com as fontes trazida pela historiografia renovadora dos anos 60 e 70, vista na  história das mulheres, na história oral, na história ecológica, na história mundial/global e em outras novidades produtivas surgidas ou desenvolvidas nos anos 80 e 90,  como a “nova historiografia” que está nascendo na Internet e da qual fazemos parte. Uma nova erudição que, mesmo reconhecendo a necessidade do trabalho empírico, sabe que ele não decide a verdade histórica, e que por meio das comunidades de historiadores desenvolva o debate e novos consensos. Uma nova erudição, em suma, que nos permita vencer o “retorno positivista” e conservador a que nos conduziu, recentemente, à crise das grandes escolas historiográficas do século passado, e que ameaça devolver nossa disciplina ao século XI

III
Recuperar a inovação

Urge construir um novo paradigma que recupere o prestígio acadêmico e social da inovação nos métodos, nos temas, nas perguntas e nas respostas, em resumo, na originalidade das investigações históricas. Uma nova historiografia que devolva ao ofício do historiador o entusiasmo pela renovação e pelos compromissos historiográficos. Surgirão novas linhas de investigação se pensarmos com nossa própria cabeça considerando que nada do que é histórico nos é alheio; avançando mediante a combinação  e convergência de métodos e gêneros; preenchendo os velhos tonéis com vinho novo, desde a biografia até a micro-história; prestando atenção às  necessidades científicas, culturais sociais e políticas, de uma sociedade sujeita a profundas transformações.  A historiografia do século XXI precisa da ilusão e da realidade de enfoques autenticamente inovadores, se não pretende transformar-se, como a mulher de Lot, em uma estátua de sal.

IV
Interdisciplinar

A nova historiografia que propomos será interdisciplinar, porém de maneira equilibrada: internamente, na ampla e diversa comunidade de historiadores, reforçando a unidade disciplinar e científica da história profissional; e, externamente, estendendo o campo de alianças, procurando aproximar-se das ciências sociais clássicas. Será importante criar pontes que criem intercâmbios no vasto arquipélago que se converteu nossa disciplina nas últimas décadas. Ao mesmo tempo, a história terá que intercambiar métodos, técnicas e enfoques, além das ciências sociais, com a literatura e com a filosofia (da história e da ciência, sobretudo), do lado das humanidades; e com as ciências da natureza, pelo lado das ciências. Sem esquecer as disciplinas emergentes que tratam das novas tecnologias e de seu impacto transformador na sociedade, na cultura, na política e na comunicação.

Aprendendo com as experiências passadas, três caminhos devem ser evitados em nossa opinião, para que a interdisciplinaridade enriqueça a história: 1) perseguir uma impossível “ciência social unificada”, centrada em qualquer outra disciplina, menosprezando  o desenvolvimento interdisciplinar individual e coletivo; 2) fazer do diálogo entre história e ciências sociais a receita mágica para a “crise da história”, que entendemos como mudança de paradigmas; 3) diluir a história em uma ou outra disciplina, como nos propõe hoje em dia os narrativistas extremos em relação à literatura.

V
Contra a fragmentação

O fracasso da “história total” dos nos 60 e 70 abriu caminho para uma fulgurante fragmentação de temas, métodos e escolas, acompanhada  do crescimento e do caos epistemológico, que pareceu se deter nos anos 90 e que resulta cada vez mais anacrônica no mundo que surge, baseado na inter-relacão e comunicação global. Nossa alternativa é avançar na prática historiográfica, com novas formas de globalidade que façam convergir na investigação histórica  diferentes espaços, gêneros e níveis de análises. Para tornar possível uma história integral com esse perfil, há necessidade de experimentar, pois, novas iniciativas de investigação que adotem o global como ponto de partida, e não como “horizonte utópico”, formas ainda raras em nosso meio: é preciso experimentar linhas mistas de estudo de fontes e temas, métodos e especialidades; incorporar a história geral em  paradigmas especializados mais inovadores; combinar enfoques qualitativos e quantitativos; articular temporalidades (que englobem presente e futuro) e escalas diversas; compreender a globalidade por meio de conceitos e métodos, ainda potencialmente abrangentes, como mentalidades e civilização, sociedade, rede e mudança social, narração e comparação, e criar outros novos; questionar a história mundial como uma nova frente da história global; servir-se das novas tecnologias para trabalhar com as escritas, vozes e imagens, combinando investigação e divulgação ; impulsionar a reflexão e o debate, a metodologia e a historiografia, como terreno comum a todas as especialidades históricas e ponto de contato com outras disciplinas.

HISTORIOGRAFIA

VI
Tarefa historiográfica

Sabendo como o sujeito influi nos resultados da investigação, se apresenta então a necessidade de questionar e compreender o próprio historiador nos limites da objetividade histórica. Como? Procurando integrar os indivíduos em grupos, escolas e tendências historiográficas, implícitas e explícitas, que condicionam, queira ou não, a evolução interna da história escrita. Nesse sentido, deve-se estudar  os historiadores e historiadoras pelo que fazem e não apenas pelo que dizem, e analisando sua produção, não apenas seu discurso. Para alcançar tal objetivo, deve-se aplicar, com matizes, três conceitos-chave da história da ciência pós-positivista: o “paradigma” como conjunto de valores compartilhados; a “revolução científica” como ruptura e continuidade disciplinar; a “comunidade de especialistas”, por seu poder decisório, que por sua vez é condicionado pelo entorno social, mental e político. Praticando, em suma, uma historiografia imediata, que procure ir mais adiante dos acontecimentos históricos que incidem nas mudanças historiográficas que estamos vivendo.

VII
Historiografia global

O esgotamento dos enfoques nacionais deu um passo decisivo no século XX no sentido da descentralização historiográfica, impulsionada pela globalização da informação e do saber acadêmico, além de superar o velho eurocentrismo. A iniciativa historiográfica está hoje mais ao alcance de todos: o crescimento, por exemplo, de uma historiografia latina crítica e de uma historiografia pós-colonial, revela esse novo quadro.  As comunidades transnacionais de historiadores, organizadas na Internet, já têm papel importante na formação de novos consensos, indo de encontro ao anterior sistema de dependência, baseado em uma ou outra historiografia nacional e em intercâmbios acadêmicos elitistas, hierárquicos e lentos. Não entendemos a globalização historiográfica como um processo unificador; pensamos e exercemos a história, e a história da história, como docentes e investigadores inter-relacionados em diversos níveis: local, regional, nacional, continental e internacional/global.

VIII
Autonomia do historiador

Conforme os projetos coletivos do século XX foram entrando em decadência, sem que ainda um novo paradigma comum surgisse, cresceu de maneira exagerada a influência do mercado editorial, dos grandes meios de comunicação e das instituições políticas, na escrita da história, na escolha de temas e métodos, na formulação de hipóteses e conclusões, com um sentido cada vez mais evidente de promoção da velha história dos “grandes homens”. Portanto, é preciso recuperar a autonomia crítica dos historiadores e historiadoras em relação aos poderes estabelecidos para decidirmos como, o quê, por quê, e em que a investigação histórica nos exige: reconstruir tendências, associações e comunidades que girem em torno de projetos historiográficos, para além das convencionais áreas acadêmicas; utilizar Internet como meio democrático e alternativo de comunicação, publicação e difusão de propostas e investigações; observar a evolução da história imediata, sem cair no presentismo, para captar as necessidades historiográficas, presentes e futuras, da sociedade civil local e global.

IX
Reconhecer tendências

A via mais nociva, e normalmente conservadora, para impor a própria tendência historiográfica é negar que existam ou que devam existir tendências historiográficas. O imaginário individualista, os compartimentos acadêmicos e as fronteiras nacionais ocultam o que temos em comum muitas vezes sem saber: a formação, as leituras, filiações e atitudes. Somos partidários e partidárias, por conseqüência, da identificação  das tendências atuantes, mais ou menos latentes, mais ou menos organizadas, para esclarecer posições, delimitar debates e facilitar consensos. Uma disciplina acadêmica sem tendências, discussão e auto-reflexão está sujeita a pressões extra-acadêmicas, com freqüências negativas para seu desenvolvimento. O compromisso historiográfico consciente nos faz, portanto, livres em face de terceiros, rompe o isolamento individual, corporativo e local, favorece o reconhecimento público e a utilidade científica e social de nosso trabalho profissional.

X

Herança recebida

Nós nos opomos a fazer tábua rasa da história e da historiografia do século XX. O recente retorno da história do século XIX torna útil e conveniente rememorar a crítica de que ela foi objeto por parte dos Annales, do marxismo e do neopositivismo, embora também seja justo reconhecer que o dito “grande retorno” coloca em evidência o fracasso parcial da revolução historiográfica do século XX que essas tendências protagonizaram.  O imprescindível balanço, crítico e autocrítico, das vanguardas historiográficas não anula, por conseguinte, sua atualidade como tradições necessárias para a construção do novo paradigma. Sobretudo porque simbolizam o “espírito de escola” e de militância historiográfica, assim como revelam o exemplo de uma história profissional aberta ao novo compromisso social, traços primordiais que teremos que recuperar agora em outro contexto acadêmico, social e político, com meios de comunicação muito mais avançados do que os existentes nos anos 60 e 70 do século passado..

XI
Historiografia digital

As novas tecnologias estão revolucionando o acesso à bibliografia e às fontes da história, ultrapassando os limites do papel tanto para a investigação como para a publicação, possibilitando o surgimento de novas comunidades globais de historiadores. A Internet é uma poderosa ferramenta contra a fragmentação do saber histórico se for utilizada de acordo com sua identidade e possibilidades, isto é, como uma forma interativa de transmitir informação instantânea de maneira horizontal a várias partes do mundo. Segundo nosso critério, a historiografia digital deverá seguir sendo complementada com livros e demais formas convencionais de investigação, difusão e intercâmbio acadêmicos, e vice-versa. Este novo paradigma da comunicação social não vai substituir, conseqüentemente, as atividades presenciais e suas instituições seculares, mas formará parte de uma maneira crescente da vida acadêmica e social real. A generalização da Internet no mundo universitário, e no conjunto da sociedade, assim como a educação informatizada dos jovens, tornará esta nova historiografia um fator relevante da inacabada transição paradigmática entre o século XX e o XXI.

XII
Revezamento de Gerações

Na segunda década do século XXI haverá um considerável revezamento de gerações no quadro de professores e investigadores em virtude da aposentadoria daqueles nascidos depois da Segunda Guerra Mundial. Esta transição demográfica significará a consolidação de um paradigma historiográfico mais avançado? Não se pode assegurar. A geração de 68 foi uma exceção. Entre os atuais estudantes universitários encontramos uma heterogeneidade historiográfica e ideológica semelhante à encontrada na academia e na sociedade. Isso significa que se pode encontrar  historiadores e historiadoras mais velhos que seguem sendo renovadores, e jovens com conceitos e concepções sobre o ofício do historiador ainda vinculados ao século XIX.  Nossa responsabilidade como formadores de estudantes que amanhã serão professores e investigadores é capital. Nunca foi tão crucial continuar explicando a história com enfoques avançados – também por sua autocrítica – desde o ensino básico e médio até os cursos de pós-graduação A história futura estará condicionada pela educação que recebem aqui e agora os futuros historiadores: nossos alunos.

 

TEORIA

XIII
História pensada

É essencial para o historiador pensar seu tema, as fontes e os métodos, as perguntas e respostas, o interesse social e as implicações teóricas, as conclusões e as conseqüências de sua investigação. Somos contrários a uma “divisão do trabalho” segundo a qual a história fornece os dados, enquanto as outras disciplinas os analisam (ou escrevem relatos de ampla difusão). As comunidades de historiadores profissionais têm de assumir sua responsabilidade intelectual, tratando de completar o ciclo dos estudos históricos, desde o trabalho de arquivo até a valorização e reivindicação de seu impacto nas ciências sociais e humanas, na sociedade e na política. O aprendizado dos estudantes universitários de história em questões de metodologia, historiografia, filosofia da história e outras disciplinas com base teórica, é o caminho para elevar a futura criatividade das investigações históricas, destacar o lugar da história no sistema científico e cultural e fomentar novas e boas vocações historiográficas. Nosso objetivo é que o historiador reflita intelectualmente sobre o trabalho empírico, e que o historiador que investiga dados concretos pense com alguma profundidade sobre o que faz, desviando assim da fatal disjunção de uma prática (positivista) sem teoria ou de uma teoria (especulativa) sem prática. Uma maior unidade entre a teoria e prática tornará  factível a maior coerência de historiadores e historiadoras, individual e coletivamente, entre o que se diz historiograficamente e o que se faz empiricamente.

XIV
Fim da História

A aceleração da história na última década substituiu o debate sobre o “fim da história” pelo debate sobre os “fins da história”. Assumindo que a história não tem metas preestabelecidas e que em 1989 ocorreu o início de uma profunda mudança histórica, cabe perguntar, aonde nos leva este processo, quem o conduz, em favor de que interesses e quais são as alternativas. O futuro está aberto. É responsabilidade dos historiadores e historiadoras ajudar os sujeitos da história a construir o futuro que garanta uma vida livre e pacífica, plena e criativa, aos homens e mulheres de todas as etnias e nações. As comunidades de historiadores têm de contribuir, pois, com a construção de uma “Nova Ilustração” que, aprendendo com os erros da história e da filosofia, pense teoricamente sobre o sentido do progresso que hoje a sociedade demanda, e assegure que a grande maioria das populações do Norte e Sul, do Leste e Oeste, desfrutem dos avanços revolucionários da medicina, da biologia, da tecnologia e das comunicações..

 

SOCIEDADE

XV
Reivindicar a história

O primeiro compromisso político dos historiadores deveria ser o de reivindicar, diante da sociedade e do poder, a função ética da história, das humanidades e das ciências sociais, e sua importância na educação dos cidadãos e na formação das consciências comunitárias. A história profissional tem de combater aquelas concepções provincianas e neoliberais que ainda pretendem confrontar técnica com cultura, economia com sociedade, presente com passado, passado com futuro. Os efeitos mais notórios das políticas públicas de desvalorização social da história são a falta de saídas profissionais, o decréscimo de vocações e os obstáculos à continuidade geracional. As comunidades de historiadores devem tomar como seus os problemas trabalhistas dos jovens que estudam e querem ser historiadores, cooperando na busca de soluções que passam pela revalorização do oficio de historiador e de suas condições de trabalho e de vida, e pela defesa e desenvolvimento da função pública da educação, da universidade e da investigação científica.

XVI
Compromisso

Em tempos de “retornos”, queremos constatar e incentivar o “retorno ao compromisso” de numerosos acadêmicos, também historiadores, em diversos lugares do mundo, com as causas sociais e políticas vinculadas à defesa de valores universais como o direito à educação, à saúde, justiça, igualdade, paz e democracia. Atitudes solidárias indispensáveis para compensar os compromissos acadêmicos com os grandes poderes econômicos e políticos, midiáticos e editoriais. Contrapeso vital, portanto, para conjurar um virtual distanciamento da escrita acadêmica da história com relação as maiorias sociais que financiam com seus impostos nossa atividade docente e de pesquisa.  O novo compromisso que preconizamos é diferente, crítico e com aspiração ao futuro. O historiador e historiadora terão de combater, aqueles mitos que manipulam a história e fomentam o racismo, a intolerância e a exploração de classe, gênero, etnia. Resistindo, desde o conhecimento do passado, aos indesejáveis futuros . Cooperando e rivalizando, com outros cientistas sociais e humanistas, na construção de mundos historicamente melhores, como profissionais da história, mas também como cidadãos. A relação do historiador com a realidade que o rodeia passa por sua análise em um contexto temporal contínuo. Se se aceita que a objetividade da ciência da história é inseparável da subjetividade (plural) do historiador, devemos concluir que não existem grandes diferenças qualitativas entre uma história imediata e uma história mediata, entre uma história mais contemporânea e uma história mais antiga. Tudo é história, se bem que quanto mais nos distanciamos da atualidade, maior é nossa responsabilidade, até por ausência das disciplinas mais presentistas.

XVII
Presente e futuro

Nosso objeto de estudo (homens, mulheres e meio natural humanizado) está evidentemente no passado, mas nós estamos no presente, e esse presente está  impregnado de futuros. O historiador não pode escrever a história com rigor à margem de seu tempo vivido e de seu fluir permanente. Compreendemos vários níveis de relação entre o historiador com a história imediata: compromisso social e político, tema de investigação, historiografia de intervenção ou critério metodológico geral para a investigação. Faz meio século que os fundadores da escola dos Annales formularam: “compreender o passado pelo presente, compreender o presente pelo passado”. Hoje é preciso pôr a mesma ênfase na inter-relação passado/futuro. O descrédito das filosofias finalistas da história, sejam as socialistas ou as capitalistas, pôs em destaque um futuro mais aberto do que nunca. O historiador terá que assumir algum papel na sua definição, com suas experiências e argumentos históricos, com hipóteses e apostas na história. Construir o futuro sem contar com a história nos condenaria a repetir seus erros, a nos resignarmos com o mal menor ou a construir castelos de areia.

XVIII
Novo paradigma

A historiografia depende dos historiadores e da história imediata. A mudança de paradigmas historiográficos que propomos, desde 1993, caminha sobre as aceleradas transformações históricas iniciadas em 1989. Entre dezembro de 1999 (Seattle) e julho de 2001 (Genova) observamos o início de um movimento global sem precedentes contra os estragos da globalização que busca para já outras alternativas: o pensamento único é agora menos único. São muitos os que qualificam hoje como uma mudança civilizatória a globalização, a sociedade da informação, a nova revolução científico-tecnológica e os movimentos sociais globais: no entanto, não é fácil entrever o que nos prepara o futuro, mas há razões para esperança. Todos devemos colaborar. História a Debate é parte ativa deste processo transformador: queremos mudar a história que se escreve e colaborar nas mudanças da história humana. De acordo com a evolução do debate historiográfico e da história mais imediata, nossas propostas receberam mais ou menos aceitação acadêmica, porém, existem posições que, embora ainda sejam minoritárias no momento, a nós parece ser inevitável considerar criticamente para a formação do novo paradigma: o conjunto plural de valores e crenças que vão regular nossa profissão de historiador no novo século. Por ele a história nos absolverá, esperamos.

Na Rede a 11 de Setembro de 2001 (trad. José Geraldo Vinci de Moraes)

HISTORY UNDER DEBATE MANIFESTO

After eight years of contacts, reflections and debates, in the form of conferences, inquiries and of late over the Internet we have felt compelled to make explicit and update our stance in the critical dialogue with other historiographic tendencies which were also developed in the last decade of the twentieth century: (1) the sixties and seventies continuism, (2) postmodernism and (3) the return to the old history, the latest historiographic ‘innovation’ .

We are experiencing a transition both historical and historiographic whose outcome is yet to be known. History under Debate, as a historiographic tendency, wishes to contribute to the configuration of a common and plural paradigm of historians of the twenty first century which ensures a new spring for history and its writing. To such end, we have thought up 18 methodological, historiographic and epistemologic proposals which we now submit to historians all over the world for debate, and if so deemed, for critical endorsement and further elaboration.

METHODOLOGY

I
A Science with a Subject

We advocate neither Ranke’s objectivist history nor the subjectivist history of Postmodernity. We propose a science with a human subject who discovers the past as he or she builds it.

To take into account the two subjectivities, historical agents and historians, that influence our process of knowledge is the best guarantee of the objectivity of its results, which are inevitably relative and plural, and therefore, rigorous.

The time has come for history to update its concept of science, by shedding the naive objectivism inherited from nineteenth-century Positivism but without falling into the revival of the radical subjetivism of the late twenty century Postmodern trend .

The growing confluence of the ‘two cultures’, the scientific and the humanistic, will facilitate in the century ahead the double definition of history – as a social science and as part of the humanities- which we need.

II
New Erudition

We are in favour of a new erudition which widens the concept of historical source to include non-official documentation, material evidence other than the written word, such as oral or iconographic evidence and the non-sources: silences, errors and gaps which historians should evaluate in an effort to preserve objectivity also in the plurality of sources.

A new erudition which is decisively based on the other-than-source knowledge which the researcher provides. History is made up of ideas, hypotheses, explanations and interpretations, which contribute to building and discovering the sources.

A new  erudition that transcends the innovative historiography of the sixties and seventies by incorporating the new relation with the sources provided by women’s history, oral history, ecological history, world/ global history and other relevant innovations developed in the eighties and nineties , as well as the ‘new historiography’ which is being born over the Internet, and of which we are a part.

A new  erudition which, in the face of the fact that the necessary empirical work does not decide historical truth as this may only be reached through communities of historians, conducts debate and consensus in collective forums.

A new  erudition, in short, that enables us to overcome the conservative ‘Positivist turn’ to which the crisis of the great historiographic schools of the last century has led us, thus threatening our discipline with reverting to the nineteenth century.

III
Recovering Innovation

A new paradigm is urgently needed to recover the social and academic prestige of innovation in methods and themes, in questions and answers, in short, in the originality of historical research. A new historiography that looks ahead and restores the historical profession its enthusiasm for renovation and historiographic commitment.

New lines of research will come to light if we use our own heads : being aware that there is nothing historical that should not concern us; advancing through the mixture and the convergence of methods and genres; filling old casks with new wine from biography to microhistory, paying attention to scientific and cultural, social and political needs of a society subject to a profound transformation .

The twenty first century historiography requires both the illusion and the reality of truly innovative approaches or else, like Lot’s wife, it will turn into a statue of salt.

IV
Interdisciplinary

The new historiography we propose must stress the interdisciplinary approach of history, albeit in a balanced way: inwards within the wide and diverse community of historians, by strengthening the disciplinary and scientific unity of professional history; and outwards, by stretching the ranges of alliances beyond the classical social sciences.

We must build bridges that communicate the vast archipelago our discipline has grown into in the last decades. At the same time, history must interchange methods, techniques and approaches not only with social sciences but also with literature and philosophy ( of history and science, especially),as far as humanities are concerned . Special mention deserve emerging disciplines which deal with new technologies and their transforming impact in society, culture, politics and communication.

Past experiences have taught us that there are three avenues which, in our view, must be eluded if we want history to be enriched by an interdisciplinary approach : 1) to pursue an impossible ‘unified social science’ around any other discipline, without this affecting its full interdisciplinary development both individually and collectively; 2) to turn the dialogue between history and social sciences into the magic wand for ‘ the crisis of history’, which we see as a change in paradigms; 3) to dilute history in this or that successful discipline, as radical narrativists propose in relation to literature.

V
Against Fragmentation

The failure of sixties and seventies ‘total history’ triggered the quick fragmentation of themes, methods and schools, accompanied by epistemological development and chaos, which seemed to come to a stop in the nineties, and which is proving increasingly anachronic in the world ahead that is based in interrelation and global communication.

Our proposal is to go further into the historiographic practice, in search of new forms of approaching a globality which contribute to the convergence of historical research across space, genres and levels of analysis.

To make possible a history free of adjectives, an integral history, we must therefore, experiment with research proposals which take the global as their starting point and not as a ‘Utopian horizon’: mixed lines of study as regards sources and topics, methods and specialties; incorporating to general history the most innovative, specialized paradigms; combining qualitative and quantitative approaches; designing temporalities(which include present and future) and different scales; scrutinizing the global through concepts and methods, still potentially wide reaching and comprehensive like mentality and civilization, society, network and social change, narration and comparison, and create new ones; investigating world history as a new front of global history; using new technologies to work at the same time with the written word, voices and images ,thus bringing research and dissemination together ; promoting reflection and debate, methodology and historiography, making them a common ground for all historical specialties as well as a meeting point for other disciplines.

HISTORIOGRAPHY

VI
Historiographic Task

Knowing as we know that the subject influences the results of the research, the need arises of looking at the researcher for the sake of historic objectivity . How ? By trying to integrate individuals in groups, schools and implicit and explicit historiographic tendencies which unavoidably condition the internal evolution of the history being written. By studying historians for what they do and not just for what they say; for their work, not just their discourse. By applying, with qualification, three key concepts in the history of Postpositivist science : the ‘paradigm’ as a set of shared values; the ‘scientific revolution’ as disciplinary break and continuity; the ‘community of specialists’ because of its decision-making power, which is , in turn, conditioned by the social, mental and political environment. By conducting, in short, an immediate historiography which strives to anticipate the historical events which influence the historiographic events we are witnessing.

VII
Global Historiography

The exhaustion of twentieth century national centres of renovation has been followed by an unprecedented historiographic decentralization, driven by the globalization of information and academic knowledge, which transcends the old Eurocentrism. Historiographic initiatives are now closer to us all. The momentum, for instance, of a critical Latin historiography and of Postcolonial historiography is evidence of this. The transnational communities of historians, organized over the Internet, already play an important role in the creation of new consensus to the detriment of the former system in which national historiographies depended on others and where academic exchanges were elitists, hierarchical and slow.

We do not conceive historiographic globalization as a standardizing process . We think and do history and the history of history as teachers and researchers , in different overlapping and interrelated spheres: local, regional, national , continental and international / global.

VIII
Autonomy of the Historian

As the collective projects of the twentieth century fell into decline, without being substituted by a new, common paradigm, the influence has exaggeratedly grown of the publishing market, of the great media and political institutions in the writing of history, in the choice of topics and methods, in the formulation of hypotheses and conclusions, with an increasingly more evident slant towards the promotion of the old history of the ‘great men’.

In order to recover the critical autonomy of historians with regards to the established powers to decide the how, the what and the why of historical research the following is needed: to rebuild the tendencies, associations and communities that revolve around historiographic projects beyond conventional academic fields ; to use the Internet as a democratic and alternative media for publishing and circulating proposals and research ; to pay attention to the evolution of immediate history, without falling prey to presentism so as to capture the historiographic needs , both present and future, of global and local civil societies.

IX
Identifying Tendencies

The most noxious way of imposing one’s own historiographic tendency , usually a conservative one, is to deny that historiographic tendencies exist or should exist. The prevailing individualism, academic practices and national borders hide what we have in common, of which we are not aware or are not able to voice because of our education, readings, affiliations and attitudes . We are consequently in favour of bringing out the more or less latent, more or less organized working tendencies to clarify stances, delimit debates and facilitate consensus . An academic discipline devoid of tendencies, discussion and self-reflection is subject to extra-academic pressures , often negative for its development . Our conscious historiographic commitment makes us free before third parties, breaks the personal, corporatist and local isolation, favours public acknowledgment and the scientific and social usefulness of our professional effort.

X
Received Inheritance

 

We are against a fresh start which ignores the history and historiography of the twentieth century . The recent return of the nineteenth history makes useful and advisable to be reminded of the critiques of Annales, Marxism and Neopositivism. In all fairness, we should admit that this ‘great return’ shows the partial failure of the twentieth century historiographic revolution of which such tendencies were protagonist. The unavoidable critical and self-critical balance of historiographic vanguards does not, therefore, invalidate their relevance as necessary traditions for the construction of the new paradigm because they symbolize the ‘spirit of school’ and the historiographic militance as well as the illustration of a professional history open to the new, to social commitment . These are essential features which we are to recover in a different academic, social and political context, where communication possibilities have been greatly enhanced in comparison to the sixties and seventies of the century that has just finished.

XI
Digital Historiography

New technologies mean a revolution in the access to bibliography and the sources of history. By putting an end to the constraints of paper for research and publishing; by making possible new global communities of historians . The Internet is a powerful tool against the fragmentation of historical knowledge if used within its identity and possibilities, i.e. as an interactive media able to transmit information in an instantaneous and horizontal way to most of the world.

In our view, digital historiography must continue to be complemented by books and the other conventional forms of research, dissemination and academic exchange and vice versa. This new paradigm of social communication, consequently, is not going to substitute face-to-face activities and century-long institutions but it will increasingly become part and parcel of the real academic and social life .

The universalization of the Internet in universities and in society at large, together with the computer literacy of the youngest generation will end up imposing this new historiography as a relevant factor in the as yet unfinished paradigmatic transition between the twentieth and the twenty first centuries.

XII
Generational Change

The second decade of this century will see a remarkable generational change in teachers and researchers as those born just after the Second Wold War retire. Will this transition mean the consolidation of an advanced change in paradigms? That we cannot say.

The 1968 generation was rather an exception. Among university students now we find a historiographic and an ideological heterogeneity similar to that found among the academia and society at large. We may find older historians who remain innovative and younger historians who hold nineteenth-century notions of what the profession of historian and its relationship with society is. Our responsibility as educators of students who will become teachers and researchers tomorrow is, in this sense, enormous. It has never been so important to explain history with advanced approaches – because of their self-criticism as well – starting at elementary and secondary school through postgraduate courses. Future history will be conditioned by the education given here and now to future historians : our students.

THEORY

XIII
Thinking History

It is essential for the historian to think about the topic, the sources and the methods, the questions and answers, the social interest and the theoretical implications, the conclusions and the consequences of a piece of research.

We are against a ‘work division’ according to which history provides the data and other disciplines reflect on them (or write accounts which have wide circulation). The communities of professional historians must assume their intellectual responsibility seeking to complete the cycle of historical studies, from archive work up to the assessment and vindication of their impact on social and human sciences, in both society and politics.

The education of university history students on issues of methodology, historiography, philosophy of history and other theoretically-based disciplines is the avenue to pursue in order to increase the future creativity of historical research, underscoring the place of history in the scientific and cultural system as well as promoting new and promising historiographic vocations.

Our aim is that the historians that do intellectual reflection conduct empirical work and that the researchers who investigate using concrete data reflect with some depth about what they are doing, thus obviating the frustrating dilemma of a ( positivist) practice devoid of theory or of a ( speculative)theory with no practice . A greater unity of theory and practice will furthermore enable a greater coherence of historians -both individually and collectively- between what is historiographically said and what is empirically done.

 

XIV
The Ends of History

The historical acceleration of the last decade has replaced the debate on the ‘end of history’ for the debate on the ‘ends of history’.

 

Assuming that history has no pre-established aims and that in 1989 a profound historical turn occurred, we should ask ourselves where it is taking us , who leads it, in favour of which interests and which are the alternatives.

The future is open-ended. It is the historians’ responsibility to help the subjects of history build future worlds which guarantee a free and peaceful, full and creative life to men and women of all races and nations.

The communities of historians must therefore contribute to building a ‘new enlightenment’, which, learning from the errors of history and philosophy , reflects theoretically on the sense of progress society demands nowadays, guarantying the great majorities of North and South, East and West, the human and ecological enjoyment of the revolutionary advancement in medicine, biology, technology and communications.

SOCIETY

XV
Vindicating History

 

The prime political commitment of historians should be to vindicate before society and the power the ethical function of history, of humanities and social sciences in the education of citizens and in the formation of community consciences

 

Professional history must combat those parochial and neoliberal conceptions which still intend to confront technical knowledge and culture, economy and society, present and past, past and future.

The most evident effects of public policies of social undervaluing of history are the lack of professional prospects, a decrease in vocations and the obstacle to generational continuity. The communities of historians must accept as theirs the lack of career prospects of the students who want to become historians , lending a hand in the finding of solutions which imply a revaluation of the historical profession as well as its working and living conditions within the framework of the defense of the development of the public function in education, the university and research.

XVI
Commitment

In times of paradoxical ‘returns’, we would like to mention and encourage the ‘return to commitment’ by many scholars, among them historians, in different parts of the world with the social and political causes related to the defense of universal values of education and health, justice and equality , peace and democracy. These are indispensable attitudes of solidarity to counteract other academic commitments with the great economic and political media and publishing powers. A vital counterbalance, therefore, to prevent a potential disentanglement of academic writing of history in relation to the social majorities that finance with their taxes our teaching or our research.

The new commitment we defend is diverse, critical and future-oriented. Historians should combat, from the truth we know, those myths that manipulate history and promote racism, intolerance and class, gender or ethnic exploitation . We should oppose, using our knowledge of the past , undesirable futures in cooperation and rivalry with other social and humanistic scientists in the construction of historically better worlds as professionals of history but also as citizens.

The relation of the historian with the surrounding reality implies its analysis in a continuous temporal framework . If we accept that objectivity in the historical science is inseparable from the subjectivity of the historian, we must conclude that there are not great qualitative differences between an immediate history and a mediate history, between a more contemporary history and one more distanced in time. Everything is history, although the more we distance ourselves from current events the greater is the burden on us historians due to the diminishing applicability of the more presentism disciplines.

XVII
Present and Future

Our object of study ( men, women, the humanized natural environment) is obviously in the past , but we are in the present, and the presents are full of futures. Historians cannot write history with rigour outside their time and its permanent flow.

We see several levels in the relationship of historians with historical immediacy : the social and political commitment, the topic of research, the historiography of intervention or the general methodological criterion for research . Half a century ago the founders of the Annales school formulated it : ‘ to understand the past through the present, to understand the present through the past’. Today, it is also equally necessary to emphasise the past/ future relationship.

The fall of the teleological philosophies of history, whether socialists or capitalists, has shown a future more open than ever. Historians must play a role in its definition through their experiences and historical arguments, with hypotheses and proposals originating in history. To build the future without taking history into account would condemn us to repeating its errors, to resigning to the lesser evil or to building castles on empty air.

XVIII
New Paradigm

Historiography depends on historians and immediate history. The change in historiographic paradigms we have been suggesting since 1993 relies on the accelerated historical changes that go back to 1989. Between December 1999 (Seattle) and July 2001 (Genoa ) we have seen the beginning of an unprecedented global movement against the ravages of globalisation which is already searching for an alternative society : unique pansee is now less unique. Many consider globalisation and its critics, the society of information, the new scientific-technological and the social global movement a change of civilisation: it is not easy to glimpse what the future has in store for us but there are reasons for hope. We all should contribute.

History under Debate is an active part in this transforming process: we want to change the history being written and contribute to changing human history. As the historiographic debate and the most immediate history evolves, our proposals will receive more or less academic consensus and we will vary them or not according to our interests . Nonetheless, although there are approaches which, restricted as they are as yet, seem unavoidable to critically condition the new paradigm in the making: the plural set of values and beliefs which is going to regulate our historical profession in the new century. For all these reasons, history shall absolve us, let’s hope.

On the Internet September 11th 2001

(Translated by Carlos Sierra)

MANIFEST VON HISTORIA A DEBATE
(Geschichte zur Diskussion)

Nach acht Jahren Kontakten, Reflexionen und Diskussionen, durch Kongresse, Umfragen und schliesslich im Internet, scheint es uns vordringlich, unsere Position im kritischen Dialog mit anderen historiographischen Richtungen, die sich gleicherweise im letzten Jahrzehnt des 20. Jahrhunderts entwickelt haben, darzulegen und zu aktualisieren: (1) der Kontinuismus der sechziger und siebziger Jahre, (2) der Postmodernismus und (3) die Rückkehr zur traditionellen Geschichte als letzte “Neuigkeit” der Historiographie.

Wir erleben einen historischen und historiographischen Übergang, dessen Resultate noch unbestimmt sind. Historia a Debate möchte als historiographische Tendenz zur Konfiguration eines gemeinsamen und pluralen Paradigmas der Historiker des 21. Jahrhunderts beitragen, das der Geschichte und der Geschichtsschreibung einen neuen Frühling sichert. Dazu haben wir 18 Vorschläge – methodologische, historiographische und epistemologische – ausgearbeitet, die wir den Historikerinnen und Historikern der gesamten Welt zur Diskussion stellen, gegebenenfalls zum kritischen Beitritt und in der Folge zur Weiterentwicklung präsentieren.

 

METHODOLOGIE

I
Wissenschaft und Mensch

Weder die objektivistische Geschichte Rankes noch die subjektivistische postmoderne Geschichte: eine Wissenschaft mit dem Menschen als Subjekt, die die Vergangenheit entdeckt so wie er sie konstruiert.

Die Berücksichtigung der beiden Subjektivitäten, die in unseren Erkenntnisprozess einfliessen, nämlich die wirkenden Kräfte der Geschichte und die Historiker, ist die beste Garantie der Objektivität ihrer Resultate, notwendigerweise relativ und plural, also rigoros.

Der Zeitpunkt der Aktualisierung des wissenschaftlichen Konzeptes der Geschichte ist gekommen, insofern als diese vom naiven Objektivismus, dem Erbe des Positivismus des 19. Jahrhunderts, abgeht ohne in den radikalen Subjektivismus zu verfallen, der durch die postmoderne Richtung des ausgehenden 20. Jahrhunderts auferstanden ist.

Die zunehmende Wechselwirkung zwischen den “beiden Kulturen”, der wissenschaftlichen und der humanistischen, erleichtert im beginnenden Jahrhundert die zweifache von uns benötigte Neudefinition der Geschichte als Sozialwissenschaft und als Teil der humanistischen Bildung.

II
Neue wissenschaftliche Gelehrsamkeit

Wir sind für eine neue wissenschaftliche Gelehrsamkeit, die das Konzept der historischen Quelle auf die ausserhalb des Staates sich befindenden Dokumente, auf nicht schriftliche Reste materieller, mündlicher und ikonographischer Art, auf die Nicht-Quellen ausdehnt: Schweigen, Irrtümer und Lücken, die die Historikerin und der Historiker zu bewerten hat, wie sie/er auch die Objektivität in der Pluralität der Quellen anzustreben hat.

Eine neue wissenschaftliche Gelehrsamkeit, die sich mit Bestimmtheit auf die Erkenntnis stützt, deren Grundlage nicht in den Quellen liegt, die der Forscher beibringt.

Eine neue wissenschaftliche Gelehrsamkeit, die über die erneuernde Historiographie der sechziger und siebziger Jahre hinausgeht und die neue Beziehung zu den Quellen einbezieht, die die Frauengeschichte, die mündliche Geschichte, die ökologische Geschichte, die Weltgeschichte beigesteuert haben wie auch andere neue Richtungen, die in den achtziger und neunziger Jahren entstanden sind und sich weiterentwickelt haben, wie die “Neue Historiographie”, die nun im Internet im Entstehen begriffen ist und an der wir teilhaben.

Eine neue wissenschaftliche Gelehrsamkeit, die, im Bewusstsein, dass nicht durch die notwendige empirische Arbeit sondern durch die Historikergemeinschaften über die historische Wahrheit entschieden wird, Diskussion und Konsens in den kollektiven Bereichen entwickelt.

Eine neue Gelehrsamleit also, die uns die Überwindung der “positivistischen Wende” wie auch der konservativen gestattet, zu der uns zuletzt die Krise der bedeutenden historiographischen Richtungen des vergangenen Jahrhunderts führte und die unsere Disziplin in das 19. Jahrhundert zurückzuführen drohte.

III
Wiedergewinnung der Innovation

Ein neues Paradigma ist notwenig, durch welches das akademische und soziale Prestige der Innovation in den Methoden und Themen, in den Fragestellungen und Antworten, insgesamt also die Originalität der historischen Forschungen wiedererlangt wird. Eine neue Historiographie, die den Blick nach vorwärts richtet und der Tätigkeit des Historikers die Begeisterung für Wiedererneuerung und die historiographischen Kompromisse zurückgibt.

Neue Forschungsrichtungen werden sich herausbilden, so wir selbst nachdenken: indem wir überlegen, dass uns nichts Geschichtliche fremd ist; indem wir durch Methodenmischung und Methodenwandel, Mischung und Wandel von Gattungen voranschreiten; indem wir die alten Schläuche mit neuem Wein füllen, von der Bibliographie bis zur Mikrogeschichte; indem wir den wissenschaftlichen, kulturellen, sozialen und politischen Notwendigkeiten einer Gesellschaft, die einem tiefgreifenden Wandel unterworfen ist, unsere Aufmerksamkeit schenken.

Die Geschichtsschreibung des 21. Jahrhundert benötigt die Illusion und die Realität autentischer innovativer Problemstellungen, wenn sie nicht wie Lots Weib zur Salzsäule erstarren möchte.

IV
Interdisziplinarität

Die von uns vorgeschlagene neue Historiographie muss die Interdisziplinarität der Geschichte, allerdings in ausgewogener Form, steigern: nach Innen in der weiten und unterschiedlichen Gemeinschaft der Historiker, indem sie die Einheit der Geschichte als Disziplin und Beruf verstärkt; nach aussen, indem sie die das Feld der Allianzen diesseits und jenseits der Sozialwissenschaften ausdehnt.

Es ist notwendig, Brücken zu schlagen, die die weite Inselgruppe, in die sich unsere Disziplin in den letzten Jahrzehnten verwandelt hat, untereinander verbindet. Gleichzeitig muss die Geschichte Methoden, Techniken und Schwerpunkte austauschen, mit den Sozialwissenschaften, aber auch mit der Literatur, der Philosophie (der Geschichtsphilosophie und der Wissenschaftsphilosophie vor allem) auf der Seite der Geisteswissenschaften, und mit den Naturwissenschaften. Dies ohne auf die aufstrebenden Disziplinen zu vergessen, die sich mit den neuen Technologien beschäftigen und die durch sie bedingte verändernde Wirkung in Gesellschaft, Kultur, Politik und Kommikation.

Auf Grund der gemachten Erfahrungen sollen unserer Ansicht nach drei Wege zur Bereicherung der Geschichte durch die Interdisziplinarität nicht beschritten werden: 1) das Verfolgen einer nicht realisierbaren „vereinheitlichten Sozialgeschichte“im Umkreise einer jeden anderen Disziplin, ohne Beeinträchtigung der grösstmöglichen interdisziplinären individuellen oder kollektiven Fortentwicklung; 2) der Dialog Geschichte-Sozialwissenschaften als Wundermittel in der „Krise der Geschichte“, was wir als Paradigmenwechsel verstehen; 3) Auflösung der Geschichte in die eine oder andere erfolgversprechende Disziplin, wie dies heute im Hinblick auf die Literatur die extremen Vertreter der narrativen Richtung vorschlagen.

V
Gegen die Zersplitterung

Das Scheitern der „totalen Geschichte“ der sechziger und siebziger Jahre öffnete eine blitzartig sich entwickelnde Zersplitterung in Themen, Methoden und Schulen, begleitet von einem Anwachsen und einem Chaos epistemologischer Art, was in den neunziger Jahren anzuhalten schien. In zunehmendem Maß nimmt dies in einer zukunftsbezogenen Welt, deren Grundlagen Vernetzung sowie globale Kommunikation sind, anachronistische Züge an.

Unsere Alternative ist das Fortschreiten in der historiographischen Praxis zu neuen Formen der Globalität, die die historische Forschung sich vereinigen lässt, indem sie Räume, Gattungen und Ebenen der Analyse durchmisst.

Um eine integrale Geschichte zu ermöglichen, müssen Forschungsinitiativen erprobt werden, die das Globale zum Ausgangspunkt nehmen und nauffassenicht als „utopischen Horizont“ : betreffend Quellen und Themen gemischte Studienlinien; Kombination von qualitativen und quantitativen Fragestellungen; die Artikulation von Temporalitäten (die Gegenwart und Zukunft einbeziehen) und verschiedene Maßstäbe; die Untersuchung der Globalität durch Konzepte und Methoden, auch wenn sie dies nur möglicherweise tun, wie Mentalität und Zivilisation, Gesellschaft, gesellschaftliches Netz und gesellschaftliche Veränderung, Narration und Vergleich, und die Kreierung anderer neuer; die Erforschung der Weltgeschichte als eine neue Front der globalen Geschichte; Ausnutzung der neuen Technologien zur Ausarbeitung gleichzeitig mit dem Geschriebenen, den Tonträgern und den Bildern, Forschung und Divulgation verbindend; Anregung von Reflexion und Diskussion, von Methodologie und Historiographie als gemeinsames Gebiet aller historischen Richtungen und Kontaktstelle zu anderen Disziplinen.

 

GESCHICHTSSCHREIBUNG

VI
Die historiographische Aufgabenstellung

Im Bewusstsein, dass das Subjekt die Ergebnisse der Forschung beeinflusst, stellt sich die Notwendigkeit der Hinterfragung des Historikers selbst um der Objektivität der Geschichte willen. Wie soll dies geschehen. Indem die Individuen in Gruppen, Schulen und historiographische Tendenzen, implizite und explizite, eingeteilt werden, die, ob man will oder nicht, die innere Entwicklung der geschriebenen Geschichte bestimmen. Indem die HistorikerInnen unter dem Gesichtspunkt ihrer Tätigkeit und nicht nur ihrer Aussagen studiert werden; ihrer Produktion und nicht nur ihres Diskurses. Indem, mit Abstufungen, drei Schlüsselkonzepte der Geschichte der postpositivistischen Wissenschaft angewendet werden; das „Paradigma“ als Bündel gemeinsamer Werte; die „wissenschaftliche Revolution“ als Unterbrechung und Kontinuität der Disziplin; die „Gemeinschaft der Spezialisten“ wegen ihres Entscheidungspotentiales, die wiederum durch das soziale, geistige und politische Umfeld bestimmt ist. Indem schließlich eine immediate Historiographie praktiziert wird, die den historischen Ereignissen vorauszugehen versucht, die in die historiographischen Veränderungen einwirken, die wir erleben.

VII
Globale Geschichtsschreibung

Das Versiegen der nationalen Brunnen der Erneuerung des 20. Jahrhundert hat den Weg für eine nie dagewesene historiographische Dezentralisierung frei gemacht, die durch die Globalisierung der Information wie auch durch das akademische Wissen Impulse empfing und den alten Eurozentrismus überwindet. Die historiographische Initiative befindet sich heute in der Reichweite von allen. Dies beweisen etwa der Aufstieg einer kritischen Latino-Geschichtsschreibung und der postkolonialen Geschichtsschreibung. Die nationenübergreifenden Gemeischaften der Historiker, organisiert im Internet, spielen bei der Herausbildung von neuen Konsensen bereits eine entscheidende Rolle, zum Nachteil des vorherigen Systems der Abhängigkeit von einer Reihe von nationalen Historiographien von anderen und von elitistischen, hierarchischen und schwerfälligen Formen des Austausches.

Wir verstehen die Globalisation der Historiographie nicht als einen Prozess der Uniformierung, wir denken über Geschichte und beschäftigen uns mit der Geschichte – wie auch der Geschichte der Geschichte -, als Lehrer und Forscher in verschiedenen übereinander liegenden und untereinander verbundenen Bereichen: lokal, regional, national, kontinental und international/global.

VIII
Autonomie des Historikers

In Übereinstimmung mit den in Dekadenz geratenden kollektiven Projekten des 20. Jahrhunderts, die allerdings noch nicht durch ein neues und gemeinsames Paradigma abgelöst worden sind, wuchs in übertriebenem Maß der Einfluss der Verlage, der großen Kommunikationsmedien und der politischen Institutionen auf das Schreiben der Geschichte, bei der Auswahl der Themen und Methoden, bei der Formulierung von Hypothesen und Schlüssen, mit der jedesmal offensichtlicheren Absicht, die alte Geschichte der „großen Figuren“ gefördert wurde.

Wiedererlangen der kritischen Autonomie der HistorikerInnen bezüglich der existierenden Kräfte, um das von der historischen Forschung von uns geforderte „Wie“, das „Was“ und das „Warum“ zu entscheiden: die Rekonstruktion von Tendenzen, Verbindungen und Gemeinschaften, bei denen es um historiographischen Projekten geht, über die konventionellen akademischen Bereiche hinausgehend: die Verwendung von Internet als demokratisches und alternatives Medium der Kommunikation, Publikation und Verbreitung der Vorschläge und Forschungen; die Beobachtung der Entwicklung der unmittelbaren Geschichte ohne in eine alleinige Gegenwärtigkeit zu verfallen, um die historiographischen Notwendigkeiten zu erfassen, die gegenwärtigen und die zukünftigen, der zivilen lokalen und globalen Gesellschaft.

IX
Erkennen von Tendenzen

Der schädlichste Weg, um die eigene historiographische – normalerweise konservative –  Richtung durchzusetzen, besteht in der Leugnung der Tatsache, dass historiographische Tendenzen existieren. Der imaginäre Individualist, die akademischen Zirkel und die nationalen Grenzen verbergen das Gemeinsame, oftmals ohne es zu wissen oder ohne es auszudrücken: auf Grund der Ausbildung, der Lektüre, Filiationen und Verhaltensweisen. Wir sind demzufolge dafür, wirkende Tendenzen, mehr oder weniger latent und organisiert, aufzuzeigen, um Positionen zu klären, Diskussionen einzugrenzen und Konsense zu erleichtern. Eine akademische Disziplin ohne Tendenzen, Streitgespräch und Autoreflexion ist Subjekt für ausserakademische Pressionen, die sich oftmals negativ auf ihre Entwicklung auswirken. Der bewusste historiographische Kompromiss macht uns also gegenüber Dritten frei, durchbricht die persönliche, korporative und lokale Isolierung, begünstigt die öffentliche Anerkennung sowie den wissenschaftlichen und sozialen Nutzen unserer beruflichen Arbeit.

X
Das empfangene Erbe

Wie opponieren dagegen, dass mit der Geschichte und der Geschichtsschreibung des 20. Jahrhunderts tabula rasa gemacht wird. Die rezente Rückkehr der Geschichte des 19. Jahrhunderts macht deutlich, dass es nützlich und angebracht ist, sich an die Kritik von Seiten der Annales, des Marxismus und des Neopositivismus zu erinnern, wiewohl man gerechterweise auch anerkennen muss, dass die besagte „große Rückkehr“ das teilweise Scheitern der historiographischen Revolution des 20. Jahrhunderts offensichtlich macht, in der die genannten Tendenzen Protagonisten waren. Das unabdingbare Gleichgewicht, Kritik und Selbstkritik der historiographischen Avantguarden annulliert in der Folge nicht die Aktualität der Erbschaften als notwendige Traditionen für die Konstruktionen des neuen Paradigmas. Denn sie symbolisieren den „Geist der Schule“ und die historiographische Militanz wie auch das Exempel einer für das Neue und den sozialen Kompromiss offenen professionellen Geschichte, wesentliche Züge, die wir nun wiedergewinnen sollten innerhalb eines anderen akademischen Kontextes, sozial und politisch sowie mit Kommunikationsmedien, die weit über denen der sechziger und siebziger Jahre des bereits vergangenen Jahrhunderts liegen.

XI
Digitale Geschichtsschreibung

Die neuen Technologien revolutionieren den Zugang zur Bibliographie und zu den Geschichtsquellen; sie überwinden für die Forschung die Grenzen des Papiers und der Veröffentlichung; sie ermöglichen neue globale Historikergemeinschaften. Das Internet ist ein mächtiges Arbeitsinstrument gegen die Fragmentierung des historischen Wissens,wenn es in Übereinstimmung mit seiner Identität und seiner Möglichkeiten genutzt wird, das heisst, als eine interaktive Form der Übermittlung von sofortiger Information in horizontaler Form an einen grossen Teil der Welt

Unserer Ansicht nach muss die digitale Geschichtsschreibung weiterhin durch Bücher und die übrigen Formen konventioneller Forschung, der Verbreitung und des akademischen Austausches – und umgekehr – vervollständigt werden. Dieses neue Paradigma sozialer Kommunikation wird in Konsequenz nicht die existierenden Aktivitäten und säkularen Institutionen ersetzen, wird aber zunehmend Teil des akademischen und sozialen-reellen Lebens sein.

Die Generalisierung des Internet im akademischen Bereich, sowie in der gesamten Gesellsschaft, wie auch die Ausbildung der Jüngsten in Informatik werden diese neue Historiographie als relevanten Faktor des unabgeschlossenen paradigmatischen Überganges zwischen den 20. und dem 21. Jahrhundert aufzwingen.

XII
Generationswechsel

Im zweiten Jahrzehnt dieses Jahrhunderts wird ein bedeutender Generationswechsel im Bereich von Lehre und Forschung stattfinden, verursacht durch die Pensionierung der nach dem Zweiten Weltkrieg Geborenen. Bedeutet dieser demographische Übergang die Konsolidierung eines fortgeschrittenen Wandels von Paradigmen?

Die Generation von 68 war eher eine Ausnahme. Unter den heutigen Universitätsstudenten beobachten wir eine ähnliche historiographische und ideologische Vielfalt wie im Rest des akademischen und gesellschaftlichen Bereiches. Man stösst auf ältere HistorikerInnen, die weiterhin Erneuerer sind, und auf Junge, die betreffend Tätigkeit des Historikers und seines Verhältnisses zur Gesellschaft Konzepten des 19. Jahrhunderts folgen. Unsere Verantwortung als Ausbilder der Studierenden, die morgen akademische Lehrer und Forscher sind, ist dementsprechend gross. Noch nie war es so entscheidend, die Geschichtslehre mit weiterentwickelten Perspektiven – auch durch ihre Selbstkritik – fortzuführen, von der Grund- und Oberschule bis zu den Postgraduate-Kursen. Die zukünftige Geschichte wird durch die Erziehung bestimmt sein, die die zukünftigen Historiker – unsere Schüler – hier und jetzt erhalten.

XIII
Denken über Geschichte

Für den Historiker ist die Überlegung des Themas, der Quellen und der Methoden essentiell, die Fragen und die Antworten, das soziale Interesse und die theorethischen Implikationen, die Schlüsse und die Konsequenzen einer Forschung.

Wir sind gegen eine “Arbeitsteilung”, nach der die Geschichte die Daten zur Verfügung stellt und andere Disziplinen zu diesen Überlegungen anstellen (oder Abhandlungen mit weiter Verbreitung schreiben). Die professionellen Historikergemeinschaften müssen ihre intelektuelle Verantwortung übernehmen, indem sie versuchen, den Zyklus der historischen Studien zu vollenden, von der Archivarbeit bis zur Bewertung und dem Anspruch ihrer Wirkung in den Sozial- und Humanwissenschaften, in der Gesellschaft und in der Politik.

Das Aneignen von methodologischen, historiographischen, geschichtsphilosophischen Kenntnissen und aus anderen auf theoretischer Grundlage aufbauender Disziplinen durch die Studenten der Geschichte an der Universität ist der Weg, um die zukünftige Kreativität der historischen Forschungen anzuheben, das Hervorheben des Stellenwertes der Geschichte im wissenschaftlichen und kulturellen System sowie die Förderung neuer und qualitätvoller historiographischer Berufungen.

Unser Ziel ist, dass der denkende Historiker empirische Arbeit leistet und der konkrete Daten erforschende Historiker mit einigermassen Tiefgang reflektiert, was er macht, um auf diese Weise die fatale Kluft einer (positivistischen) Praxis ohne Theorie und einer (spekulativen) Theorie ohne Praxis zu beseitigen. Eine grössere Einheit zwischen Theorie und Praxis wird zudem eine grössere Kohärenz von Historikerinnen und Historikern ermöglichen, individuell und im Kollektiv, zwischen dem was gesagt wird, historiographisch, und dem was gemacht wird, empirisch.

XIV
“Enden” der Geschichte

Durch den raschen historischen Wandel des letzten Jahrzehntes wurde die Diskussion über das “Ende der Geschichte” durch die Diskussion über die “Enden der Geschichte” abgelöst.

Indem wir davon ausgehen, dass die Geschichte keine vorgeformten Zielpunkte ansteuert und dass 1989 eine tiefgreifende historische Wende stattgefunden hat, ist zu fragen, dies auch vom Standpunkt der akademischen Geschichte aus, wer dies anführt, für welche Interessen und worin die Alternativen bestehen.

Die Zukunft ist offen. In der Verantwortung der HistorikerInnen liegt es beizutragen, dass die Subjekte der Geschichte zukünftige Welten konstruieren, die allen Männern und Frauen aller Rassen und Nationen ein freies und friedliches, erfülltes und kreatives Leben garantieren.

Die Historikergemeinschaften haben also zur Konstruktion einer “neuen Aufklärung” ihren Beitrag zu leisten, die, aus der Erfahrung der Irrtümer der Geschichte und der Philosophie, theoretisch den Sinn des Fortschritts überlegt, den die Gesellschaft heute fordert, und den grossen Mehrheiten des Nordens und des Südens, des Ostens und des Westens in den menschlichen und ökologischen Genuss der revolutionären Fortschritte der Medizin, der Biologie, der Technologie und der Kommunikation zusichert.

XV
Gesellschaft Zurückforderung der Geschichte

Der erste politische Kompromiss der Historiker sollte vor der Gesellschaft und den Regierenden die Rückforderung der ethischen Funktion der Geschichte, der Geistesgeschichte und der Sozialwissenschaften in der Erziehung der Bürger und bei der Herausbildung des kollektiven Bewusstseins sein.

Die professionelle Geschichtsforschung hat jenen provinziellen und neuliberalen Konzepten entgegenzutreten, die immer noch Technik und Kultur konfrontieren, Ökonomie und Gesellschaft, Gegenwart und Vergangenheit, Vergangenheit und Zukunft.

Die offenkundigsten Auswirkungen der politischen Massnahmen der sozialen Abwertung der Geschichte sind der Mangel an Berufssaussichten, der Rückgang der Entscheidungen für den Beruf und die Hindernisse für eine generationelle Kontinuität. Wir müssen als Historikergemeinschaften die Berufssorgen der jungen Menschen, die Geschichte studieren und Historiker werden wollen, als unsere eigenen akzeptieren, indem wir bei der Suche nach Lösungen mitwirken, die über die Aufwertung der Beschäftigung des Historikers und seiner Arbeits- und Lebensbedingungen führen, im Rahmen der Verteidigung und Entwicklung der öffentlichen Funktion der Erziehung, der Universität und der Forschung.

XVI
Kompromiss

In Zeiten paradoxer “Rückkehren” wollen wir die”Wende zum Kompromiss” zahlreicher Akademiker, auch Historiker, in den verschiedenen Teilen der Erde mit den sozialen und politischen Anliegen, verbunden mit der Verteidigung der universalen Werte von Erziehung und Gesundheit, Recht und Gleichheit, Frieden und Demokratie konstatieren und dazu ermuntern. Solidarische Verhaltensweisen, unabdingbar, um andere akademische Kompromisse mit den grossen ökonomischen und politischen, medialen und editorialen Machtträgern zu bannen. Ein vitales Gegengewicht also, um eine virtuelle Trennung der akademischen Geschichtsschreibung von den sozialen Mehrheiten zu verhindern, die mit ihren Abgaben unsere Tätigkeit als Lehrende und Forscher finanzieren.

Der neue Kompromiss, den wir befürworten, ist verschieden, kritisch und auf die Zukunft hoffend. Die HistorikerInnen haben vom Standpunkt ihrer Wahrheit aus jene Mythen zu bekämpfen, die die Geschichte manipulieren und Rassismus sowie Intoleranz fördern wie auch die Ausbeutung von Klasse, Geschlecht und Ethnie. Aus der Kenntnis der Vergangenheit unerwünschten zukünftigen Situationen Widerstand leistend. In Zusammenarbeit und Wettstreit mit anderen Sozial- und Geisteswissenschaftlern bei der Errichtung historisch gesehen besserer Welten, als Spezialisten der Geschichte aber auch als Staatsbürger.

Die Beziehung des Historikers mit der uns umgebenden Realität geht durch ihre Analyse in einem kontinuierlichen zeitlichen Kontext. Wenn man akzeptiert, dass die Objektivität der Geschichtswissenschaft untrennbar von der (pluralen) Subjektivität des Historikers ist, so müssen wir den Schluss ziehen, dass keine mehr gegenwärtige Geschichte und keine mehr ältere Geschichte existiert. Alles ist Geschichte, wenn auch mit der Entfernung die Last des Historikers aus Mangel an gegegwartsbezogenen Disziplinen schwerer wird.

XVII
Gegenwart und Zukunft

Unser Studienobjekt (Männer, Frauen und humanisierte Natur) gehört offensichtlich der Vergangenheit an, während wir uns in der Gegenwart befinden, und dieses Gegenwärtige ist durchtränkt von Zukünftigem. Der Historiker kann streng genommen die Geschichte nicht am Rande der gelebten Zeit und ihrem permanenten Fliessen schreiben.

Wir stellen verschiedene Ebenen bei der Beziehung des Historikers mit der unmittelbaren Geschichte fest: der soziale und politische Kompromiss, Thema der Forschung, Geschichtsschreibung der Intervention oder allgemeines methodologisches Kriterium für die Forschung. Vor einem halben Jahrhundert formulierten die Gründer der Schule der Annales es auf folgende Weise: “verstehen der Vergangenheit für die Gegenwart, verstehen der Gegenwart für die Vergangenheit”. Heute geht es ausserdem darum, die gleiche Begeisterung auf die Wechselbeziehung Vergangenheit/Zukunft su legen.

Der Niedergang der Endzeitphilosophien der Geschichte, seien sie sozialistisch oder kapitalistisch, hat deutlich gemacht, dass die Zukunft so offen wie nie zuvor ist. Der Historiker muss sich definierend eine Rolle annehmen, mit seinen Erfahrungen und seinen historischen Argumenten, mit den Hypothesen und den Einsätzen aus der Geschichte. Die Erbauung der Zukunft ohne mit der Vergangenheit zu rechnen würde uns zu einer Wiederholung ihrer Irrtümer verdammen, es hiesse das kleinere Übel resignierend in Kauf zu nehmen oder Luftschlösser zu konstruieren.

XVIII
Ein neues Paradigma

Die Geschichtsschreibung hängt von den Historikern und der unmittelbaren Geschichte ab. Der Wechsel der historiographischen Paradigmen, die wir seit 1993 vorschlagen, wird von den raschen geschichtlichen Wechseln getragen, die 1989 ihren Anfang nahmen. Zwischen 1999 (Seattle) und Juli 2001 (Genua) waren wir Zeugen der Anfänge einer globalen Bewegung ohne Vorläufer, die sich gegen die schweren Schäden der Globalisierung richtet und gesellschaftliche Alternativen sucht: das Einheitsdenken ist jetzt weniger einheitlich. Viele stufen die Globalisation und ihre Kritiker, die neue wissenschaftlich-technologische Revolution und die globale Sozialbewegung als Zivilisationswechsel ein: es ist nicht leicht abzuschätzen, was uns das Morgen bringen wird, aber es existieren Gründe zur Hoffnung. Wir müssen alle mitarbeiten.

Historia a Debate ist aktiver Teil dieses Wandlungsprozesses: wir wollen die Geschichte, die Geschrieben wird, verändern und zum Wandel der Geschichte des Menschen beitragen. Je nachdem, wie sich die historiographische Diskussion und die unmittelbarste Geschichte entwickelt, werden unsere Vorschläge mehr oder weniger akademische Zustimmung erhalten, wir verändern sie oder nicht dem Interesse folgend, wenn es auch Themenstellungen gibt, die, obgleich im Augenblick minoritär, uns bei der kritischen Bestimmung des im Entstehen begriffenen neuen Paradigmas unausweichlich scheinen: der plurale Verband der Werte und Überzeugungen, die unsere Tätigkeit als Historiker im neuen Jahrhundert bestimmen wird. Für all das, so hoffen wir, wird uns die Geschichte ihre Absolution erteilen.

Im Netz am 11 de setiembre de 2001

Übersetzung: Dr. Karl Rudolf

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Dopo otto anni di contatti, riflessioni e dibattiti, attraverso congressi, inchieste e recentemente Internet, abbiamo sentito l’urgenza di esplicitare e aggiornare la nostra posizione in dialogo critico con altre correnti storiografiche, anch’esse sviluppatesi nell’ultima decade del XX secolo : (1) il continuismo degli anni ’60-’70, (2) il postmodernismo, e (3) il ritorno alla vecchia storia, l’ultima “novità” storiografica.
Stiamo vivendo una transizione storica e storiografica dai risultati ancora incerti. Historia a Debate, in quanto tendenza storiografica, vuole contribuire alla configurazione di un paradigma comune e pluralistico degli storici del XXI secolo, che assicuri alla storia e alla scrittura della storia una nuova primavera. A questo scopo abbiamo elaborato 18 proposte metodologiche, storiografiche ed epistemologiche, che presentiamo agli storici e alle storiche del mondo per favorire il dibattito e, se possibile, l’adesione critica e il successivo sviluppo.

METODOLOGIA

I
Scienza con soggetto

Né la storia oggettivista di Ranke, né la storia soggettivista della postmodernità: una scienza con soggetto umano che scopre il passato mentre lo costruisce.

Prendere in considerazione le due soggettività che influiscono sul nostro processo di conoscenza, gli agenti storici e gli storici, è la miglior garanzia per l’oggettività dei risultati, necessariamente relativi e plurali, e pertanto rigorosi.

È ora che la storia aggiorni il suo concetto di scienza, abbandonando l’oggettivismo ingenuo ereditato dal positivismo del XIX secolo, senza cadere nel soggettivismo radicale risuscitato dalla corrente postmoderna alla fine del XX secolo.

La crescente confluenza tra le “due culture”, scientifica e umanistica, faciliterà nel secolo che inizia la necessaria duplice ridefinizione della storia, come scienza sociale e come parte dell’ambito umanistico.

II
Nuova erudizione

Siamo sostenitori di una nuova erudizione, che estenda il concetto di fonte storica alla documentazione non statale, ai resti non scritti di tipo materiale, orale o iconografico, alle non-fonti: silenzi, errori e lacune che lo storico e la storica devono mettere in valore, cercando l’oggettività anche nella pluralità delle fonti.

Una nuova erudizione che poggi decisamente sulla conoscenza non basata sulle fonti fornite dal ricercatore. La storia si fa con idee, ipotesi, spiegazioni e interpretazioni, che oltretutto ci aiutano a costruire/scoprire le fonti.

Una nuova erudizione che vada oltre la storiografia innovatrice degli anni ’60 e ’70 incorporando la nuova relazione con le fonti offerta dalla storia delle donne, dalla storia orale, dalla storia ecologica, dalla storia mondiale/globale e dalle altre novità produttive sorte o sviluppate negli anni ’80 e ’90, come la “nuova storiografia” che sta nascendo in Internet e della quale facciamo parte.

Una nuova erudizione che, riconoscendo che il necessario lavoro empirico non decide della verità storica se non attraverso le comunità degli storici, sviluppi il dibattito e il consenso in ambiti collettivi.

Una nuova erudizione, insomma, che ci permetta di superare la “spirale positivista” e conservatrice che ci ha condotto, di recente, alla crisi delle grandi scuole storiografiche del secolo scorso, e che minaccia di riportare la nostra disciplina al XIX secolo.

III
Ricuperare l’innovazione

Urge un nuovo paradigma che ricuperi il prestigio accademico e sociale dell’innovazione nei metodi e nei temi, nelle domande e nelle risposte, insomma nell’originalità delle ricerche storiche. Una nuova storiografia che guardi avanti e che restituisca alla funzione dello storico l’entusiasmo per il rinnovamento e per li impegni storiografici.

Sorgeranno nuove linee di ricerca se pensiamo con la nostra testa: considerando che nulla di ciò che fa parte della storia ci è alieno, mediante la commistione e la convergenza dei metodi e dei generi; riempiendo gli otri vecchi con vino nuovo, dalla biografia alla microstoria; facendo attenzione alle necessità scientifiche e culturali, sociali e politiche, di una società che attraversa trasformazioni profonde.

La storiografia del XXI secolo ha bisogno dell’illusione e della realtà di punti di vista autenticamente innovativi, se non vuole finire per trasformarsi, come la moglie di Lot, in una statua di sale.

IV
Interdisciplina

La nuova storiografia che proponiamo deve arricchire l’interdisciplinarità della storia, ma in modo equilibrato: all’interno della vasta e diversificata comunità degli storici, rinforzando l’unità disciplinare e scientifica della storiografia professionale; e all’esterno, estendendo il campo delle alleanze al di qua e al di là delle scienze sociali classiche.

È indispensabile gettare ponti sul vasto arcipelago nel quale si è trasformata la nostra disciplina negli ultimi decenni. Nello stesso tempo, la storia deve scambiare metodi, tecniche e approcci non solo con le scienze sociali, con la letteratura e la filosofia (soprattutto della storia e della scienza), sul versante dell’umanistica, ma anche con le scienze dalla natura, sul versante delle scienze. Senza dimenticare le discipline emergenti connesse alle nuove tecnologie e al loro impatto trasformatore per quanto riguarda la società, la cultura, la politica e la comunicazione.

Se vogliamo far tesoro delle esperienze del passato, dobbiamo a nostro avviso, perché l’interdisciplinarietà arricchisca la storia, evitare tre strade: 1) perseguire una impossibile “scienza social unificata” intorno a qualsivoglia altra disciplina, impossibile senza pregiudicare il massimo sviluppo interdisciplinare sia individuale sia collettivo; 2) fare del dialogo storia-scienze sociali la ricetta magica della “crisi della storia”, che noi percepiamo invece come mutamento di paradigmi; 3) diluire la storia nell’una o nell’altra disciplina di successo, come ci propongono oggi i narrativisti a oltranza, in direzione della letteratura.

V
Contro la frammentazione

Il fallimento della “storia totale” degli anni ’60 e ’70 aprì la strada a una rapidissima frammentazione di temi, metodi e scuole, accompagnata da crescita e caos epistemologico, che sembra essersi fermata agli anni ’90 e appare sempre più anacronistica nel mondo che abbiamo davanti, basato sulla interrelazione e sulla comunicazione globale.

La nostra alternativa consiste nel proporre, nella pratica storiografica, nuove forme di globalità che permettano la convergenza della ricerca storica attraverso spazi, generi e livelli di analisi.

Per rendere possibile una storia autonoma, integrale, bisogna sperimentare iniziative di ricerca che adottino il globale come punto di partenza, non come “orizzonte utopico”: linee di studio miste in quanto a fonti e temi, metodi e specialità; incorporazione alla storia generale dei paradigmi specialistici più innovativi; combinare approcci qualitativi e quantitativi; articolare tempi e scansioni cronologiche più specialistici e più innovativi (che inglobino presente e futuro) su scale differenziate; indagare la globalità per mezzo di concetti e metodi tuttora potenzialmente comprensivi, come mentalità e civiltà, società, rete e mutamento sociale, narrazione e comparazione, e crearne di nuovi; indagare la storia mondiale come un nuovo fronte della storia globale; servirsi delle nuove tecnologie per lavorare a un tempo con gli scritti, le voci e le immagini, unendo ricerca e divulgazione; dare impulso alla riflessione e al dibattito, alla metodologia e alla scrittura della storia come terreno comune a tutte le specialità storiche, e come punto di contatto con altre discipline.
STORIOGRAFIA

VI
Compito storiografico

Poiché sappiamo che il soggetto influisce sui risultati della ricerca, si pone la necessità di indagare sullo storico stesso nelle aree dell’oggettività storica. Come? Cercando di integrare gli individui in gruppi, scuole e tendenze storiografiche, implicite ed esplicite, capaci di condizionare, lo si voglia o no, l’evoluzione interna della storia scritta. Studiando gli storici per quel che fanno, non solo per quel che dicono; per la loro produzione, non solo per i loro discorsi. Applicando, con sfumature, tre concetti chiave della storia della scienza positivista: il “paradigma” come insieme di valori condivisi; la “rivoluzione scientifica” come rottura e continuità disciplinare; la “comunità di specialisti” per il suo potere decisionale, a sua volta condizionata dal contesto sociale, mentale e politico. Praticando, infine, una storiografia immediata che si sforzi di precedere gli avvenimenti storici capaci di incidere sui mutamenti storiografici che stiamo vivendo.

VII
Storiografia globale

L’esaurimento dei focolai nazionali di rinnovamento del XX secolo ha lasciato il passo a un decentramento storiografico inedito, spinto dalla globalizzazione dell’informazione e del sapere accademico e in grado di superare il vecchio eurocentrismo. L’iniziativa storiografica è oggi sempre più alla portata di tutti. Lo dimostra, ad esempio, l’ascesa di una storiografia latina critica e di una storiografia postcoloniale. Le comunità transnazionali di storici, organizzate in Internet, svolgono un compito importante nella formazione di nuovi consensi a detrimento del precedente sistema di dipendenza di alcune storiografie nazionali da altre, e di scambi accademici elitari, gerarchici e lenti.

Non intendiamo la globalizzazione storiografica come un processo di uniformazione: pensiamo ed esercitiamo la storia, e la storia della storia, come docenti e ricercatori, in ambiti diversi, sovrapposti e interrelati: locali, regionali, nazionali, continentali, e internazionali/globali.

VIII
Autonomia dello storico

Mentre i progetti collettivi del XX secolo cominciavano a decadere, senza tuttavia essere sostituiti da un nuovo paradigma comune, è cresciuta esageratamente l’influenza del mercato editoriale, dei grandi mezzi di comunicazione e delle istituzioni politiche, nella scrittura della storia, nella scelta di temi e metodi, nella formulazione di ipotesi e conclusioni, nella direzione sempre più evidente della promozione della vecchia storia dei “grandi uomini”.

Ricuperare l’autonomia critica degli storici e delle storiche dai poteri costituiti, per decidere il come, il cosa e il perché della ricerca storica ci impone: di ricostruire tendenze, associazioni e comunità che funzionino in base a progetti storiografici, oltre le aree accademiche tradizionali; di usare Internet come mezzo democratico e alternativo di comunicazione, pubblicazione e diffusione di proposte e ricerche; di osservare l’evoluzione della storia immediata – ma senza ridurre l’analisi al solo presente – per captare le necessità storiografiche presenti e future della società civile, locale e globale.

IX
Riconoscere le tendenze

La strada più dannosa per imporre la propria tendenza storiografica, di solito conservatrice, è quella di negare che esistano o che debbano esistere tendenze storiografiche. L’immaginario individualista, i compartimenti accademici e le frontiere nazionali occultano ciò che abbiamo in comune, spesso senza saperlo o senza dirlo: per formazione, letture, filiazioni e atteggiamenti. Crediamo quindi giusto portare alla luce le tendenze esistenti, più o meno latenti, più o meno organizzate, per chiarire posizioni, delimitare dibattiti e facilitare consensi. Una disciplina accademica senza tendenze, discussione e autoriflessione è soggetta a pressioni extra-accademiche, sovente negative per il suo sviluppo. Il compromesso storiografico cosciente ci rende dunque liberi di fronte a terzi, spezza l’isolamento personale, corporativo e locale, favorisce il riconoscimento pubblico e l’utilità scientifica e sociale della nostra attività professionale.

X
Eredità ricevuta

Ci opponiamo a che si faccia tabula rasa della storia e della storiografia del XX secolo. Il recente ritorno della storia del XIX secolo rende utile e conveniente ricordare la critica di cui fu oggetto da parte delle Annales, il marxismo e il neo positivismo, anche se è giusto riconoscere che quel “gran ritorno” mette in evidenza l’insuccesso parziale della rivoluzione storiografica del XX secolo, della quale furono protagoniste le suddette tendenze. L’imprescindibile bilancio critico e autocritico delle avanguardie storiografiche non ne annulla del resto l’attualità in quanto tradizioni necessarie alla costruzione del nuovo paradigma. Perché simboleggiano lo “spirito di scuola” e la militanza storiografica, come pure l’esempio di una storia professionale aperta al nuovo e all’impegno sociale, tratti primordiali che ora dovremo ricuperare in un altro contesto accademico, sociale e politico, dotato di mezzi di comunicazione molto superiori a quelli degli anni ’60 e ’70 del secolo ormai trascorso.

XI
Storiografia digitale

Le nuove tecnologie stanno rivoluzionando l’accesso alla bibliografia e alle fonti della storia; oltrepassando i limiti della carta per la ricerca e la pubblicazione; rendendo possibili nuove comunità globali di storici. Internet è uno strumento poderoso contro la frammentazione del sapere storico, se usata in accordo con le sue caratteristiche e le sue possibilità, cioè come una maniera interattiva per trasmettere informazione istantanea in modo orizzontale a gran parte del mondo.

A nostro modo di vedere, la storiografia digitale deve continuare ad essere integrata dai libri e dalle altre forme convenzionali di ricerca, diffusione e scambio accademici, e viceversa. Questo nuovo paradigma della comunicazione sociale non potrà quindi sostituirsi alle attività legate alla presenza reale e alle loro istituzioni secolari, ma sarà parte, in modo sempre maggiore, della vita accademica e sociale reali.

La generale diffusione di Internet nel mondo universitario e nell’insieme della società, come anche l’istruzione informatica dei più giovani, andranno imponendo questa nuova storiografia come fattore rilevante della incompleta transizione paradigmatica tra il XX e il XXI secolo.

XII
Ricambio generazionale

Nella seconda decade di questo secolo ci sarà un considerevole ricambio generazionale nel quadro dei professori e dei ricercatori, per il pensionamento dei nati dopo la Seconda Guerra Mondiale. Questa transizione demografica porterà con sé il consolidamento di un avanzato mutamento di paradigmi? Non possiamo esserne certi.

La generazione del ’68 è stata una eccezione di più. Tra gli studenti universitari di oggi rileviamo una eterogeneità storiografica e ideologica paragonabile al resto dell’accademia e della società. Possiamo imbatterci in storici e storiche anziani, che continuano ad essere innovatori, e in giovani con concezioni ottocentesche della funzione dello storico e del suo rapporto con la società. Sotto questo aspetto, la nostra responsabilità come formatori di studenti che domani saranno professori e ricercatori è fondamentale. Non fu mai tanto cruciale continuare a spiegare la storia con approcci avanzati – anche mediante l’autocritica – dall’insegnamento elementare e secondario fino ai corsi post-laurea. La storia futura sarà condizionata dall’istruzione che ricevono qui e ora i futuri storici: i nostri allievi.

TEORIA

XIII
Storia pensata

Per lo storico è essenziale pensare il tema, le fonti e i metodi, le domande e le risposte, l’interesse sociale e le conseguenze di una ricerca.

Siamo contrari a una “divisione del lavoro” secondo la quale la storia fornisce dati ad altre discipline perché vi riflettano (o producano resoconti destinati alla diffusione ampia). Le comunità di storici professionisti devono assumersi le proprie responsabilità intellettuali e tentare di completare il ciclo degli studi storici, dal lavoro d’archivio alla valorizzazione e alla rivendicazione dell’impatto sulle scienze sociali e umane, nella società e nella politica.

L’apprendistato degli studenti universitari di storia quanto a metodologia, storiografia, filosofia della storia e altre discipline a base teorica, è la strada per elevare la creatività futura delle ricerche storiche, evidenziare il posto della storia nel sistema scientifico e culturale, e suscitare nuove, buone vocazioni storiografiche.

La nostra meta è che lo storico capace di riflessione intellettuale svolga anche lavoro empirico, e che lo storico che si dedica alla ricerca su dati concreti rifletta profondamente su quel che fa, sanando così la separazione fatale tra una prassi (positivista) senza teoria e una teoria (speculativa) senza lavoro pratico. Una maggior unità di pratica e teoria renderà possibile, inoltre, una maggior coerenza degli storici e delle storiche, individualmente e collettivamente, tra ciò che si dice, sul piano storiografico, e ciò che si fa, sul piano empirico.

XIV
Fini della storia

L’accelerazione storica dell’ultima decade ha sostituito al dibattito sulla “fine della storia” il dibattito sui “fini della storia”.

Se ammettiamo che la storia non ha mete prestabilite e che, nel 1989, prese il via un radicale mutamento di rotta, allora è giusto chiedersi, anche dal punto di vista della storia accademica, dove esso ci conduca, chi lo piloti, per quali interessi e quali siano le alternative.

Il futuro è aperto. È responsabilità degli storici e delle storiche aiutare i soggetti della storia a costruire mondi futuri tali da garantire una vita libera e pacifica, piena e creativa, a uomini e donne di tutte le etnie e le nazioni.

Le comunità di storici devono insomma contribuire a costruire un “nuovo illuminismo” che, imparando dagli errori della storia e della filosofia, rifletta sul piano teorico intorno al significato del progresso richiesto oggi dalla società, in modo da assicurare alle grandi maggioranze del Nord e del Sud, dell’Est e dell’Ovest, la possibilità umana ed ecologica di usufruire delle conquiste rivoluzionarie della medicina, della biologia, della tecnologia e delle comunicazioni.
SOCIETÀ

XV
Rivendicare la storia

Il primo impegno politico degli storici dovrebbero consistere nel rivendicare, di fronte alla società e al potere, la funzione etica della storia, dell’ambito umanistico e delle scienze sociali, nell’educazione dei cittadini e nella formazione delle coscienze comunitarie.

La storia professionale deve combattere quelle concezioni provinciali e neoliberali che ancora pretendono di mettere a confronto tra loro la tecnica e la cultura, l’economia e la società, il presente e il passato, il passato e il futuro.

Gli effetti più noti delle politiche pubbliche di svalutazione sociale della storia sono la mancanza di sbocchi professionali, il calo delle vocazioni e gli ostacoli alla continuità generazionale. Noi, comunità di storici, dobbiamo fare nostri i problemi di lavoro dei giovani che studiano e desiderano diventare storici; dobbiamo cioè contribuire alla ricerca di soluzioni che non prescindono dalla rivalutazione della funzione dello storico e delle sue condizioni di lavoro e di vita, nel quadro della difesa e dello sviluppo della funzione pubblica dell’istruzione, dell’università,della ricerca.

XVI
Impegno

In tempi di paradossali “ritorni”, desideriamo constatare e stimolare il “ritorno all’impegno” di molti accademici, anche storici, in diverse parti del mondo, verso le cause sociali e politiche legate alla difesa di valori universali quali istruzione e salute, giustizia e uguaglianza, pace e democrazia. Prese di posizione solidali indispensabili per contrastare altri impegni accademici verso i grandi poteri economici e politici, mediatici e editoriali. Contrappeso vitale, dunque, per scongiurare una implicita separazione della scrittura accademica della storia dalle maggioranze sociali che finanziano pagando le tasse la nostra attività di docenti e di ricercatori.

Il nuovo impegno da noi auspicato è diverso, critico e con aspirazioni al futuro. Lo storico e la storica devono combattere, a partire dalla verità conosciuta, i miti che manipolano la storia e fomentano il razzismo, l’intolleranza e lo sfruttamento di classe, genere, etnia. Per opporci, appoggiandoci alla conoscenza del passato, a futuri indesiderabili. Per cooperare rivaleggiare con altri scienziati sociali e umanisti nella costruzione di mondi storicamente migliori, nella nostra funzione di storici professionista ma anche come cittadini.

Il rapporto tra lo storico e la realtà che lo circonda passa attraverso l’analisi di questa realtà in un contesto cronologico continuo. Se accettiamo che l’oggettività della scienza storica sia inseparabile dalla soggettività (plurale) dello storico, dobbiamo concludere che non ci sono grandi differenze qualitative tra una storia immediata e una storia mediata, tra una storia più contemporanea e una storia più antica. Tutto è storia, anche se quando più prendiamo le distanze dall’attualità maggiore diventa il carico che ricade sopra noi storici, per l’assenza di discipline maggiormente legate al presente.

XVII
Presente e futuro

Il nostro oggetto di studio (uomini, donne e ambiente naturale umanizzato) si colloca evidentemente nel passato; noi però siamo nel presente, in presenti carichi di futuro. Lo storico non può scrivere una storia rigorosa restando a margine del tempo vissuto e del suo permanente fluire.

Constatiamo livelli diversi nel rapporto tra lo storico e l’immediatezza storica: impegno sociale e politico, tema della ricerca, storiografia di intervento o criterio metodologico generale per la ricerca. Già da mezzo secolo i fondatori della scuola delle Annales lo hanno formulato: “comprendere il passato attraverso il presente, comprendere il presente attraverso il passato”. Oggi, inoltre, è necessario mettere lo stesso accento sull’interrelazione passato-futuro.

La caduta delle filosofie finaliste della storia, siano esse socialiste oppure capitaliste, ha messo in rilievo un futuro più aperto che mai. Lo storico deve prendere parte alla sua definizione attraverso le proprie esperienze e argomenti storici, con ipotesi e scommesse a partire dalla storia. Edificare il futuro senza fare i conti con la storia ci condannerebbe a ripeterne gli errori, a rassegnarci al male minore o a costruire castelli in aria.

XVIII
Nuovo paradigma

La storiografia dipende dagli storici e dalla storia immediata. Il mutamento di paradigmi storiografici che veniamo proponendo, dal 1993, cavalca i mutamenti storici, sempre più accelerati, iniziati nel 1989. Tra il dicembre 1999 (Seattle) e il luglio 2001 (Genova) abbiamo osservato gli inizi di un movimento globale senza precedenti contro le distruzioni della globalizzazione, che sta già cercando alternative sociali: il pensiero unico è ora meno unico. Molti sono quelli che qualificano come mutamento di civiltà la globalizzazione e i suoi critici, la società dell’informazione, la nuova rivoluzione scientifico-tecnologica e il movimento sociale globale: non è facile intravvedere ciò che ci prepara il domani, ma ci sono motivi per sperare. Tutti dobbiamo collaborare.

Historia a Debate è parte attiva di questo processo di trasformazione: vogliamo cambiare la storia che si scrive e collaborare a cambiare la storia umana. Secondo come evolverà il dibattito storiografico, e la storia più immediata, le nostre proposte avranno maggiore o minore consenso accademico; le modificheremo oppure no, secondo l’interesse suscitato, anche se ci sono impostazioni che, pur essendo ancora minoritarie, ci sembrano ineludibili per delimitare criticamente il nuovo paradigma in formazione: l’insieme pluralistico di valori e convinzioni destinati a regolare la nostra professione di storici nel nuovo secolo. Per tutto questo la storia, speriamo, ci assolverà.

In Rete dall’11 settembre 2001

(Tradotto da Daniela Romagnoli)

Publicación del Manifiesto

Opiniones

Nuevas Aportaciones

  • CARLOS BARROS 07 / 04 / 2014 Responder

    Para los colegas que recién se asoman a Historia a Debate desde la filosofía, recomendamos la lectura del Manifiesto historiógrafico de Historia a Debate (2001), especialmente el punto 1, elaborado y pensado a partir de la propia experiencia de los historiadores:, de manera que conozcamos mejor el contexto y la utilidad de este grupo de discusión: http://h-debate.com/manifiesto/

  • MARIA MARTA FOULKES 07 / 04 / 2014 Responder

    Me alegro mucho Rodrigo de que podamos acercarnos mediante nuestras afinidades, a pesar de la distancia geográfica. Es una ventaja de Internet, que exepcionalmente disfruto. Digo esto porque en general soy reacia a utilizar internet por propia motivación, en general solo lo uso para trabajar, del mismo modo que la computadora. Incluso cuando me llegó la invitación para participar en este foro (cuestión que agradezco cada vez más)acepté porque me pareció interesante, pero lo hice dudando del grado de mi participación. A medida que fue pasando el tiempo, me fui “enganchando” (término expresivo pero nada académico) progresivamente hasta que ahora me dispongo con mayor agrado a dedicarle cierto tiempo a esto. Creo en los discursos y que sus devenires van mostrando porqué se entrecruzan y creo que el Manifiesto historiográfico de Historia a Debate, es una demostración del sentido de ese entrecruzamiento, que agradezco a Carlos Barros me haya hecho descubrir, así como la alegría de saber que hay muchos otros que están pensando problemas semejantes en todas partes del mundo. Acuerdo felizmente con el Manifiesto aunque haría cierto reparo con la valoración de la globalización. En el plano filosófico también hay una preocupación compartida por una filosofía contemporánea innovadora pero diferente del posmodernismo que sobre todo los países subdesarrollados tenemos más motivos para considerarlo ajeno.

  • CARLOS BARROS 07 / 04 / 2014 Responder

    En la plano filosófico contemporáneo, Marta, los historiadores comprometido no vemos referencias adaptadas a nuestro tiempo, salvo la filosofía de la ciencia pospositivista.

  • MARIA MARTA FOULKES 07 / 04 / 2014 Responder

    Me parece que esto es discutible, sí así fuese Uds. necesitarían de una filosofía propia, pero contemporáneamente se han hecho entrecruzamientos entre distintas líneas o relecturas del marxismo, estructuralismo, hermenéuitca, en función de la crítica y el pluralismo que se acercan a muchos postulados del manifiesto, como en filosofía política Balibar, Zizek, Laclau, Ranciere, etc.que no son pospositivistas, también autores que se han leido como posmodernos y pueden no leerse como tales, aunque haya algunos razgos que lo sean como Derrida, Foucault, etc.También una relectura del Ricoeur posterior a la década del 60 donde para mí es articulable en algunos aspectos con el estructuralismo (cuestión que fundamento en el texto anteriormente citado). Pero mucho más se acercan e innovan autores latinoamericanos como Dussel,Zea, otros autores que los encuentran en una compilación de Eduardo Grunner: Nuestra América y el pensar crítico. Fragmentos de Pensamiento Crítico de Latinoamérica y el Caribe. 2011.Clacso. Bs.As. Y este acercamiento en unos casos es explícito y en otros casos requiere de una reinterpretación o resignificación, sobre todo en los autores europeos citados inicialmente que en realidad hacen sus planteos anteriormente al año de surgimiento del Manifiesto. En muchos de ellos hay una relectura del marxismo. Perdonen por las citas bibliográficas incompletas, con solo el apellido de los autores, pero si les interesa alguno en particular, doy el nombre completo y la obra. En este momento estoy apurada………..

  • CARLOS BARROS 07 / 04 / 2014 Responder

    Me gusta esa lectura que haces del Manifiesto, buscando influencias filosóficas, sin entrar en detalles, significa solamente que vamos con los tiempos. Pero sigue siendo cierto que la filosofía ha generado mucho pensamiento fragmentado, heredero del paso, y pocos o ningún sistema articulado como lo fue el marxismo para los nuevos historiadores en el siglo XX. Y dejamos aquí el debate, las posiciones están claras.

  • MARÍA JOSÉ CANTERO REGOS 07 / 04 / 2014 Responder

    Gracias, ha sido lectura maravillosa!!!

  • EDUARDO J. VIOR 07 / 04 / 2014 Responder

    También acabo de leer el manifiesto y me pareció muy bueno. Sin embargo, tengo dos observaciones que hacerle. Previamente aclaro, que, aunque mi primer estudio a principios de los años 70 fue en Historia, durante mis posgrados en Alemania me orienté hacia la Ciencia Política y ahora me dedico al periodismo. Como conclusión de ello soy un politólogo histórico o un historiador politológico, como se guste. Desde esta ubicación me permito humildemente hacer tres observaciones críticas. Todo lo que no critico, lo apoyo:

    1. Si bien la Historia como disciplina científica no es sólo relato, también es relato. Por lo tanto, si quiere alcanzar una universalidad verdadera, debe ser intercultural y, para alcanzarlo, debe tener en cuenta que las relaciones entre las culturas no son de homonimia, sino de profunda sujección y sometimiento, al punto tal que las culturas sometidas muchas veces pierden (en el sentido de Ricoeur) la capacidad de narrarse. Solamente si somos capaces de devolverles la voz y traducir sus relatos, podremos alcanzar una cierta universalidad. En realidad, lo único que puede ser universal -como subraya Raúl Fornet-Betancourt- es el ejercicio constante de la traducción entre las culturas.

    2. En segundo lugar, en consecuencia de lo anterior, la actividad del historiador ya no puede ser más individual o debe trascender la compartimentación que nos imponen las academias, para trabajar interculturalmente, o sea en comunidad.

    3. En tercer lugar, me parece loable la aspiración a fundar una nueva Ilustración, siempre y cuando entendamos que ésta no puede ser una repetición mejorada de la del siglo XVIII. Aun en sus mejores expresiones ésta fue logo, falo y etnocéntrica. Una nueva Ilustración debe restablecer el diálogo entre las culturas anterior a la llegada de los castellanos a las islas de los taínos. Si bien la relación entre las culturas europeas y las demás nunca estuvieron libres de dominación, el establecimiento del sistema mundial capitalista durante el siglo XVI quebró la posibilidad de universalidad convivial.

    Desgraciadamente el modo en que se están reorganizando los estudios universitarios en la Unión Europea me hace escéptico respecto al desarrollo inmediato. Sin caer en materialismos vulgares, las necesidades laborales que impone el mercado de tabajo en general y la organización de las instituciones universitarias en particular agudizan la competencia individual, el espíritu de supremacía blanca occidental y la dependencia de la producción científica respecto del mercado editorial. En estas condiciones, establecer una universalidad intercultural polilógica se convierte en una empresa militante, aunque no en un horizonte ya visible.

    Muchas gracias por el espacio.

  • MARIA MARTA FOULKES 07 / 04 / 2014 Responder

    Muy de acuerdo Eduardo con lo que dijiste, sólo que dudo de la posibilidad de hacer una nueva ilustración, creo que la lustración requiere de una subjetividad que contemporáneamente no se puede creer tan protagónica como en la modernidad. Aunque desde latinoamérica deberemos consolidar un nuevo tipo de protagonismo para los cambios sociales y creo que ya podemos dar cuenta de ciertas prácticas interculturales……………

  • EDUARDO J. VIOR 07 / 04 / 2014 Responder

    Usé la metáfora de la Ilustración en el sentido de los jóvenes intelectuales alemanes que en el último tercio del siglo XVIII soñaban con un mensaje racionalista universal que mejorara la condición del ser humano. Tengo en claro que el sujeto ahora sólo puede ser comunitario y su universalidad sólo puede darse a través de su capacidad para ser recibido y traducido en cada contexto, una suerte de polifonía de las universalidades. Nada más que eso.

  • RODRIGO AHUMADA DURAN 07 / 04 / 2014 Responder

    En la Modernidad Iluminista, los “sujetos” no solo fueron individuales, eso sería identificar pura y simplemente Modernidad con Liberalismo (Locke y Turgot por ejemplo). Hay otra vertiente en la cual el sujeto se manifiesta esencialmente como colectivo o “comunitario”, este se manifiesta tanto en el socialismo utópico (Saint-Simon, Fourier, Blanché, Proudhom), como en el socialismo que procede de la izquierda hegeliana, particularmente en Marx y Engels. El mismo Hegel, en su teología secularizada, considera que el Sujeto por excelencia es el Estado, que es la encarnación del espíritu o razón absoluta en la Historia.

    Por otro lado, para que el sujeto sea comunitario (koinonia) ello implica la existencia óntica de un sujeto personal cuya anterioridad ontológica es más que evidente para fundar lo comunitarios, del mismo modo que el logos precede al dia-logos, sin el cual este último no sería posible.

  • CARLOS BARROS 07 / 04 / 2014 Responder

    Me parecen bien tus notas, Eduardo, sobre la lectura del Manifiesto, que hemos desarrollado mucho en estos últimos 13 años. Sobre la nueva historia global (intercultura) e Historia a Debate como una comunidad académica de nuevo tipo que supera la compartimentación académica, ver las conclusiones del III Congreso de HaD (2004): http://h-debate.com/primeras-conclusiones-had-iii-305/

  • CARLOS BARROS 07 / 04 / 2014 Responder

    Sobre la Nueva Ilustración, por supuesto que no se trata de repetir la vieja Ilustración, consecuencia y causa de las revoluciones burguesas, continuada por los movimientos sociales a través del marxismo y sus antecedentes (como recuerda Rodrigo). El siglo XXI, sólo tiene sentido una Nueva Ilustración en relación con la globalización alternativa,social y humanista (ver el final del Manifesto de HaD) que representa la revolución digital y los actuales movimientos sociales indignados. Sería un error garrafal separar la filosofía de la Historia Inmediata. Pasamos este nuevo debate a las otras redes de HaD…

  • Varios 20 / 11 / 2014 Responder

    [Mensajes recibidos a través de HaD-Linkedin, 7/4/2014]

    MANIFIESTO HISTORIOGRÁFICO DE HISTORIA A DEBATE Y FILOSOFÍA

    Carlos Barros

    Profesor en Universidad de Santiago de Compostela

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    Para los colegas que recién se asoman a Historia a Debate desde la filosofía, recomendamos la lectura del Manifiesto historiógrafico de Historia a Debate (2001), especialmente el punto 1, elaborado y pensado a partir de la propia experiencia de los historiadores:, de manera que conozcamos mejor el contexto y la utilidad de este grupo de discusión: http://www.h-debate.com/Spanish/manifiesto/manifiesto_had.htm

    Maria Marta Foulkes

    Profesora e investigadora en Universidad Nacional de Buenos Aires

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    Me alegro mucho Rodrigo de que podamos acercarnos mediante nuestras afinidades, a pesar de la distancia geográfica. Es una ventaja de Internet, que exepcionalmente disfruto. Digo esto porque en general soy reacia a utilizar internet por propia motivación, en general solo lo uso para trabajar, del mismo modo que la computadora. Incluso cuando me llegó la invitación para participar en este foro (cuestión que agradezco cada vez más)acepté porque me pareció interesante, pero lo hice dudando del grado de mi participación. A medida que fue pasando el tiempo, me fui “enganchando” (término expresivo pero nada académico) progresivamente hasta que ahora me dispongo con mayor agrado a dedicarle cierto tiempo a esto. Creo en los discursos y que sus devenires van mostrando porqué se entrecruzan y creo que el Manifiesto historiográfico de Historia a Debate, es una demostración del sentido de ese entrecruzamiento, que agradezco a Carlos Barros me haya hecho descubrir, así como la alegría de saber que hay muchos otros que están pensando problemas semejantes en todas partes del mundo. Acuerdo felizmente con el Manifiesto aunque haría cierto reparo con la valoración de la globalización. En el plano filosófico también hay una preocupación compartida por una filosofía contemporánea innovadora pero diferente del posmodernismo que sobre todo los países subdesarrollados tenemos más motivos para considerarlo ajeno.

    Carlos Barros

    profesor en Universidad de Santiago de Compostela

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    En la plano filosófico contemporáneo, Marta, los historiadores comprometido no vemos referencias adaptadas a nuestro tiempo, salvo la filosofía de la ciencia pospositivista.
    Borrar Hace 5 días María José Cantero Regos y Arturo Luis Alonzo Padilla recomiendan esto

    Maria Marta Foulkes

    Profesora e investigadora en Universidad Nacional de Buenos Aires

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    Me parece que esto es discutible, sí así fuese Uds. necesitarían de una filosofía propia, pero contemporáneamente se han hecho entrecruzamientos entre distintas líneas o relecturas del marxismo, estructuralismo, hermenéuitca, en función de la crítica y el pluralismo que se acercan a muchos postulados del manifiesto, como en filosofía política Balibar, Zizek, Laclau, Ranciere, etc.que no son pospositivistas, también autores que se han leido como posmodernos y pueden no leerse como tales, aunque haya algunos razgos que lo sean como Derrida, Foucault, etc.También una relectura del Ricoeur posterior a la década del 60 donde para mí es articulable en algunos aspectos con el estructuralismo (cuestión que fundamento en el texto anteriormente citado). Pero mucho más se acercan e innovan autores latinoamericanos como Dussel,Zea, otros autores que los encuentran en una compilación de Eduardo Grunner: Nuestra América y el pensar crítico. Fragmentos de Pensamiento Crítico de Latinoamérica y el Caribe. 2011.Clacso. Bs.As. Y este acercamiento en unos casos es explícito y en otros casos requiere de una reinterpretación o resignificación, sobre todo en los autores europeos citados inicialmente que en realidad hacen sus planteos anteriormente al año de surgimiento del Manifiesto. En muchos de ellos hay una relectura del marxismo. Perdonen por las citas bibliográficas incompletas, con solo el apellido de los autores, pero si les interesa alguno en particular, doy el nombre completo y la obra. En este momento estoy apurada………..

    Carlos Barros

    profesor en Universidad de Santiago de Compostela

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    Me gusta esa lectura que haces del Manifiesto, buscando influencias filosóficas, sin entrar en detalles, significa solamente que vamos con los tiempos. Pero sigue siendo cierto que la filosofía ha generado mucho pensamiento fragmentado, heredero del paso, y pocos o ningún sistema articulado como lo fue el marxismo para los nuevos historiadores en el siglo XX. Y dejamos aquí el debate, las posiciones están claras.

    María José Cantero Regos

    Archivo en Concello de Curtis

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    Gracias, ha sido lectura maravillosa!!!

    Eduardo J. Vior

    Doctor en Ciencias Sociales, Doctor en Sociología, periodista independiente sobre América Latina y política mundial

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    También acabo de leer el manifiesto y me pareció muy bueno. Sin embargo, tengo dos observaciones que hacerle. Previamente aclaro, que, aunque mi primer estudio a principios de los años 70 fue en Historia, durante mis posgrados en Alemania me orienté hacia la Ciencia Política y ahora me dedico al periodismo. Como conclusión de ello soy un politólogo histórico o un historiador politológico, como se guste. Desde esta ubicación me permito humildemente hacer tres observaciones críticas. Todo lo que no critico, lo apoyo:

    1. Si bien la Historia como disciplina científica no es sólo relato, también es relato. Por lo tanto, si quiere alcanzar una universalidad verdadera, debe ser intercultural y, para alcanzarlo, debe tener en cuenta que las relaciones entre las culturas no son de homonimia, sino de profunda sujección y sometimiento, al punto tal que las culturas sometidas muchas veces pierden (en el sentido de Ricoeur) la capacidad de narrarse. Solamente si somos capaces de devolverles la voz y traducir sus relatos, podremos alcanzar una cierta universalidad. En realidad, lo único que puede ser universal -como subraya Raúl Fornet-Betancourt- es el ejercicio constante de la traducción entre las culturas.

    2. En segundo lugar, en consecuencia de lo anterior, la actividad del historiador ya no puede ser más individual o debe trascender la compartimentación que nos imponen las academias, para trabajar interculturalmente, o sea en comunidad.

    3. En tercer lugar, me parece loable la aspiración a fundar una nueva Ilustración, siempre y cuando entendamos que ésta no puede ser una repetición mejorada de la del siglo XVIII. Aun en sus mejores expresiones ésta fue logo, falo y etnocéntrica. Una nueva Ilustración debe restablecer el diálogo entre las culturas anterior a la llegada de los castellanos a las islas de los taínos. Si bien la relación entre las culturas europeas y las demás nunca estuvieron libres de dominación, el establecimiento del sistema mundial capitalista durante el siglo XVI quebró la posibilidad de universalidad convivial.

    Desgraciadamente el modo en que se están reorganizando los estudios universitarios en la Unión Europea me hace escéptico respecto al desarrollo inmediato. Sin caer en materialismos vulgares, las necesidades laborales que impone el mercado de tabajo en general y la organización de las instituciones universitarias en particular agudizan la competencia individual, el espíritu de supremacía blanca occidental y la dependencia de la producción científica respecto del mercado editorial. En estas condiciones, establecer una universalidad intercultural polilógica se convierte en una empresa militante, aunque no en un horizonte ya visible.
    Muchas gracias por el espacio.

    Maria Marta Foulkes

    Profesora e investigadora en Universidad Nacional de Buenos Aires

    +++++

    Muy de acuerdo Eduardo con lo que dijiste, sólo que dudo de la posibilidad de hacer una nueva ilustración, creo que la lustración requiere de una subjetividad que contemporáneamente no se puede creer tan protagónica como en la modernidad. Aunque desde latinoamérica deberemos consolidar un nuevo tipo de protagonismo para los cambios sociales y creo que ya podemos dar cuenta de ciertas prácticas interculturales……………

    Eduardo J. Vior

    Doctor en Ciencias Sociales, Doctor en Sociología, periodista independiente sobre América Latina y política mundial

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    Usé la metáfora de la Ilustración en el sentido de los jóvenes intelectuales alemanes que en el último tercio del siglo XVIII soñaban con un mensaje racionalista universal que mejorara la condición del ser humano. Tengo en claro que el sujeto ahora sólo puede ser comunitario y su universalidad sólo puede darse a través de su capacidad para ser recibido y traducido en cada contexto, una suerte de polifonía de las universalidades. Nada más que eso.

    Rodrigo Ahumada Duran

    Director Escuela de Historia y Geografía, Universidad San Sebastián. Miembro, Academia Pontificia Tomás de Aquino

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    En la Modernidad Iluminista, los “sujetos” no solo fueron individuales, eso sería identificar pura y simplemente Modernidad con Liberalismo (Locke y Turgot por ejemplo). Hay otra vertiente en la cual el sujeto se manifiesta esencialmente como colectivo o “comunitario”, este se manifiesta tanto en el socialismo utópico (Saint-Simon, Fourier, Blanché, Proudhom), como en el socialismo que procede de la izquierda hegeliana, particularmente en Marx y Engels. El mismo Hegel, en su teología secularizada, considera que el Sujeto por excelencia es el Estado, que es la encarnación del espíritu o razón absoluta en la Historia.

    Por otro lado, para que el sujeto sea comunitario (koinonia) ello implica la existencia óntica de un sujeto personal cuya anterioridad ontológica es más que evidente para fundar lo comunitarios, del mismo modo que el logos precede al dia-logos, sin el cual este último no sería posible.

    Carlos Barros

    profesor en Universidad de Santiago de Compostela

    +++++

    Me parecen bien tus notas, Eduardo, sobre la lectura del Manifiesto, que hemos desarrollado mucho en estos últimos 13 años. Sobre la nueva historia global (intercultura) e Historia a Debate como una comunidad académica de nuevo tipo que supera la compartimentación académica, ver las conclusiones del III Congreso de HaD (2004):
    http://www.h-debate.com/congresos/3/conclusiones/primeras%20conclusiones.htm

    Carlos Barros

    profesor en Universidad de Santiago de Compostela

    +++++

    Sobre la Nueva Ilustración, por supuesto que no se trata de repetir la vieja Ilustración, consecuencia y causa de las revoluciones burguesas, continuada por los movimientos sociales a través del marxismo y sus antecedentes (como recuerda Rodrigo). El siglo XXI, sólo tiene sentido una Nueva Ilustración en relación con la globalización alternativa,social y humanista (ver el final del Manifesto de HaD) que representa la revolución digital y los actuales movimientos sociales indignados. Sería un error garrafal separar la filosofía de la Historia Inmediata. Pasamos este nuevo debate a las otras redes de HaD…

  • Carlos Barros 19 / 03 / 2015 Responder

    Ejemplo local de historia mixta como historia global: punto V del Manifiesto de HaD (“Contra la fragmentación”):

    “De la cueva de los monjes al burgo de Ponte Ulla (830-1197)”, Norba. Revista de Historia, Universidad de Extremadura, nº 24-25, 2012-2013 (en prensa).
    Ver: https://www.academia.edu/11480811/De_la_cueva_de_los_monjes_al_burgo_de_Ponte_Ulla_830-1197_

  • CARLOS BARROS 19 / 03 / 2015 Responder

    Ejemplo local de historia mixta como historia global: punto V del Manifiesto de HaD (“Contra la fragmentación”):

    “De la cueva de los monjes al burgo de Ponte Ulla (830-1197)”, Norba. Revista de Historia, Universidad de Extremadura, nº 24-25, 2012-2013 (en prensa).
    Ver: https://www.academia.edu/11480811/De_la_cueva_de_los_monjes_al_burgo_de_Ponte_Ulla_830-1197_

  • Marina del Fabro 10 / 07 / 2015 Responder

    Profesor Carlos Barros:

    No se si ya lo verías Carlos, de todas formas te informo que en el correo usc en bandeja de entrada “H-debate” hemos recibo un mensaje bajo el título “SUSCRIBETE” (hace poco habíamos enviado un mensaje que se titulaba suscribete esta parece ser que es su contestación)

    el mensaje reza así:

    SI LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS QUE GANAN, ESO QUIERE DECIR QUE HAY OTRA HISTORIA…

    Marina del Fabro

  • MARINA DEL FABRO 10 / 07 / 2015 Responder

    No se si ya lo verías Carlos, de todas formas te informo que en el correo usc en bandeja de entrada “H-debate” hemos recibo un mensaje bajo el título “SUSCRIBETE” (hace poco habíamos enviado un mensaje que se titulaba suscribete esta parece ser que es su contestación)

    el mensaje reza así:

    SI LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS QUE GANAN, ESO QUIERE DECIR QUE HAY OTRA HISTORIA…

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